La pandemia de la vanidad

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Por Óscar Gamboa Zúñiga

Quizá una de los males que más afecta hoy a la sociedad es la de  la vanidad y la arrogancia que de ella se deriva. Esta pandemia también genera un distanciamiento social porque ponen a la gente a metros de distancia, y es contagiosa porque cuando un jefe actúa con vanidad y arrogancia, quienes le siguen en la pirámide de mando, por lo general, tratan de imitarlo contagiándose del mal.

Antes de entrar en ejemplos cotidianos, parto  de la base que estamos considerando que las personas en general, actúan con respeto y con cultura ciudadana, no hago referencia a ciudadanos groseros e irrespetuosos. También parto de la base que, aunque no sea muy normal, se encuentra a funcionarios públicos o privados, decentes, respetuosos y  absolutamente afables.

Si vamos a escenarios públicos de oficina, esta vanidad les hace creer a los funcionarios que los cargos que ejercen son una propiedad personal y que eso les va a durar toda la vida, y por ello todo lo enredan, todo lo complican para darse su importancia y..vuelva mañana porque le falta una coma; y si  el  ciudadano con medio susto le dice al funcionario que solo le falta una coma, con la sola mirada lo  fulminan y se lo gano de  enemigo.

Lo anterior aplica en escala, porque muchos de  los que actúan con esa repugnante arrogancia cuando juegan de local, cuando suben en la pirámide del poder, también se las hacen, quienes están por encima de ellos, o sea, este virus de la vanidad también se mueve en espiral ascendente.

Si vamos a escenarios públicos abiertos, allí  sí que es cierto porque a la vanidad se le suma el exhibicionismo quizá animado por la presión de las miradas de los otros ciudadanos. Aquí caben desde  guardas de tránsito y uniformados con autoridad militar o  policial hasta civiles enchalecados que representen alguna dependencia oficial local o nacional.

Si vamos a lo privado, nada diferente. El guarda saca pecho y se siente poderoso para autorizar un ingreso o abrir una puerta. Si es en el banco, el cajero con la mirada hace sentir su “poder”. Si es en las EPS o IPS, donde acudimos menguados porque la salud no anda bien o  la de  un ser querido, y donde más afecto y solidaridad se necesita, la falta de solidaridad y calidez ayuda a la depresión con ello empeora la salud del paciente.

Caben mil ejemplos en el día-día pero no nos vamos a quedar en esta fotografía. Que hacemos para que la “nueva normalidad” incluya nuevos comportamientos?

Empiezo por reflexionar lo que este aburrido encierro y  sobre todo la incertidumbre nos ha legado. El hecho cierto que TODOS estamos en la misma condición y susceptibilidad frente al virus, en todos los  países, de  todas las condiciones sociales, así como  también vanidosos y humildes. Obvio que hay mandatarios que su vanidad no les permite usar siquiera un tapabocas, dando el peor ejemplo a quienes gobiernan. Ojala don covid 19 no les vaya a pasar cuenta de cobro.

Quienes fruto de sus actividades hayan logrado acumular grandes cantidades de dinero, que pensaran del yate que está en el muelle, o del avión que está en el hangar, y que están contagiados del virus de la vanidad? Me atrevo a pensar por  ellos. ¿Para que  todo esto si nunca he invitado a mis primos, a los tíos que me quedan vivos, a mis vecinos de infancia, a mis compañeros de escuela? Apenas se pueda los voy a invitar para volver a ser el que fui, voy a disfrutar lo que me quede de vida porque nada me llevare y un bichito me acaba de demostrar que soy frágil como cualquier persona y a pesar de mis comodidades, debo vivir en  términos de valores y principios como  cualquier persona!     

He insistido que se hace necesario, volver a trabajar desde primera infancia en principios y valores para que sean el soporte de  la sociedad  en la “nueva normalidad”, no se trata de volver a revivir la urbanidad de Carreño sin entender que estamos en otro  momento de la historia y que caben ajustes según los nuevos momentos, pero hay unos principios y valores que serán de antier, ayer, hoy, mañana, pasado mañana y siempre. Entre ellos está la honradez, el respeto,  la puntualidad, no decir mentiras, la solidaridad, en fin, esos que son tan básicos para la buena y sana convivencia.

No nos compliquemos más la vida con tanta vanidad y tanta arrogancia que eso solo  da un falso positivo de la felicidad, vamos a sacarle jugo de la mejor manera a lo que nos quede de vida. Atendamos el campanazo que don covid 19 nos está dando, hagámosle caso a las reflexiones que  hemos hecho en el encierro de  las cuarentenas, y entendamos que esta ratico que Dios nos dio es para que así sea en medio de dificultades, sufrimientos y hasta  penurias busquemos el disfrute que nos da el hecho de estar aun vivos.      

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