La paz, asunto de Estado

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Por Camila Zuluaga @ZuluagaCamila
Por Camila Zuluaga @ZuluagaCamila

Por Camila Zuluaga

@zuluagacamila

Desde que el presidente Juan Manuel Santos dio a conocer el plan de su gobierno para sentarse en la mesa de negociaciones  con los integrantes de la guerrilla de las FARC para buscarle una salida negociada al conflicto, aplaudí en este espacio la iniciativa. Creo que es imposible encontrar una salida distinta a la del diálogo  para este mal que hemos vivido ya por varias generaciones. Lo que no imaginé es que se llegara a considerar que el proyecto de la paz era un plan de gobierno y no una política de Estado.

Ha sido común en nuestro país que sus gobernantes decidan cambiar y adoptar medidas en sus mandatos sin tener presente lo que se ha hecho en el pasado. La continuidad no ha sido propiamente el común denominador de los gobiernos colombianos, tanto a nivel central como regional. De eso encontramos múltiples ejemplos, pero tan solo para poner uno podemos hablar del pico y placa en Bogotá. Cada alcalde ha llegado con una política distinta sin pensar que la continuidad, combinada con algunas mejoras  de las medidas, sería una mejor solución.  Lamentablemente el proyecto de paz que nos ha ilusionado a tantos de nosotros parece no haberse salido de esa lógica.

En medio de la campaña electoral que hoy vivimos, la paz ha sido el tema más importante que se ha puesto sobre la mesa.  Sabemos que el presidente Santos quiere terminar la tarea  que inició, que Oscar Iván Zuluaga, candidato del uribismo, prefiere una salida armada y le parece una vagabundearía lo que viene sucediendo en Cuba. Por otra parte Clara López y Enrique Peñalosa han dicho que apoyan el proceso. Particularmente este último ha manifestado que dejaría a los mismos negociadores que hoy están sentados en la mesa de Cuba para no afectar los avances que se han logrado hasta ahora, entendiendo que este proceso debe ser una política de Estado y no de un gobierno.

En medio de estas propuestas de los candidatos presidenciales, se ha empezado a filtrar la versión de que algunos negociadores no estarían dispuestos a continuar con este trabajo si el presidente Santos no es reelegido. ¿Están entonces ellos también en campaña? Cómo es posible que gente tan seria y profesional, personas idóneas que hoy tienen en sus manos cambiar la historia del país, tengan la desfachatez de pensar si quiera que la paz sólo se logra con una persona en la presidencia. ¿No deben ser acaso los procesos de paz políticas de Estado y no de un caudillo en particular?

Uno de los errores que cometió el presidente, no se si con intención o sin ella, fue ponerle término a la negociación, darle un plazo que evidentemente no se cumplió, pues como es lógico no se puede pretender acabar un conflicto de cincuenta años en seis meses. Así lo ha demostrado la historia en otros procesos como el de Irlanda con Ira o el proceso de Sur África, ningún conflicto se soluciona de la noche a la mañana, mucho menos uno como el nuestro, en el que hay tantos reclamos estructurales de parte y parte.

Es irresponsable utilizar un proceso serio y tan importante para el país, con el fin de  ganar apoyo u orientar la opinión y la votación. Es reprochable que el presidente – candidato lo haga, pero por lo menos es entendible. Lo que no es admisible bajo ningún punto es que los negociadores, quienes deben estar más allá del bien y del mal de la coyuntura electoral, se presten para  inclinar la balanza hacia un lado o el otro. De ser así, no deberían ser entonces ellos quienes estén sentados en la mesa.  Reitero, la paz es un asunto de Estado y de todos los colombianos. No es propiedad del gobierno de turno, así es que debemos entenderlo.

Una cosa más: A propósito del proceso de paz, ojala en esta oportunidad nuevamente las Farc no sean quienes pongan presidente en Colombia, así como ha pasado en los últimos procesos  electorales. Que su voto no sea orientado por lo que deje de decir o hacer ese grupo armado.

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