La polémica Avenida Colombia

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Por Luz Adriana Betancourt
Por Luz Adriana Betancourt

Por Luz Adriana Betancourth

Twitter: @Luzbeta

Confieso que hice el recorrido por el paseo de la Avenida Colombia el día de su apertura, el jueves 16 de mayo. Un poco molesta por las grandes chimeneas redondas que obstaculizan la visual que debería proyectarse hasta La Ermita, caminé por lo que pronto será el carril del bus articulado MIO. Advierto a las mujeres que este paseo es mejor hacerlo en zapatos sin tacón, porque los adoquines o grabados que hay en piso lo vuelven irregular y eso es un tormento. Pero bueno, aun con esa incomodidad, disfruté de la actitud de los transeúntes: rostros felices, muchas fotos con las cámaras de celulares (yo también tomé algunas) y comentarios como “qué bella está quedando Cali”.

Eso es lo más importante sin duda: que la gente sienta que su ciudad mejora, que se transforma y que hay motivos para salir a festejar. Sin querer aguar la fiesta, de todas maneras es importante decir que tal vez les faltó algo de creatividad a los diseñadores e ingenieros para que los cilindros fueran más pequeños o menos visibles. Otro detalle obvio es el feo color óxido que tiene la estructura metálica. Ya me explicaron que con la lluvia y el sol va a tomar un bello color naranja y su apariencia será mejor, ¿pero cuánto tiempo tendremos que verlos como si fuera reciclaje de algo que botaron en otra parte? Lástima, porque con una capa de pintura podría habernos dado sensación de nuevo. Claro que entiendo que mi gusto es subjetivo y a lo mejor estoy equivocada, y a la mayoría de residentes y turistas de Cali les parece hermosa la estructura metálica con todo y su color óxido.

Como la apariencia no es lo más importante, vamos a la utilidad: no he transitado en carro por el túnel, así que dejaré esta impresión y la medida del tiempo de desplazamiento a quienes ya lo estrenaron.  Pero lo que sí puedo mencionar es la utilidad de la preocupación que tuvieron los integrantes del Consejo Departamental de Patrimonio del Valle del Cauca sobre el diseño de la obra y su ejecución. Recuerdo que la administración del Alcalde Jorge Iván Ospina pretendía realizarla en el menor tiempo posible y eso sacrificaba estudios y permisos que eran necesarios para evitar que al cavar el túnel se produjeran daños irreparables. Por ejemplo, los arquitectos del Consejo de Patrimonio exigieron levantar planos de cómo se encontraban los cimientos de cada edificio ubicado a lo largo del tramo que se iba a intervenir, para que no se les fuera a hacer daño con la obra. También se exigió que Inciva y sus arqueólogos pudiesen documentar las huellas de la Cali antigua, la de hace 165 años cuando se construyó el puente Ortiz, o buscar los vestigios de La Ermita vieja, del siglo XVII.

Dichos trabajos que para muchos fueron innecesarios, para los historiadores, arquitectos y arqueólogos son un tesoro que nos cuenta cómo era Cali en sus inicios. Un tema sin duda no solo de académicos sino de quienes sienten amor por su ciudad y su pasado. Comparto que fue doloroso el retraso de las obras y que a lo mejor se exageró un poco en la valoración de algunas piezas encontradas, pero ahora que hacemos el recorrido peatonal de la Avenida Colombia y vemos a un lado los ladrillos del puente Ortiz original se siente una emoción cargada de la energía de generaciones que desde 1846 ayudaron a construirlo y transitaron por allí a pie o con sus caballos, mucho antes de que llegaran los automotores a Cali.  Claro que los ladrillos como están expuestos corren el riesgo de destruirse por la  lluvia y el sol, además de ser irrespetados por quienes tomarán esta especie de “barricada” como si fuera un orinal. Muchos esperábamos para esas piezas antiguas una forma de exposición más segura y que les diera cierta dignidad y respeto.

También debo destacar la preocupación de arquitectos como Benjamín Barney, Carlos Bernal y Ricardo Hincapié de que los vehículos no salieran del túnel antes de la iglesia La Ermita, porque esta quedaría olvidada. Los ejecutores de la obra lograron integrar de una manera armónica a la iglesia y al parque de los poetas. El paseo termina un poquito más allá, danto tiempo a entrar al bellísimo templo y, luego, sobre la baranda al final del túnel ver salir los vehículos.

Quienes estén pensando en hacer el paseo sobre la Avenida Colombia no lo duden, porque da gusto ver que una vía tan importante se ha destinado para los peatones. El día que se abrió al público, fueron cientos o miles los que la recorrimos, en grupo, solos, para sentarse, para reírse, para vivir la ciudad. Ahora el reto es no dejar que pase lo que temen algunos expertos en urbanismo: que los vendedores ambulantes se tomen el espacio, que por la noche los travestis lo invadan y lo conviertan en un territorio intransitable para quienes no sean sus clientes. Hoy en día hablamos de inclusión y de respeto a la diversidad, pero ello no significa que los hasta ahora excluidos se apoderen de espacios para excluir a otros.

Tal vez nos acostumbremos a los cilindros gigantes cargados de publicidad sobre la Avenida Colombia, o tal vez alguien creativo proponga una solución para transformar los cilindros en algo menos agresivo. De pronto se los podrían dar a los artistas jóvenes para exponer allí sus obras gráficas y de esta manera compensar el sacrificio de verlos en el panorama.

A quienes lucharon desde uno u otro lado para que Cali tuviera un paseo peatonal, en lo que antes era una congestionada vía vehicular, ¡gracias! Gracias también a quienes exigieron que se cumplieran los requisitos legales, a quienes documentaron y protegieron los vestigios de la Cali antigua, y gracias a los ciudadanos que dieron su contribución a través del cobro de valorización.  Confiemos en que los ingenieros tengan razón en que el río, ni en sus mayores niveles de caudal, no va a causarle problemas al túnel; esperemos que no ocurran accidentes en su interior que dificulten sacar a tiempo a los heridos; confiemos en que  ningún edificio haya sufrido daño y que los nuevos locales comerciales que se están abriendo, como restaurantes y bares, le den vida a este sector de Cali con un buen nivel cultural.

 

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