La protesta campesina de hoy, consecuencia de la institucionalidad extractiva de siempre

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

Desde el 19 de agosto a la medianoche hemos venido siendo testigos de protestas crecientes en todo el territorio patrio, por parte de grupos humanos que dicen sentirse excluidos: la Colombia campesina que es extraña y lejana a la Colombia urbana.

A ese fenómeno nacional de exclusión se ha referido al libro Why Nations Fails, escrito por los profesores Daron Acemoglu y James A. Robinson, en el cual se demuestra que Colombia tiene desde la Colonia una “institucionalidad política y económica extractiva”, que aprovecha, que sustrae, la cual es contraria a todo liberalismo y, consecuencialmente, a toda posibilidad de progreso y modernidad.

De dicha institucionalidad extractiva, que obstruye la modernidad e impide el progreso, da cuenta el Pliego Nacional de Peticiones Agropecuarias y Populares al denunciar la existencia de “un paquete legislativo y normativo en materia de producción agropecuaria, minera energética, de vivienda y de servicios públicos (que favorece) intereses del capital”, la cual se materializa (como es obvio) en una exclusión que aborrece el liberalismo.

Esta materialización en exclusión ha sido estudiada por Fernando Guillén Martínez, quien en su libro El poder político en Colombia la describe diciendo que en nuestro país ha existido un “proteccionismo industrial conferido a grupos privilegiados”, que se caracteriza por una “deliberada expropiación” que ha sufrido el fisco “en beneficio de los industriales”, a quienes el pliego denomina “intereses del capital”.

Igualmente, de tal materialización dan cuenta en el mismo pliego. Afirman que “campesinos, indígenas, afrocolombianos y pobladores urbanos hemos vivido en la injusticia y la desigualdad”; es decir, demuestran que en nuestro país no se ha realizado el ideal liberal democrático de la igualdad, consagrada en nuestra Constitución Política, lo cual nos habla de una gestión económica gubernamental fracasada que afecta gravemente el nivel de vida de todos.

Asimismo, permite esta situación de exclusión explicar por qué Colombia es el decimonoveno país del planeta con mayor desigualdad de ingresos, desigualdad que se erige como una barrera que impedir realizar en nuestro país el ideal liberal de “enriquecer a todos uniformemente”, como lo han logrado los países liberales de la Tierra, que no es otra cosa que el sistema capitalista.

Desarrollo de esos países que nos hace posible comprender que esa exclusión que desemboca en tal desigualdad de ingresos frena el desarrollo económico nacional, en consecuencia menoscaba los recursos del Estado y perpetúa las “instituciones políticamente débiles”, porque no hay recursos para pagar el ideal liberal del imperio de la ley sobre la población y el territorio, que es costoso.

En conclusión, no estamos asistiendo a la debilidad de un gobierno, como algunos ingenuamente lo creen y otros de manera oportunista quieren hacérnoslo creer. Estamos observando las consecuencias desastrosas de una “institucionalidad política y económica extractiva”, que hemos sido incapaces de superar tras casi doscientos años de haber intentado una Revolución Liberal, que simplemente quedó reducida a una Independencia a medias.

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