La protesta campesina reclama liberalismo; pero no hay liberalismo

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez

Twitter: @Florohermes

En mi columna “La protesta campesina, consecuencia de la institucionalidad extractiva de siempre de hoy”, publicada en agosto 24 escribí que “estamos observando las consecuencias desastrosas de una ‘institucionalidad política y económica extractiva’, que hemos sido incapaces de superar tras casi doscientos años de haber intentado una Revolución Liberal, que simplemente quedó reducida a una Independencia a medias”.

Aquella institucionalidad extractiva y esta revolución a medias han hecho que nuestra sociedad sea lo que es: un medio que califica, coacciona, despoja, excluye, favorece, impone, limita, privilegia y prohíbe, al cual después de doscientos años parecía que nos habíamos acostumbrado, pero que las protestas crecientes a la que estamos asistiendo desde el 19 de agosto a la medianoche nos expresan que ha hecho crisis nuestra institucionalidad política y económica extractiva.

Por lo tanto, al escuchar que los campesinos, los estudiantes, los camioneros, los trabajadores y los sindicalistas con sus variadas quejas, claman cada uno por intereses individuales y todos defienden la idea de pueblo, queda claro que es el momento de completar nuestra revolución liberal, toda vez que quienes protestan claman individualismo y pueblo; es decir, liberalismo.

Sin embargo, la coalición de gobierno (de la cual es parte nuestro Partido Liberal Colombiano), acostumbrada a separar el país político del país nacional, está preocupada por:

a)    Mantener y acrecentar su parcela de poder manteniendo un Estado enfermo, tragón y enredado mediante el abuso de posiciones de poder o de confianza, para beneficio particular en detrimento del interés colectivo, a pesar del clamor general por un Estado sano, frugal y sencillo.

b)   Ganar las elecciones aquí y allá, cueste cuanto cueste, que han hecho del Estado un ente para hacer el mal y evitar el bien, mediante un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población que hoy está en calles, plazas y carreteras gritando ¡basta ya!

c)    Aceitar su maquinaria con burócratas que son lentos para reaccionar ante las demandas sociales y quienes promueven la ineficiencia de la función pública, puesta al desnudo por la incapacidad de dar respuesta a las justas demandas, la cual desembocó en la crisis ministerial de la que hemos sido testigos esta semana.

Ante estos oídos sordos de la colación de Gobierno, a la cual solo se le ocurren subsidios temporales, frente a los grupos que no hacen parte de ella y que pretenden hacerse sus voceros: el nada liberal Puro Centro Democrático, un defensor acérrimo de los intereses de grupo y de la idea de estamento, y el Polo Democrático, con sus ideas de los colectivos y de las solidaridades, tan extrañas a nuestra cultura nacional.

En conclusión, una protesta social in crescendo que clama por completar nuestra revolución liberal, una coalición de gobierno que sigue en la dicotomía país nacional, país político, y unos voceros enemigos de todo liberalismo, por lo tanto: se reclama liberalismo; pero no hay liberalismo.

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