La recta final

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La guerrilla de las FARC ha decretado un cese de fuego unilateral e indefinido. Se trata de una declaración con tintes históricos. En los más de 50 años de guerra es la primera vez que esa organización ilegal toma una decisión de esa naturaleza. Claro lo hizo con una serie de condicionamientos y “segundas intenciones” que la opinión ha recibido el anuncio con escepticismo.

El propio presidente Juan Manuel Santos comparó la declaración con un regalo de una rosa con un tallo lleno de espinas. Las FARC pidieron unos mecanismos de veeduría de muy poca operatividad y credibilidad y se quedaron con el anuncio del denominado Frente Amplio por la paz, que no es otra cosa que un movimiento político de izquierda, de que estaba dispuesto a asumir la tarea y con ello anunciaron el inicio del cese de fuego y hostilidades.

Santos había dicho que la fuerza pública tiene la orden de proteger a la población colombiana en todo el territorio nacional para rechazar una de las pretensiones de la guerrilla, que en forma velada había condicionado la tregua a que el ejército colombiano no los atacara.

La ciudadanía está saturada de anuncios y no cree ni en el proceso, ni en las FARC, por lo que el desarrollo de este hecho puede resultar definitivo para conseguir o no el apoyo ciudadano que una negociación de esta naturaleza requiere. Si es cierto que las FARC van a dejar de atacar a la población colombiana, pues ahí habrá el último soporte que le queda al proceso para que la gente esté dispuesta a aceptar condiciones y a ser generosa con una guerrilla que ha llenado de dolor el país.

Unas pocas horas antes del inicio de la tregua, las FARC atacaron nuevamente la vía Panamericana que conduce a Cali y asesinaron cinco miembros de la fuerza pública, razón suficiente para que la ciudadanía nuevamente descrea, sino que incluso reciba los anuncios unilaterales como muestras de cinismo.

Lo que está en juego no es poco. A nuestro juicio, si esta tregua unilateral se convierte en una enorme frustración y en origen de múltiples pleitos sobre si se cumple o no, sobre si tal o cual hecho de violencia lo cometieron las FARC, sobre si el ejército atacó o no será motivo para que la ciudadanía retire el apoyo que hasta ahora ha dado al proceso. Han pasado dos años y la gente ha esperado con paciencia, pero no parece dispuesta a más. Las encuestas muestran que el apoyo al proceso de paz de debilita y esta ocasión han sido las FARC quienes han puesto una prueba muy alta, cuyo éxito solo depende de ellos, pero cuyo fracaso, puede dar al traste con este intento de dar por terminado el conflicto en forma negociada.

Si, por el contrario, la tregua resulta cierta y verificable estaremos al otro lado. El departamento del Cauca es una de las zonas más azotadas por la violencia, así que es aquí donde más queremos que este conflicto termine rápido. Es aquí donde más entendemos los rigores de la guerra y por tanto donde más valoramos la posibilidad de la paz. Aquí vamos a seguir diciendo todos los días que queremos que el proceso que se sigue en La Habana tenga éxito. Aquí no vamos a ser mezquinos en no reconocer, por ejemplo, hechos como el ocurrido en la isla en el que la delegación de la guerrilla pidió perdón a las víctimas de la masacre de Bojayá.

Sabemos que los avances son muchos e históricos y esperamos que esta tregua decretada por la guerrilla sea la puerta de entrada al éxito del proceso y no el camino al abismo.

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