La reinvención esperada

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Por Oscar Gamboa Zuñiga

He sido uno de los que ha apostado con esperanza que pasada la pandemia (ya tengo dudas que pase pronto) en el corto o mediano plazo, los habitantes y los sistemas que gobiernan este planeta nos vamos a reinventar, porque creo a todos nos ha pasado que el encierro de la cuarentena nos ha llevado a muchas reflexiones. Centrémonos en nuestro país donde orgullosamente nacimos, Colombia. Aunque me faltaran algunos, a que estoy llamado reinventar:

  1. Dejar atrás la realidad histórica, de ser una nación donde a medida que nos alejamos de Bogotá y de los grandes centros urbanos, como que se nos van perdiendo las instituciones y difícilmente se encuentra el desarrollo, la justicia y hasta la esperanza.
  • Que lo social deje de estar como un perrito faldero, detrás de la economía y que más bien la economía este detrás de los social, para que de una manera efectiva cuando crezca la economía, por ser la gasolina de los social, esto se refleje en una mejora real en lo social.
  • Que los paradigmas que rigen nuestra sociedad, como la mentira, la trampa, la falsedad, el incumplimiento, la ingratitud, la deslealtad, la avaricia, la corrupción, la desconfianza, entre otros, sean reemplazados por las prácticas contrarias, o sea, que volvamos a ser una sociedad de personas honradas, creíbles, leales, sinceras, agradecidas, cumplidas, en fin, una sociedad de honestos y decentes.
  • Que la vida de las personas y de los animales, vuelva a tener valor. Esto es, que a un ser humano no le arranquen la vida por robarle un celular o por robarle un domicilio, como ocurrió hace unos día a un humilde trabajador. O que no asesinen a una indefensa y perrita cachorra al lanzarla infamemente como una jabalina desde una altura considerable…que horror. A todo lo anterior, lo atraviesa el concepto de vivir en paz y con sistemas de salud que funcionen bien y para todos.
  • Que los partidos políticos vuelvan a ser partidos de verdad, con perfiles ideológicos bien definidos, coherentes, serios en la valoración de sus militancias, respetuosos de las reglas de juego que se pacten. Partidos que, en lugar de proteger militantes corruptos y delincuentes, los expulsen sin dudarlo. Que sean democráticos a su interior. Que piensen realmente en la gente y finalmente, que vuelvan a ser partidos populares y no simplemente partidos de parlamentarios.
  • Que hablar del cuidado del medio ambiente, deje de ser un cliché, y se actúe con coherencia desde el interior de los hogares, separando las basuras, enseñándole a los hijos o nietos, buenas practicas ambientales, que no arrojemos basura en las aceras y vías públicas, que el cuidado de los ríos y mares sea parte de la conciencia sincera y no de vocinglería barata e incoherente.
  • Que el racismo y cualquier tipo de exclusión deje de ser parte del paisaje.
  • Que dejemos de estar haciendo reformas para la crianza de los hijos como si fuéramos Noruega, Suiza, o cualquiera del club de países donde de generación en generación se conservan los principios básicos de lo que es una sociedad. Nos ponemos a imitarlos y se nos olvida quien nos colonizó y que tipo de cultura somos, donde la indisciplina social y la desobediencia de adolescentes frente a sus padres o mayores es evidente y esto no podemos esconderlo. Los índices de muchos jóvenes involucrados en problemas de delincuencia son aterradores. Gran parte de ello, debido a que las sólidas bases morales para la crianza en los hogares cada vez fallan más, y ahora ya se quiere imponer que no se le pueda llamar la atención a los hijos…por Dios.   
  • Que portar la camiseta del equipo de futbol de los amores, no sea sinónimo de muerte, sino de fraternidad y hasta de “mamadera de gallo” entre unos y otros como se hacía en el pasado.
  1. Que pensar diferente en la política no sea sinónimo de enemistad, desconfianza, odio pasional y hasta de muerte.
  1. Que el poder sea visto como un medio para servir a la sociedad y coadyuvar con las transformaciones positivas de la historia y no como un fin en sí, para saciar las vanidades personales, bajo el ropaje de seguirle sirviendo a la sociedad y al país. 
  1. Que el dinero sea visto como un medio para vivir, educar a los hijos, vivir dignamente, divertirse, entre otras, y no sea un fin en sí, porque si así fuera, los cementerios estarían con muchos sepulcros “ricos” pero en lo que terminamos todos es convertidos en un montón de huesos. Y qué decir de los que son cremados, se tendrían que quemar muchos billetes, lo que ocurriría en menos de un segundo.

Termino estas humildes reflexiones con la reinvención de la unidad familiar a la que la pandemia nos ha sometido. En la sociedad pre-pandemia, el tiempo que sobraba era para la familia, hoy las cosas han cambiado y esto se lo agradezco al covid, ya que he vuelto a jugar parqués con mi esposa e hijos, pero eso sí, jugando con las fichas verdes que es el color de mi amado Deportivo Cali. 

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