La seguridad sí es prioridad

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Resumen - Pablo UribePor Pablo Uribe

@PabloUribe90

En mi última columna escribí acerca de la falta de atención que estaba recibiendo el tema de la seguridad en la administración Guerrero, y a raíz de esto recibí una andanada de críticas que básicamente se pueden resumir en que la seguridad no es prioridad, que su defensa es una farsa que no va a favor del interés general o, en palabras del señor Ricardo Hincapié, que “este discurso guerrerista es de cortas vistas”.

Con el permiso de los lectores recojo el guante y respondo no por una cuestión de orgullo, sino porque desde 2002 nadie se ha tomado el trabajo de explicar la importancia de la seguridad.

La seguridad como yo la entiendo es la monopolización del uso fuerza por parte del Estado y su utilización para proteger los derechos y libertades de los ciudadanos impersonalmente, es decir, a todos por igual. Sí es prioridad.

Entonces, vamos a lo académico primero: los economistas Richard H. Steckel y Jerome Rose lideraron un grupo de académicos que investigaron 12.520 esqueletos de poblaciones que vivieron desde el año 4.500 antes de Cristo hasta inicios del siglo 20, dispersos desde sur América hasta el sur de Canadá, con el objetivo de conocer la historia de la salud del hemisferio occidental. La conclusión arrojada por aquella investigación fue clara: el cambio de sociedades cazadoras y recolectoras hacia sociedades sedentarias y urbanizadas vino acompañado por una marcada reducción en el nivel de violencia inducida por humanos. Más simple aún: la reducción en la violencia o, si se quiere, el aumento en la seguridad está directamente relacionado con el desarrollo económico, social y cultural de una sociedad.

Es sencillo: una sociedad con una marcada monopolización de la fuerza en el Estado, utilizada para proteger a sus ciudadanos, es un ambiente mucho más propicio para que sus ciudadanos puedan emprender “la búsqueda de la felicidad” que en una sociedad en donde la violencia es utilizada por cualquiera para asegurar sus propios intereses. Una sociedad sin seguridad es una sociedad sin libertad, sin protección a la propiedad pública y privada, una sociedad sin derechos.

Pero salgámonos del debate teórico, vámonos a la realidad, porque el debate de la seguridad tiene miles de rostros en el fondo. Vámonos a los casos diarios, casos como los miles de niños de Aguablanca que no pueden ir a la escuela porque si pasan de una calle a la otra (cruzando una frontera invisible) pueden resultar asesinados por el matón del otro barrio. O el caso del trabajador de clase media que fue a reclamar su sueldo para poder gastárselo junto con su amada familia, pero que en vez de eso terminó robado y en un hospital envenenado por escopolamina. El caso de los jóvenes de Buenaventura que se acaban de dar cuenta de que no pueden participar en política a favor del interés de sus compatriotas porque pueden terminar masacrados despiadadamente como el concejal Stalin Ortiz o con cinco puñaladas sanguinarias como terminó el exconcejal y líder ciudadano Claudio Borrero. Miremos, por Dios, la historia del pequeño empresario (el corazón de nuestra economía), quien se partió el lomo durante años para poder sacar adelante su negocio, pero que ahora le tiene que dar obligadamente una parte de esas ganancias que el mismo se ganó a un grupo de asesinos extorsionistas.

Me puedo quedar mencionando casos y terminaría escribiendo diez tomos al respecto, pero lo que quiero decir es que la seguridad no es un fin en sí mismo; la seguridad es un medio para proteger a nuestra gente, es un camino para tener una sociedad en donde las personas puedan estar tranquilas y darles rienda suelta a sus esperanzas, sueños y metas, ya que pueden confiar en que su Estado está detrás de ellas protegiéndolas de cualquier peligro.

Mi defensa a la seguridad no nace de una sed de venganza, de un ánimo guerrerista o de un afán de derramamiento de sangre. Mi discurso a favor de la seguridad nace de un deseo de poder mirar a mis compatriotas a los ojos y estar tranquilo porque sus vidas, sus derechos, sus familias y su propiedad están siendo protegidos.

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