La Tertulia está de fiesta

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 EL Pueblo le da apertura a la sección Voces Culturales, en esta ocasión con una crónica sobre La Tertulia

 Por Juan Sebastián Posada Montoya

 Juan Sebastian POsada

Parque. El escenario de la ciudad. Escenario de encuentros, de comunidad, de deporte, de mañanas familiares, de juegos infantiles, de besos de amor, de amantes clandestinos, voyeristas en las sombras, de charlas vitales de esposos añejos, de nostalgias de abuelos que repasan la vida como una buena canción. Naturaleza agazapada en resistencia a la urbe, un respiro verde y gratuito. Los coloquios de los parches de jóvenes, de los pelados de la cuadra, de los gitanos de otras cuadras y barrios sin parque buscando espacio propio, de los cazadores de muros, que transforman en vibrantes grafitis esas paredes que, sin arte encima, serían asiento de carteles anunciando algún concierto o stand up comedy de temporada.

Cali es una ciudad de parques con alma.

Foto 1

La Tertulia.

Empezó entre conversaciones de intelectuales caleños en 1956. Tomaron residencia en una casa de San Antonio alquilada por el periodista Alfonso Bonilla Aragón. En la carrera quinta con calle cuarta, casa número 10, se ubicó la sede del pensamiento y opinión alternativa en la Cali de la dictadura militar de Pinilla. Más adelante, y pese a la propuesta del arquitecto Manuel Lago que permitiría preservar el mítico balneario del Charco del Burro, el afán modernizador ganó la batalla y se desecó el humedal. En sus honduras se erigió la plazoleta de eventos y a su costado izquierdo, el edificio fundacional, hoy la Sala Maritza Uribe de Urdinola. Así, nació lo que conocemos como el Museo de Arte Moderno de Cali, La Tertulia.

 La Tertulia no es solo un museo que elevó la categoría intelectual de la ciudad. Es un humedal extinto. Es la congregación del arte dentro y fuera de sí. Grafitis dispersos, grabados famosos, esculturas, cine, recitales poéticos, cuentería, encuentros de jóvenes bohemios, tertuliantes con diálogos incesantes que acompañan siempre al teatrino. La Tertulia es un resplandor amarillo, es la sombra del cóndor de Zamora* sobre el teatrino. Es un paisaje propio: es una palma Foto 2extraviada en los interiores de un edificio de apartamentos de un amarillo a cuadritos como el de sus paredes. Es una geometría marcada, precisa, de ángulos y curvas que se compaginan con la armonía amarillenta de las luces incandescentes que le roban azul a la noche. Es un samán que duerme, arropando las columnas perfectas del Maritza Uribe de Urdinola. Es una fuente que evoca el río, es un jardín, un pedacito de manigua que arropa el museo con su serenata arrulladora de grillos, ranas y aves que trasnochan.

Este 9 de marzo, este recinto de la cultura estará cumpliendo 60 años acercar más a Cali al arte en todas sus expresiones. Si usted, querido lector, se ha perdido de las variadas actividades que el Museo ofrece, lo invito fraternamente a que se deje tentar y se acerque a él. Puede pagar la boleta, entrar a sus salas, conocer un poco de las obras que alberga o visitar la exposición temporal de turno en la sala Maritza Uribe. Si lo suyo es lo audiovisual, puede disfrutar del cine arte en su cinemateca, que cuenta con una cartelera variada que cubre amplias gamas de gustos. Si es de esos cuasi extintos ratones de biblioteca, el museo cuenta con un centro de documentación al que puede acceder con cita previa. Si vive desplatado, como yo, también tiene opciones: ojear las programaciones de los múltiples festivales y ferias culturales de la ciudad (la del libro, el de poesía, el de rock, etc) que en variadas ocasiones hacen del teatrino su escenario. Foto 3Si es más amigo de la actividad física, puede apuntarse a alguno de los grupos de actividad física que visitan el museo para sus rutinas de entrenamiento (hay desde crossfit, hasta yoga y parkour) o sencillamente adicionar el Museo y el bello circuito del río Cali a sus rutas de trote o caminata. Si nada de esto le suena pero se mamó de andar desparchado, salga un día, vaya y contemple la particular y majestuosa arquitectura que estos edificios de singular belleza le han regalado al oeste caleño desde 1968, con brisa de tarde, preferiblemente.

Nota del editor

A los interesados en participar en esta sección, en la que se difundirán trabajos en torno a la cultura vallecaucana, se les sugiere escribir un correo con su propuesta al correo villanojair@gmail.com con asunto ‘Voz cultural’.

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