La trampa

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cesar lopezPor. César López

@cesarlopez_

En la actualidad hacer trampa es un comportamiento bien visto, por eso con nuestra complicidad, muchos gobernantes, líderes y amigos lo son. En el papel dejó de ser un delito, un defecto y motivo de rechazo, a ser una cualidad y razón para apoyar, algunos creen que cuando hacemos trampa ganan y lo peor es que se dan cuenta que sí. Pero claramente el mensaje que damos al apoyar a los tramposos es el de degradar mucho más nuestra sociedad y retroceder como especie, reducimos los espacios para la gente decente y sembramos en los nuestros lo peor como ciudadanos.

Cuando pensamos en el futuro, partimos de un estado actual para aventurarnos a soñar, pero con una sociedad tramposa, ladrona y corrupta, nos queda difícil ser optimistas en los diferentes escenarios que nos planteemos; además porque ya está demostrado que aún no hemos tocado fondo, porque cada vez somos más permisivos con los comportamientos mafiosos y aceptamos a bandidos como dirigentes nuestros. Hemos llegado al punto de escoger entre el mal menor, cuando nuestros líderes deberían ser solo los mejores.

Pensar en que en las actuales elecciones hemos llegado al punto de tener como candidatos a personas que no merecen ser nuestros gobernantes, es más, a presidentes a los que se les ha demostrado delitos antes y durante su mandato, y no pasa nada, nos hace reflexionar que las cosas están en un estado más que crítico. Vivimos en un Estado donde la justicia falla, donde los abogados y jueces se venden, donde la fuerza pública incurre en delitos y los políticos se burlan de la ley.

Entonces ante un escenario tan adverso, que logra irradiar todos los círculos sociales e institucionales, hace pensar que hay que volver al momento previo a que todo fuera peor, eso implica retroceder y construir de nuevo, sabiendo que es muy posible que se falle, pero con la esperanza que al cambiar de estrategia e intentarlo, se logren resultados distintos.

Pero para construir en colectivo se necesita de confianza, todo proceso requiere de entregar en el otro responsabilidades y recibir otras, hacer lecturas de los contextos y momentos, pero sin dejar de actuar. Necesita de saber replegarse cuando se requiera y de inventar un nuevo tipo de liderazgo que se vaya ajustando a las situaciones sin perder el objetivo trazado.

Las actuales elecciones de segunda vuelta, sus candidatos y todo lo que se ventiló. El caso Petro, las falsas denuncias de Uribe y el manoseo del tema de la paz, nos muestran que la verdadera nación está muy lejos de conseguirla. Que somos un pueblo tramposo, egoísta y mentiroso, gobernado desde hace muchos años por personas sin escrúpulos, de comportamientos mafiosos y acciones criminales, que encontraron en la política, una forma de enriquecerse con el dinero del pueblo.

Es difícil hablar de cambiar el modelo económico y de gobierno, entonces toca construir sobre lo que hay y abandonar la idea de realizar una reingeniería. Eso requiere que quienes se le midan al cambio, tengan presente que cuando se dé el resultado que sea, no saldrán en la foto. Es que definitivamente no nos podemos seguir equivocando y es urgente que redireccionemos nuestro camino, que salgamos pronto de un rumbo suicida y de descomposición mayor.

Esperemos a ver quiénes se le miden al tema, necesitamos caras nuevas, personas que sueñen con algo distinto, personas jóvenes pero con la madurez suficiente para tomar decisiones. Algunos de los intentos que se han presentado han sido acciones fugaces y apasionadas, carentes de apuestas hacia procesos de largo plazo. Han sido poco inteligentes y les ha ganado su tiempo frente a los tiempos de la nación. Se necesita de estructura, de mucha valentía y un poco de locura, para iniciar un camino para empezar a ofrecer otro escenario a los colombianos. Ojalá ése momento nos toque a muchos de los que hoy estamos vivos.

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