La «transformación» degenerativa de la guerrilla colombiana

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

Con amabilidad y consideración una lectora de mi columna realizó unas observaciones en torno a las prácticas usuales de la guerrilla colombiana, que parecieran contradecir cuanto expresé en mi columna “¿Por qué los colombianos no comprenden nuestro conflicto armado interno?”, de la semana pasada.

Por ello creo importante explicar que, dentro de una sociedad, como la nuestra, donde impera la política del envase, “importa lo que se dice no lo que se hace”, es apenas natural que todas las expresiones culturales, económicas, políticas y religiosas sean consonantes con esta circunstancia.

Por lo tanto, la guerrilla colombiana, en tanto que una expresión política de nuestra sociedad, ha expresado unas orientaciones ideológicas que han quedado en simples manifestaciones discursivas cuando han tratado de mostrarlas como acciones concretas, así:

Ha dicho que aspira a la moralización de nuestras costumbres, desde una lectura marxista (como liberal no comparto pero tolero), la cual se contradice con la práctica infame del secuestro extorsivo, la extorsión (bajo el manto de “impuesto revolucionario”) a empresas, familias y personas  y la protección de cultivos ilícitos; es decir, “se dice moral se hace delito”.

Ha dicho que quiere un desarrollo rural campesino, desde una lectura contraria al libre mercado, la cual contradice con su práctica de controlar para beneficio de los jefes guerrilleros, cada vez más, los centros de producción y envío del muy lucrativo negocio exportador de cocaína, a los Estados Unidos de América y Europa, bajo el disfraz poco creíble de una lucha contra el capitalismo y el imperio; es decir, una institucionalidad política y económica extractiva.

Ha dicho, en consonancia con el marxismo clásico, que utilizará todas las formas de lucha (que para nosotros los liberales son inaceptables), pero se contradice en la práctica, pues recurre sistemáticamente al uso del terror en contra de la población civil, afectando en muchísimas ocasiones incluso a su propia base social, sin que tengamos noticia de que ello siquiera la ruborice.

Ha dicho que sus miembros, al igual que ocurre en una religión, pertenecen a ella por convicción, cosa que los liberales hijos de la razón vemos mal. Sin embargo, en medio de una economía ilícita internacional de grandes proporciones, la práctica es otra: existe un flujo y rotación de miembros de un bando a otro porque lo valioso e importante para la guerrilla son los fines, no los valores ni su ideología.

En consecuencia: un discurso de moralización con una práctica delincuencial; una propuesta de desarrollo rural campesino con una práctica agrícola cocalera; una promesa del uso de todas las formas de lucha con una práctica del terrorismo y una promesa ideológica con una práctica del todo vale.

Luego, “¡cuál “transformación” degenerativa de la guerrilla colombiana! Lo que tenemos es una guerrilla a la cual le importa “lo bien” que dice y no “lo mal” que hace, al igual que otras expresiones culturales, económicas, políticas y religiosas nuestras.

 

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