La Universidad Nacional de Colombia: una institución ligada a la historia colombiana

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El analista político, Alejo Vargas. (Colprensa-archivo)Por Alejo Vargas Velásquez

La Universidad Nacional de Colombia echa sus raíces en la historia de la República. El antecedente histórico lo encontramos en la creación, por el General Francisco de Paula Santander en 1826,  de las Universidades Centrales de Caracas, Quito y Bogotá, como nos lo enseña el historiador Javier Ocampo López. La Universidad Central de Bogotá se funda en diciembre de 1826 con las facultades de Jurisprudencia, Medicina, Filosofía y Literatura y funciona hasta 1850.

Luego, en el contexto de los gobiernos del radicalismo liberal, en 1867, se funda formalmente la Universidad Nacional de Colombia con las facultades de Derecho, Medicina, Ingeniería, Ciencias Naturales, Literatura y Filosofía y Artes y Oficio, dentro de la idea de que el Estado tenía la responsabilidad de una educación laica, de calidad que contribuyera a la formación del Estado-Nación.

Va a ser posteriormente, en el gobierno de Alfonso López Pumarejo, conocido como el de la “Revolución en Marcha”, en el contexto de la denominada República Liberal y bajo los impulsos reformadores de la enmienda constitucional de 1936, especialmente en lo relacionado con la responsabilidad del Estado en el ámbito de la educación –por ello se crean también las escuelas normalistas y una serie de colegios de secundaria, que se construye la actual Ciudad Universitaria o “Ciudad Blanca” como se le conoció y que concentró las diversas facultades de la Universidad Nacional que se encontraban dispersas por la ciudad. Por ello la mayoría de los edificios históricos de la Universidad Nacional, incluido el de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, que hoy día vive un colapso parcial, datan de esas épocas.

Este brevísimo recuento histórico es pertinente para hacer referencia al hecho que la responsabilidad del Estado en relación con la educación, no solo básica y media, sino también superior, se remonta a la propia historia de nuestra República y ello no debería haberse diluido sino por el contrario incrementado. Infortunadamente, en el contexto de las reformas neoliberales de los años noventa, cuando estaban en boga las tesis que decían que el Estado no debía suplantar ni obstaculizar los mercados, el presupuesto de las universidades públicas, incluido el de la Universidad Nacional, se congeló y se hizo con una figura, aparentemente lógica pero que realmente reflejaba la intención del Estado neoliberal de abandonar o por lo menos disminuir sus responsabilidades en relación con la educación superior, incrementar el presupuesto solamente con base en el incremento del índice de precios al consumidor. Pero realmente esta fue una decisión que le dio una estocada a las universidades públicas y las convirtió en mendicantes del presupuesto nacional.

La Universidad Nacional ha sido un modelo en el cumplimiento de sus funciones para con la sociedad. A pesar de lo anterior, ha tomado fuerza en los últimos tiempos un discurso y unas políticas en contra de la Universidad Pública, que pretenden acabarla con el pretexto de la eficiencia, de mejorar la calidad, de la equidad en el gasto. Es decir, inspirados en las recetas neoliberales, desconociendo que aún en los gobiernos que fueron abanderados de estas políticas, hubo un respeto del Estado por la Universidad Pública y el gasto estatal destinado a ella no fue cuestionado, ni afectado sustancialmente.

Las universidades públicas, y la Universidad Nacional en primerísimo lugar, cumplen en las sociedades varias funciones que son vitales:

a) Contribuyen a la equidad social, en la medida en que la misma posibilita el acceso a la formación superior a sectores de medianos o bajos ingresos que si ella no existiera difícilmente podrían hacerlo; hoy día a éstas instituciones públicas de educación superior acceden un grupo de estudiantes provenientes de los estratos de menores ingresos, que difícilmente podrían hacerlo en otras condiciones.

b) Son fundamentales para la construcción y consolidación de democracia, por cuanto son el escenario por excelencia para la discusión y el debate académico, la presencia de la diversidad de corrientes del pensamiento científico, posibilitado por el principio de amplia raigambre democrática de la libertad de cátedra, que permite la coexistencia de tendencias dominantes en el campo de la teoría y el análisis, con otras consideradas transitoriamente como de menor relevancia, pero que a su vez pueden contribuir a la comprensión de los fenómenos y a la construcción de respuestas frente a los mismos. Porque esa es la esencia de la democracia, la diversidad, la tolerancia entre los diferentes, aun los que no están con las modas transitorias, la confrontación civilizada de tesis y argumentos.

Todos los colombianos con seguridad queremos que nuestras universidades públicas mejoren y los primeros interesados son los propios miembros de las comunidades universitarias; en lo relativo a la calidad de su investigación, la docencia de excelencia, y su relación con la sociedad, que comúnmente llamamos extensión, sea realmente de primerísimo nivel; igualmente, que el manejo administrativo sea un modelo de gestión pública; que mejoren sustancialmente las posibilidades de acceso para los jóvenes de menores ingresos; es fundamental que los estudiantes tengan disponible un sistema de crédito educativo al cual acudir, si lo requieren.

Pero todo esto no puede ser a cambio de que el Estado, como expresión de la sociedad organizada,  abandone su responsabilidad de apoyar presupuestalmente la educación pública universitaria. El marchitamiento de la universidad pública es irresponsable con toda la sociedad, es un rasgo de tipo autoritario claro y en esa medida, sin lugar a dudas, representa un peligro para la democracia.

Esperamos que este gobierno del Presidente Santos, que ha hecho una apuesta fuerte en la solución de un problema central de la sociedad colombiana como lo es la terminación concertada del conflicto interno armado y que la Universidad Nacional desde sus directivas y todo sus miembros ha acompañado con generosidad, tome una decisión de apoyo presupuestal que efectivamente muestre en los hechos la voluntad avanzar hacia una sociedad moderna, democrática y con prosperidad para todos y para ello se requiere una universidad pública de primerísima calidad.

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