La vanidad y la democracia

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Por Oscar Gamboa

Cuando han invitado a este humilde servidor a algún foro o conversatorio sobre posconflicto (o posacuerdos) y paz, he expresado con mucha firmeza que se debe avanzar complementariamente en una estrategia que he llamado el posconflicto personal, y ello tiene que ver con la actitud y conducta individual que debemos asumir los colombianos como una contribución para alcanzar el sueño de una paz estable y duradera en el país; esto impone sin duda alguna que nos reinventemos como una verdadera sociedad y esta pasa por la reinvención personal.

La vanidad que si nos descuidamos corroe todo como el narcotráfico, se expresa en lo institucional, desde lo personal hasta lo corporativo. Nos encontramos con funcionarios del mas alto nivel que privilegian su vanidad por encima de las instituciones y entonces demoran trámites, esconden documentos importantes, engavetan decisiones, cajonean funcionarios porque les cae mal o porque algún día no lo saludo o no lo invitó al almuerzo o a la fiesta, y hasta les prohíben a sus colaboradores el trato con los funcionarios de tal o cual oficina porque yo no me quiero con el jefe de ellos.

La vanidad también se expresa en el portero de una institución pública, privada o de la unidad residencial, que normalmente mira con desdén al visitante y no siempre con cara de buen amigo para atender su requerimiento y la tendencia es al no se puede, no está, pero tiene que hacer esto o lo otro.

La vanidad también se expresa a las vías de las ciudades y carreteras del país, cuando alguien esta “encartado” y necesita girar para algún lado y quien tiene la posibilidad de permitírselo no lo hace y por el contrario le cierra el paso.

La vanidad también la expresa el agente de tránsito o el policía que mas allá de cumplir con su deber, no expresan espíritu de colaboración y/o comprensión ante un ciudadano cuando las circunstancias lo permitan y mas bien actúan con dureza, altivez y hasta irrespeto.

La vanidad también la expresan importantes líderes políticos que no exhiben un ápice de comprensión y/o valoración por alguna acción que sus “contrarios” hayan ejecutado, porque en sus lógicas si lo hacen, están cediendo terreno y entregando sus ideales. Esto es funesto para una democracia porque no se piensa en el municipio, el departamento, la nación, ni en el mundo, y solo en la vanidad y el orgullo a toda costa.

Y que decir para no extenderme tanto en algunos casos descriptivos de la vanidad, cuando se trata de hacer un trámite ante una entidad pública o privada, cuando pudiendo resolver un ligero impase con algún documento, con mucha altivez y arrogancia el funcionario expresa le falta la coma, le falta esto o aquello, debe regresar mañana o debe regresar a la fila, golpeando la misma autoestima del ciudadano.

¡El mensaje en ultimas que quiero entregar en esta columna a los compatriotas es que no nos dejemos arrastrar por ese cáncer de la vanidad, que, si desarmamos todas las facetas de nuestras vidas y avanzamos en solidaridad, comprensión, y sobre todo en la humildad, estaremos contribuyendo con Colombia para que, a partir de unos comportamientos individuales mas horizontales, seamos mas fraternos, mas hermanos y con ello mas colombianos!!

Oscargamboaz1@hotmail.com

@osgazu

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