La violación a infantes debemos resolverla

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Por: Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

El pasado 24 de junio, fuimos sorprendidos con la noticia de la violación de una indígena Emberá-Chamí de 13 años de edad por un grupo de siete soldados.

Luego de esta indignante noticia, desde la derecha, la senadora por el Centro Democrático María Fernanda Cabal trinó: «Mucho cuidado con esto @mindefensa que no sea un falso positivo como ha sucedido antes».

Desde la izquierda, la segunda vicepresidenta de la Cámara de Representantes, María José Pizarro Rodríguez contestó el desafortunado trino: «Militares aceptan haber abusado de la niña Embera, ¿donde quedó su falso positivo @MariaFdaCabal? Lo que se requiere es una depuración profunda y formación en DDHH, el papel del @COL_EJERCITO es cuidar la gente y la vida. No violar, maltratar animales y cohonestar con el crimen».

Es decir, ambas congresistas miraron hacia el honor del ejército sin percatarse que con su actuación conseguían dos cosas: por una parte, distraer a los colombianos poniéndolos a mirar hacia la institución castrense y, por la otra, impedir que se hagan las preguntas necesarias sobre nuestra sociedad.

Y, ¿cuáles son esas preguntas necesarias? Tales preguntas, entre muchas otras, son:

¿Por qué ocurre la violación contra niños en nuestra cultura? ¿Qué actitudes intrínsecas a la ideología y cultura colombiana forman parte de la estructura cognoscitiva de los violadores infantiles? Tal ideología, ¿mantiene impune y, en este sentido, fomenta la agresión sexual contra los menores de edad? ¿En qué falla nuestra educación que permite aflorar conductas como la violación de infantes? ¿Son los violadores infantiles el producto de una socialización o un condicionamiento específico?

Estas preguntas debemos resolverlas, pues el problema es creciente. De acuerdo con el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en 2015 ocurrieron 53 casos diarios; en 2016, 50 por día; en 2017, 57 al día; en 2018, 62 diarios, y en 2019, 61 casos diarios. En este año van, 6.465 casos.

Luego, el fenómeno no es un asunto institucional como la senadora Cabal y la representante Pizarro lo entienden, es una cuestión de la sociedad colombiana que debe ser estudiada por la universidad y financiado su estudio por el gobierno colombiano.

En conclusión, discutamos sobre la sociología de la violación infantil, sobre la antropología de la agresión sexual y sobre la psicología de los violadores infantiles. Al final, tendremos respuestas que permitirán resolver la perversa estructura de la violencia sexual.

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