Las barras se la juegan por la convivencia

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Desde hace algunos años el estigma de las barras ha ido incrementando el miedo en los simpatizantes del fútbol, quienes ya no asisten en paz y en familia al estadio. Esta problemática se ha convertido en uno de los factores excluyentes del espectáculo deportivo.

Transmitir su amor y su pasión a las escuadras de fútbol se convirtió, desde hace más de 16 años, en uno de los pasatiempos de algunos aficionados. Hoy múltiples grupos sociales existen y estilos de vida que, por equipo, han marcado a más de 3000 personas.

Esa pasión, ese amor, deseo y tiempo de esparcimiento, para algunos se ha convertido en el escape de problemas y elementos que la sociedad les ha impuesto y que solo en este tipo de espacio pueden sacar a flote.

Esta es la Tienda de la barra Frente Radical

Atribuirle una responsabilidad social a una barra por los problemas que se han venido causando en los últimos años sería irresponsable y excluyente. Hay que tener en cuenta que son muchos otros factores del entorno los que provocan sus comportamientos.

En Cali son dos barras las que, para muchos, son las causantes de la mala convivencia en el Estadio y de los problemas en el fútbol; son las encargadas de hacer que las personas ya no asistan a los estadios en familia por temor a salir heridos en una pelea o por el riesgo que corren de morir, a manos de los contrarios, por llevar los colores de su equipo favorito.

Barón Rojo Sur (BRS) una de las barras de la ciudad. Es aquella que en sus “trapos” y con sus cantos alienta al equipo americano. Está conformada por bloques y tiene alianzas con otras ciudades, entre sus integrantes hay aproximadamente 3.000 personas que cada fin de semana animan en los partidos a la Mechita.

Por su parte, Frente Radical Verde y Blanco (FRV) es la barra que con los mismos trapos y cantos, pero de color verde, apoyan al Deportivo Cali. Conformada por legiones y alianzas con otras ciudades, esta barra también cuentas con un número similar de simpatizantes.

Dos barras con el mismo objetivo social; hinchas que se enamoran cada vez más de su misma barra en aquellos espacios de diversidad y esparcimiento, en los que apoyan un deporte y un equipo. Esas barras hoy por hoy  son miradas como uno de los problemas más grandes de la sociedad.

Carlos Eduardo Valencia, intendente de la Policía Nacional y comandante de la Policía de Barras, afirma que “las barras son el reflejo de una sociedad en problemas, son la demostración de una problemática que cambio de espacio y cultura, pero que viene de muchos años atrás”.

En Cali ya se están ejecutando proyectos y trabajos sociales con los integrantes de las barras con el fin de mejorar la convivencia y encaminar a aquellos que, por falta de educación o de espacios de diversión, confunden alentar a un equipo con la ‘oportunidad’ para agredir a los demás.

“En Cali, apenas hace cinco o seis años se empezó a trabajar con las barras. Ha habido algunas administraciones que no han querido meter la mano con este tipo de masas, pero ya estamos teniendo el apoyo para generar proyectos de socialización para los jóvenes”, afirma Valencia.

El BRS y el FRV han sido de las pocas barras colombianas que se han preocupado por establecer leyes que permitan la buena convivencia en los estadios, y de la mano de la Policía fueron los promotores de la Ley 1270, que ayuda a generar acciones benéficas para los barristas.

“Nosotros siempre hemos estado dispuestos a todo para mejorar el ambiente en los estadios, el problema es que casi siempre son las autoridades que apoyan nuestra iniciativa los que se rinden y el proceso siempre se corta, hecho que realmente no hace un cambio”, asevera Alejandro Jaramillo, uno de los líderes del FRV.

Como Jaramillo, Jhonny Ortiz, es el líder del BRS y afirma que “nosotros somos una cultura urbana que como las demás tiene comportamientos propios, el problema es que somos vistos como los malos, pero realmente en nosotros muchos encuentran el espacio que en casa no encuentran”.

Acciones sociales como las que hace el FRV cada año con los niños del Hospital Departamental y la limpieza en las calles y muros de la ciudad que hace el BRS son algunas de aquellas causas que la sociedad pasa por alto a estos grupos sociales.

En las barras, aunque asisten personas de estratos bajos de la ciudad, también asisten médicos, arquitectos y demás profesionales que son hinchas de un equipo y que consideran que desde Sur o desde Norte se ve mejor el partido y se con mayor fuerza el fútbol.

Paradójicamente a estas afirmaciones, las acciones por parte de los mismos integrantes de las barras no demuestran los procesos que algunos lideran. Acciones como las del pasado martes en la Final del Torneo Postobón, entre América y Unión, en donde hubo algunos desórdenes y ochos personas judicializadas de las 56 detenidas son muestra de ello.

Problemas en el clásico del 23 de mayo, por ejemplo, fueron el reflejo de lo que se ha venido hablando a lo largo de este artículo. “El descuido de la administración anterior impidió seguir realizando un buen trabajo con las barras, pero se espera mejorar en ese sentido”, declara Carlos Valencia.

Sin embargo, estos comportamientos no deben ser atribuidos solamente a una administración. Existe un estigma social que hace que su comportamiento vaya en contra de la convivencia normal en una comunidad, y que se miren como los vándalos y los “chicos problema”.

Así lo afirma la sicóloga Brenda Granados, quien lleva trabajando hace muchos años con jóvenes y conoce el comportamiento de ellos. “La conducta de algunos jóvenes son el reflejo de un dolor atrapado dentro de su nicho, son en muchas ocasiones el espejo de ellos mismos fuera de sus casas”.

El irrespeto a algunos Códigos Barrísticos fue la principal causa de la disputa de aquel día, motivo que provocó a algunos simpatizantes de la barra americana. Dichos códigos fueron establecidos hace seis años entre los representantes de las barras y la Policía de Barras con el fin de buscar paz fuera y dentro de los estadios.

Para hacer que se respeten estas normas también se han establecido algunos pilares como la tolerancia, la educación, la recreación, la convivencia y la capacitación laboral, porque se debe tener una inversión social adecuada para que los barristas entiendan que aquellos procesos de socialización son para beneficio propio.

 

¿Qué hacer, entonces, con las barras?

Para empezar a mejorar el ambiente en las barras, y en el estadio en general, se deben llevar a cabo proyectos que ayuden a regenerar el entorno, trabajar con aquellos barristas pero también con aquellos que desde otras tribunas incitan a la pelea y al desorden.

En Colombia existe la Ley 1453, que trata todas las problemáticas que se reflejan en el deporte y que castiga a aquellos que se comporten mal dentro de los estadios, sancionándolos con multas económicas y excluyéndolos por un tiempo de los escenarios deportivos.

Pero esta Ley no es suficiente, debido a que el Código Penal que rige en el país no permite que estas sanciones sean impuestas como se presume, con el fin de excluir a quienes alteran el orden en un estadio.

No solamente es el hecho de que haya un Código Penal que lo impida, sino también de que en Colombia no existen los medios suficientes para poder darle operatividad a dicha Ley, pues no se tienen los recursos necesarios para controlar a quien, por ejemplo, no puede entrar a los estadios.

Las leyes en Colombia se sacan, se reglamentan, pero no tienen la infraestructura correspondiente para ser ejecutadas; por ello, en la ciudad existen más de 300 jóvenes a quienes la Policía ha sacado del Estadio, pero que después siguen entrando sin problema porque dicha entidad no tiene los  recursos para controlarlos.

“Obviamente, en todos los estadios –es el caso de Europa–, se castiga con cárcel y multas económicas altas a quienes invadan terreno o provoquen riñas, pero aquí en Colombia es difícil puesto que se tiene poco apoyo para ello”, apunta Valencia.

Quienes infringen esta Ley en Europa son denominados “Terroristas Mediáticos”, mientras que en Colombia quienes invaden las canchas, siempre que no agredan a nadie, son considerados como indisciplinados. Diferente es el caso si dichas personas agreden a alguien: eso sí es un delito.

Cuando se haya generado este tipo de actos de socialización podrá hablarse de “pactos” entre las barras. Pactos que de verdad aseguren calma y paz a los asistentes; por el momento, acuerdos como el pasado solamente serán por fecha de clásicos.

“Nosotros sí nos sentimos culpables de que las familias no hayan vuelto en paz a los estadios, pero es claro que no somos todos y estamos dispuestos a trabajar para que esto se arregle y se vuelva a vivir el fútbol con nuestros carnavales”, sentencian los representantes de las barras caleñas.

Invertir en educación para los jóvenes menos favorecidos es uno de los pasos que va a permitir que muchos entren en razón para que los masas sociales no se conviertan en el camino hacia la liberación de represiones, sino que sean otros métodos los utilizados para este tipo de esparcimientos.

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