Las buenas nuevas de Buenaventura

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MABEL LARA (38)Por Mabel Lara

Esta semana ha estado llena de noticias sobre el principal puerto sobre el Pacífico colombiano: Buenaventura. La primera fue la entrega del dragado  del canal de acceso al puerto, que contó con una inversión de USD$29.5 millones, en un acontecimiento sin precedentes.

Es la primera vez que se interviene el canal con la idea de solucionar las limitaciones y deficiencias de profundidad que ponían en una situación crítica el acceso al terminal marítimo, lo que obliga a las empresas navieras a subutilizar la capacidad de las motonaves, condicionando así las maniobras de zarpe y arribo y, finalmente, perjudicando el comercio exterior de nuestro país.

La segunda, y no menos importante, ha sido la visita del presidente Santos , en compañía de su ministra de Transporte, Cecilia Álvarez, que se aprovechó para revisar el estado de las concesiones y la construcción de la doble calzada Loboguerrero-Buenaventura, un proceso con decenas de problemas y atrasos que abrió de nuevo el debate sobre las concesiones del gobierno del presidente Uribe, que en este caso, según Santos, permitió un esquema de contratación “diabólica”  con varios tipos de contratos, varios contratistas, problemas de predios, licencias ambientales y ocupaciones ilegales.

El presidente no miente, lo único criticable es que apenas se entera de esta problemática luego de haber hecho tres visitas al puerto de Buenaventura en lo que va de su mandato y de que haya un sinnúmero de denuncias sobre el atraso de una vía que como concepto apareció en 1926 para transportar carga y pasajeros y para conectarnos con  los tigres asiáticos y el futuro comercial del mundo.

Por este lugar, por la cuenca del Pacifico, se mueve el 60 % de la economía del país, está es la puerta de entrada de los grandes proyectos, al menos de este gobierno, y en honor a la verdad de muchos otros que deben entender que el oeste es el norte. Fue Virgilio Barco en la década de los ochenta en una visita a Corea del Sur quien por primera vez entendió la importancia del Pacifico. Treinta años después el país ya tiene un tratado de libre comercio con Corea, posiblemente llegará el de China, Japón, Vietnam, y mientras ello sucede la población sigue esperando que esos desarrollos también los beneficien.

Basta recorrer barrios como Lleras, Alfonso López, Santa Cruz y  el sector del cementerio para enterarse del atraso que tiene esta población. Es vergonzoso conocer que la ciudad  tiene hoy una tasa de desempleo de más del 12 %, el 80% vive en la pobreza, el servicio de agua potable solo se presta por doce horas, su hospital principal está a punto de entrar en Ley 550 y las cifras de desplazamiento interno, narcotráfico y delincuencia juvenil siguen aumentando, alarmando a organizaciones sociales y civiles.

Y ni siquiera las buenas nuevas son suficientes. En infraestructura también tenemos inconvenientes: no se pueden discutir las ventajas del dragado del canal de acceso al terminal y el trabajo arduo de la empresa privada como la sociedad portuaria de Buenaventura que entregó esos 13.5 metros de profundidad para tener soluciones inmediatas al ingreso de las navieras, pero esto no es suficiente.

La mayoría de los puertos del Pacifico latinoamericano tienen ya quince metros de profundidad, hablamos de Valparaíso, en Chile; Callao, en Perú; Lázaro Cárdenas, en México, lo cual significa una ventaja competitiva a casi un año de terminarse las obras de ampliación de las esclusas del canal de Panamá, que permitirá la llegada de buques más grandes, que al no encontrar en Buenaventura capacidad de navegación seguirán hacia el sur, dejándonos por fuera del denominado arco del pacifico latinoamericano. Esto  mantendrá el atraso, con todo lo que ello significa, que incluye al siempre olvidado pueblo bonaverense.

En otras palabras, Buenaventura necesita una intervención integral, las soluciones no pueden ser a corto plazo. No basta con las buenas intenciones de un solo gobierno. Requiere que se haga inversión social de la mano de la infraestructura, construcción de vías, desarrollo urbano, condiciones  dignas que incluyen que el país reconozca una zona de enorme riqueza social, biogeográfica, cultural y económica. La respuesta es clara: el norte también es el Pacífico, y  si gana Buenaventura, ganamos todos.

 

 

 

 

 

 

 

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