Las elecciones del 9 de marzo: David contra Goliat

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez
Twitter: @Florohermes

En mi columna publicada en EL PUEBLO en enero 26 de 2013 pregunté: ¿Por qué el “tsunami” de la corrupción en Colombia? Hoy, teniendo de cara las elecciones de 9 de marzo de 2014 (perder de vista el fenómeno de la corrupción), me atrevo a vaticinar que estas serán una batalla de “David contra Goliat”.

Goliat es encarnado hoy en Colombia por dañinas maquinarias políticas, las cuales son operadas por personas inescrupulosas quienes no dudan en comprar conciencias, quienes están dispuestas a torcer la opinión electoral que arrojen las urnas, quienes utilizan el erario para recuperar sus cuantiosos y desmedidos gastos de campaña y quienes se apropian del Estado, sin ningún escrúpulo, para “tener un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio”, como bien lo han descrito los profesores Daron Acemoglu y James Robinson.

David es representado por el pensamiento ilustrado, el cual es expresado por personas honorables, rectas y probas quienes creen en la capacidad de los individuos para valerse de su propio entendimiento, quienes están convencidas del ideal liberal del imperio de la ley sobre la población y el territorio, quienes ven con respeto el erario público y realizan prudentes y frugales gastos de campaña y quienes conciben que el Estado es para el servicio público, pues su escrúpulo y buenas maneras los lleva a concebir las rentas como sagradas e intocables.

Y ante tan desiguales escenarios, las élites económicas colombianas, aplicadas al debate por la Presidencia de la República se desentienden de todo debate político que referente a gobernadores, asambleas, alcaldías y concejos, con algunas excepciones de ocasión.

No entienden nuestras élites económicas que la corrupción se comporta como si fuera un “impuesto a la inversión” que desincentiva la realización de inversiones, frena el desarrollo económico, menoscaba los recursos del Estado, acentúa la desigualdad, provoca la exclusión y genera una democracia sin pueblo, impidiéndoles (a dichas élites) hacerse más ricas.

Luego, por simple egoísmo, nuestras élites económicas deberían invertir apoyando a quienes encarnan David, aprovechando el control que tienen de la Presidencia de la República, para ejercer la letalidad del Estado sobre Goliat a la par que utilizan sus grandes recursos económicos, con la suficiente mesura y prudencia que impida la revuelta, pero la suficiente fuerza y vigor que les aseste un golpe difícil de olvidar, lo cual (entre otras cosas), les permitiría el control del Estado en los distintos niveles territoriales.

En conclusión, la indiferencia de quienes tienen un capital de buen origen ha permitido que los dineros sucios financien a inescrupulosos y torcidos empresarios de la política (quienes ven en esta actividad algo mejor que el narcotráfico), dejando expósitos a personas marcadas por la honorabilidad, la credibilidad y la respetabilidad, como fuera en el Valle del Cauca el último gran líder: el exprimer designado a la Presidencia Gustavo Balcázar Monzón, precisamente financiado por esas élites, hoy indiferentes.

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