Las elecciones en el suroccidente colombiano: lugares comunes y proyectos etéreos

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Luis Eduardo Lobato Paz

Integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

En su concepción original las polis o ciudades entre los griegos deberían ser el espacio para la confrontación y la lucha de ideas. Este ideal se fue diluyendo en el mundo contemporáneo por diversas causas. Una de ellas tuvo que ver con el crecimiento vertiginoso de las ciudades y la entronización en muchos países del modelo clientelista. Esto hizo que el ejercicio de la política fuera visto por muchos de sus ciudadanos como sinónimo de corrupción, prácticas oscuras y carentes de sentido para sus vidas.

Colombia no ha sido ajena a esta tendencia señalada anteriormente. Los resultados de la Encuesta de Cultura Política en realizada por el DANE en 2008 mostraban que 68,21 de los ciudadanos manifestaba no simpatizar con ningún partido o movimiento político. En el noveno estudio Barómetro de las Américas de 2013 se dio a conocer que el 31,8 % de los colombianos decía tener poco interés en lo político. Esta concepción de la política ha traído varios efectos, en este escrito señalaré dos:

Reducción de lo político al campo de las elecciones y en este sentido sólo tendría sentido para los que aspiran a ingresar a la nómina oficial o conservar un cargo si triunfa el candidato del partido que está en el poder. Las elecciones se asumen como un asunto de vida y muerte, hasta el punto de convertir en enemigos a dos personas que habían tenido una relación de amistad o convivencia, pero que se separan por optar por candidatos diferentes. Esto es lo que está sucediendo preferencialmente en los pequeños pueblos del suroccidente y por qué no decirlo de todo el país.

Los medios de comunicación definen la agenda de lo prioritario y urgente por abordar. La reiteración de noticias y reportes sobre ciertos fenómenos de la vida de un país, terminan por teledirigir la mirada de los ciudadanos sobre la solución de ciertas problemáticas y considerar sin importancia otras.

Cuando se revisan las propuestas de los candidatos a la Alcaldía de Cali, la gran mayoría de ellos consideran que la mayor problemática de Cali está asociada con el problema de la inseguridad ciudadana. Para hacer afrontar este desafío, la solución que proponen está dada por el aumento de las cámaras de seguridad y el pie de fuerza. En el orden de prioridades está también las dificultades por las que pasa la ciudad en materia de movilidad e infraestructura vial. Para ello proponen aumentar la frecuencia de los buses del MIO y completar la flota del mismo.

Sin desconocer la importancia que esos dos problemas tienen en la ciudad, no se advierte que Cali debe resolver algo que es imprescindible para la conservación de la vida: el agua. Los ríos que abastecen los diferentes acueductos, presentan niveles de contaminación creciente, reducción ostensible de su caudal y en cualquier momento- producto de un nivel inesperado de lluvias o sequía- quedan fuera de servicio por días u horas. La construcción de reservorios, que pueden abastecer a la ciudad por unas cuantas horas, además del costo que implican se convierte en alternativas fútiles para afrontar estas crisis. En el Instituto Cinara de la Universidad del Valle, que tiene gran reconocimiento mundial en materia de investigación y abastecimiento de agua potable, hace muchos años se propuso una alternativa que consiste en la filtración en lecho del río Cauca, que por costos y posibilidades puede ser más efectiva que las otras opciones que se han barajado. Pero ninguno de los últimos gobernantes de la ciudad se ha dado a la tarea de evaluarla.

Asegurar la provisión de agua no es un problema solo de Cali, iguales dificultades pasan varios municipios del norte del Cauca, Valle y Nariño. Pero hablar de propuestas y programas que mitiguen, reduzcan o allanen el camino para superar este riesgo, parecieran ser de menos impacto que otros como la pavimentación de calles, arreglo de parques que el ciudadano común y corriente valora como más representativas para evaluar la gestión de un gobernante. Ni en campaña ni elegidos, se advierte en nuestros mandatarios locales una preocupación por detener factores de contaminación de los ríos, recuperación de cuencas hidrográficas o regulación y control a los usufructuarios de los cauces de los ríos.

Una revisión de las propuestas de candidatos a las gobernaciones del suroccidente del país está plagado de lugares comunes: van a mejorar la competitividad de la región con inversión en obras en los puertos de Buenaventura, Tumaco o la construcción de uno de mayor capacidad en Guapi. La pregunta es: ¿cómo lograr que este gasto del Estado tenga efectos multiplicativos en el conjunto de la sociedad? Buenaventura es la puerta por la que ingresa y egresa la mitad del comercio internacional, pero esto no ha contribuido a reducir los niveles de pobreza, violencia y desempleo que afecta a la mayoría de su población. Iguales márgenes de precariedad tienen los habitantes de Tumaco y Guapi. Para los puertos de Tumaco y Guapi, cabría otra pregunta: ¿Sobre qué base productiva se va a sustentar su sostenimiento?

Otra de aquellas promesas que se encuentran en la mayoría de candidatos a alcaldías es la generación de empleo y fomento del desarrollo económico. Pero en muy pocos de esos ofrecimientos, se parte de la identificación de cuáles son los ramos productivos que tienen potencialidades de contribuir a un aumento de la oferta laboral, cómo mejorar la productividad de las actividades económicas existentes, cuál es el capital humano con él que se cuenta en la municipalidad para lograr este fomento económico, que inversiones de orden educativo y tecnológico haría que realizar para dinamizar la economía, y cómo se financiarían estos proyectos y programas.

Brillan por su ausencia en estos programas de los candidatos el anuncio de planes para mejorar la seguridad alimentaria, afrontar problemáticas como la drogadicción de niños y jóvenes que va en aumento en nuestras ciudades, mejorar la calidad de la educación básica , planes de ordenamiento territorial que implique una sinergia de esfuerzos para sacar adelante proyectos de desarrollo comunes y algo que será básico más adelante, en el entendido de la irreversibilidad de un proceso de paz, programas de paz territorial.

Candidatos a alcaldías y gobernaciones es hora de pasar de lo puntual y mediático a buscar solución a problemáticas que tengan que ver con la sostenibilidad humana y ambiental.

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