Las FARC-EP rompen su compromiso

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Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

Veinte días después que conociéramos, a través de los medios masivos de información y prensa, de la dada de baja por parte del Ejército Nacional de Colombia al cabecilla del Frente 66 de las FARC-EP, alias “Pedro Nel”, la cual opera en el Tolima, y, cuatro días después que supiéramos de la captura de Edwar Alejandro García Pérez, alias “Brandón”, máximo cabecilla de la quinta comisión de la columna móvil “Jacobo Arenas”, que opera en el Cauca y también pertenece a las FARC-EP, fuimos sorprendidos por la muerte brutal, cobarde y con sevicia a que fueron sometidos dos suboficiales y nueve soldados profesionales a manos de la cuarta comisión de la columna móvil “Miller Perdomo”, la cual también es parte de las FARC-EP, en la Vereda la Esperanza, Corregimiento de Timba, Municipio de Buenos Aires, Departamento del Cauca.

En medio de relatos que narran el horror de lo ocurrido a los treinta y dos militares (los once muertos más los veintiún heridos), en una noche cargada de rayos y truenos, el periódico conservador EL PAÍS, de nuestra ciudad, narra cómo “un grupo de soldados recogió los últimos destrozos de la noche y encendió una fogata para quemar los uniformes rotos, manchados de sangre, algunos alimentos, los maletines maltrechos”, ¡qué inocentes ese grupo de soldados quemando pruebas judiciales! Y, podría agregarse: ¡Qué ingenuos! ¡Lo que hace el dolor!

A estos hechos sobrevinieron: 1) la intervención del Fiscal General de la Nación quien señaló que la investigación está dirigida a “establecer si las circunstancias de tiempo modo y lugar de lo sucedido constituyen un homicidio en persona protegida u otro crimen de guerra”; 2) la intervención del señor Presidente de la República, primero lamentando y después levantando la orden de suspender los bombardeos de las Fuerzas Armadas contra los campamentos de las FARC-EP, y 3) la invitación improcedente “a mantener la cabeza fría y no adoptar medidas poco meditadas”, por parte de la cúpula de las FARC-EP desde la Habana, al tiempo que explican que “desde La Habana no se dirigen operaciones militares por parte de las FARC-EP, estando aplicados la totalidad de los miembros de nuestra Delegación de Paz a trabajar por el avance de los diálogos”.

¿Qué concluir? Primero, que los hechos ocurridos en la Vereda La Esperanza contribuyen a la desesperanza, de miles de colombianos quienes paulatinamente venían siendo arrancados de las garras de la derecha interesada en la guerra, la cual está agrupada en el Centro Democrático.

Segundo, siendo cierto lo anterior, tales hechos señalan un grande torpeza política de las FARC-EP, pues devuelven a millares de colombianos al mundo de la opinión (imaginación y creencias), el mundo amado por el liderazgo carismático del Senador de la República Álvaro Uribe Vélez, pues les hace renunciar al mundo de la razón (pensamiento e inteligencia).

Tercero, que no se puede renunciar al liberalismo en cuanto “su principio de cálculo es la seguridad”, “su divisa es vivir peligrosamente” y “su fórmula de gobierno la vigilancia ininterrumpida”, lo cual significa que es la práctica del ejercicio de la desconfianza.

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