Las jugadas políticas de Santos

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Alejandro-OcampoPor Alejandro Ocampo

@alejoocampog

El presidente Juan Manuel Santos en círculos muy cerrados tiene fama de jugador de póker, de aquellos que juegan duro, de los que cañan y guardan sus jugadas más importantes para el final de la partida. Algunos dicen que asimismo juega en la política, de ahí que sus mejores jugadas no han sido en los atriles sino en las mesas; sus acuerdos, sus coaliciones y reuniones han sido más efectivos que sus discursos.

Este  periodo de gobierno está llegando a su final, este último año que le queda es un año electoral y el presidente los últimos días está realizando una serie de jugadas tratando de asegurar esta mano a su favor.

La primera jugada es atacar al senador Jorge Robledo, dando a entender  que es Robledo quien está detrás de los paros que se promueven en el país y que es el culpable de las gruesas revueltas, algo que el mismo presidente sabe que es una locura. La estrategia no busca destruir a Robledo, algo que quisiera él y muchos ricos de este país después del debate de tierras que termino con la salida del embajador Carlos Urrutia. La estrategia es darle el reconocimiento de oposición al Polo Democrático, pero no en cabeza de Clara López, quien es la candidata presidencial, si no en cabeza de Robledo, quien seguirá siendo senador; así consigue un opositor fuerte, importante, digno, pero que al final, por mucho que crezca no competirá con él. Posicionar una oposición significa bajarle perfil a la oposición de Uribe, que además no es opositor suyo, pero es quien ha encabezado una ofensiva fuerte contra el escogido de cuidar los tres huevitos. Así le merma interlocución, importancia y comienza a restarle espacio mediático a Uribe como jefe de una oposición que no existe.

La segunda fue que escoger un candidato del uribismo, donde el único que le genera susto es Uribe, los demás son candidatos sin carisma, sin reconocimiento, sin favoritismo y lo más importante, sin votos. La gente que voto por santos aun piensa en Uribe, pero Uribe no puede, ni tiene con quien. Cada vez que veo en televisión a: Oscar Iván Zuluaga, a Carlos Holmes y a pachito, me acuerdo de los tres chiflados, y santos escogió al más chiflado de todos, a pachito.

Pelear con pachito es ponerlo como interlocutor, como rival, es volverlo figura mediática e inflarlo de manera tal que termine siendo el ungido del uribismo, un ungido que se vence solo, que algunos medios ridiculizan y hacer ver como un niñito, claro que él se ayuda bastante. Pacho Santos es el rival perfecto que necesita un presidente con  problemas de imagen y apoyo, un tipo del que nadie recuerda una idea sería o al menos suya.

En los mentideros políticos se rumora que la mano del presidente santos  estuvo presente en la libertad de la ex senadora Dilian Francisca Toro, algunos dicen que  para agradecerle a los santos no tenía que ir a Buga si no a la casa de Nariño. Dilian Francisca a logrado construir la organización la organización política más fuerte del Valle, es la mayor electora, una aliada que el presidente no puede perder, menos en temporada electoral, donde ella se hace indispensable para su proyecto político.

También  dicen que no es extraño que se anuncie la libertad de ex senador Juan Carlos Martínez, un hombre que tiene votos y que su caudal electoral para la reelección de Santos se hace más que necesario.

Algunos amigos de los nombrados dirán la libertad de ellos es cuestión de derecho y no de política, yo también puedo creerlo; solo que los juicios políticos, tienen más de política que de derecho.

Las encuestas no le cuadran al presidente: el 60% no está de acuerdo con su reelección y su imagen favorable es casi igual a la desfavorable; es decir, de cada 10 colombianos un poco menos de 5 lo ven positivamente, los otros casi 5 lo ven mal y uno que otro no sabe. Por eso no es raro por estos días encender el Radio o el televisor y correr el peligro de encontrase con una entrevista del presidente Santos al estilo Uribe: amable, tranquilo, coloquial, sin importar si la emisora o canal  es de un pequeño pueblo o de una gran ciudad. La jugada de acercarse a la gente no le ha salido bien, aun recuerdo la dormida en la casa de interés social, una foto que despertó más críticas que apoyos.

Me parece peligroso y extraño que el país aun no vea un candidato de opinión fuerte, para enfrentar un gobierno de tanto descontento.

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