Las parteras del pacífico, un patrimonio para salvaguardar

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Por: Olga Portilla Dorado

olguitaportilla@gmail.com

El 31 de diciembre de 1939, sobre las tablillas de una marimba de chonta, la partera que trajo al mundo a José Antonio Torres ‘Gualajo’, le cortó el cordón umbilical. Ese fue el principio de una estrecha relación entre el reconocido músico guapireño y el ‘piano de la selva’, de ahí el apelativo del maestro Gualajo: el rey de la marimba.

Como Gualajo, miles de habitantes del Pacífico no han nacido en un hospital o una clínica, sino que los ha traído al mundo una partera. El oficio milenario de las parteras lo practican mujeres, que sin ser médicas o especialistas en obstetricia, solo con mirar a una mujer en embarazo ya saben si un parto será fácil o difícil, cuántas semanas le faltan al bebé para nacer, o incluso si será niña o niño.

Oliva, tiene 96 años, y desde los 25 se dedicó a la partería. El primer parto que asistió fue cuando tuvo a su primera hija. Siendo un miércoles en la mañana, Oliva –como de costumbre- se levantó muy temprano para iniciar las labores del campo en su finca; sin embargo un dolor bajito empezó a dilatar todas las labores del día a día. Con el pasar de las horas las contracciones se hicieron más fuertes y seguidas, el día del parto había llegado. Sola, sin alguien a quien llamar, y sin poder conseguir un carro o una moto para que la llevaran hacia el hospital de la cabecera municipal, ubicado a media hora de la vereda, Oliva no tuvo más remedio que asistir el nacimiento de su primogénita.

Ella solo recuerda que alistó agua, una sábana y un cuchillo para cortar el cordón, había visto a algunas mujeres de la zona asistir partos, así que puso en práctica lo que sus ojos habían visto por años. No recuerda exactamente cuánto tiempo estuvo en cama pujando para que la niña saliera, solo recuerda que cuando uno de sus hermanos llegó a la casa, la ‘escandalosa’ sangre le hizo pensar lo peor, sin embargo los llantos de la bebé anunciaban que había llegado un miembro más a la familia.

Así fue como aquella primeriza se estrenó como madre y como partera, oficio que siguió practicando en su vereda. En su memoria no está el número exacto de cuántos niños ha traído al mundo, lo que no olvida, es que cuando regresa a su finca, la mayoría de habitantes de la vereda le gritan: ¡allá va mamá Oliva!. Por eso, cuando la semana pasada se enteró de que el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural había anunciado la inclusión de los Saberes Asociados a la partería afro del pacífico al Patrimonio Cultural Inmaterial del país, Oliva sintió que era un reconocimiento no solo a su labor sino a la de más de 2.000 parteras que hay en toda Colombia.

“El Consejo consideró que esta manifestación representaba un conocimiento ancestral que se mantenía activo y vigente a través del oficio de la partería. La incorporación en la Lista del Patrimonio de la nación lo visibiliza y la elaboración del Plan Especial de Salvaguardia, PES, identifica las acciones y actividades que se deben adelantar para asegurar su preservación.

Entre las primeras acciones está la de empezar a trabajar de la mano con el Ministerio de Salud para que esta práctica empiece a ser reconocida también por ellos”, afirmó Alberto Escobar, director de Patrimonio del Ministerio de Cultura.

El PES que menciona el director de Patrimonio, tardó en construirse tres años y estuvo liderado por la Asociación de Parteras Unidas del Pacífico (Asoparupa), con el acompañamiento del Ministerio de Cultura y diferentes organizaciones de partería tradicional del Pacífico colombiano.

Según reza el documento, el declarar Patrimonio Inmaterial al oficio de las parteras, surgió de la necesidad que expresó la comunidad de parteras afro del Pacífico de “generar una herramienta que permitiera la salvaguardia integral de la partería tradicional como manifestación cultural estructural de la identidad de las comunidades negras del Pacífico colombiano”.

Por su parte, Liceth Quiñones, Directora de Asoparupa, afirmó que la declaratoria es un reconocimiento y valoración a toda una comunidad dedicada a este bello oficio. “Este un proceso social y comunitario que hoy el Gobierno reconoce, teniendo en cuenta que somos parte de una manifestación con identidad cultural y territorial, con un gran enfoque de género”.

Sin embargo, aunque es un reconocimiento importante para las parteras del Pacífico, cabe señalar que esta tradición también existe en casi todas las comunidades rurales del país; por ejemplo las indígenas Wayúu, algunas comunidades campesinas del Magdalena, Cauca o Caquetá, así como parteras afro del Caribe y Urabá.

En general, la partería tradicional es propia de zonas rurales y comunidades olvidadas, donde el hospital más cercano está a horas de camino por trocha, río o mar; pero que gracias a estas mujeres cargadas de conocimiento y que noblemente cumplen el rol que debían ejercer los centros de salud, salvan y traen esperanza de vida en estas regiones del país.

 

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