Las penosas prácticas de siempre

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Camila ZuluagaPor Camila Zuluaga
Twitter: @ZuluagaCamila

Los acontecimientos y las denuncias de la semana que pasó frente a las elecciones legislativas del domingo 9 de marzo nos dejan a la gran mayoría de los colombianos la sensación de que el sistema electoral del país tiene delicadas falencias y grandes posibilidades de ser vulnerado.

Las denuncias que vienen del naciente movimiento Centro Democrático, encabezadas por el expresidente Uribe, más allá de querer calificarlas como una reacción normal de un perdedor, es pertinente observarlas detenidamente, pues contienen datos fundamentales sobre los problemas que aquejan  al sistema existente para elegir representantes populares.

El punto más contundente de las denuncias hechas por el Centro Democrático es la pérdida de 250.000 votos, esto sumado al hecho de no encontrar ningún sufragio a favor del partido en numerosas mesas alrededor del país. La verdad es que suena sospechoso que en esas mesas no se encuentre ni un solo voto para una colectividad, sea cual fuere.

En medio de esta campaña electoral y de las presidenciales que se avecinan, el movimiento del presidente Santos y los seguidores del Partido de la U se han apresurado a decir que en la época en que ganó Uribe también hubo denuncias de pérdida, compra y traslado de votos. Yo me pregunto eso qué tiene que ver. ¿Entonces como antes hubo cuestionamientos de este tipo, no los puede haber ahora y por esa razón son irrelevantes? Esa no puede ser la respuesta ni la justificación. Claro que en Colombia se han robado elecciones, no es la primera vez que sucede, pero eso no significa que nos lo tengamos que aguantar por siempre. Es momento de exigir que se mejore y se implemente una tecnología eficiente al sistema, cosa que extrañamente hasta ahora no ha sucedido completamente.

Si bien el registrador, recién terminada la jornada, a través de diferentes entrevistas en diversos medios de comunicación sacó pecho diciendo que todo había sido un éxito y que le habían cumplido a los colombianos, las denuncias del Centro Democrático, sumadas a las que hacen personas tan respetables como el candidato y representante a la Cámara Guillermo Rivera del Partido Liberal, entre otras, dan cuenta de que no fue así.

Además de las denuncias por trasteo, desaparición y compra de votos, se le suma a la situación la complejidad del tarjetón que generó que muchos de los votantes se equivocaran y se confundieran a la hora de sufragar. El registrador había anunciado que estimaban que los votos nulos serían muchos menos que en los procesos electorales de 2010 y 2011. Llegó incluso a mencionar que basados en un estudio de la universidad de Los Andes sobre los votos nulos en los procesos electorales, podía afirmar que los votos válidos se aumentarían en más de un millón para cada corporación, cosa que no pasó.

Y si para rematar, a todo lo mencionado le sumamos la demora en la entrega de resultados de la consulta de la Alianza Verde, podemos concluir que la actuación de la Registraduría deja mucho que desear. Hace cuatro años, los resultados de la consulta se entregaron el mismo día de las elecciones. En esta ocasión, una semana después, no se tienen. El registrador se ha excusado en un cambio de ley que lo exime de tener que dar un resultado inmediato.  Sin embargo, todo esto huele muy mal y deja un raro sabor.  Esperemos que todas estas irregularidades y suspicacias no se repitan en las elecciones presidenciales del próximo 25 de mayo y que se puedan aclarar las que suscitaron las legislativas.

Una cosa más: Además de lo anteriormente expuesto, otra penosa práctica que va en aumento en las elecciones colombianas es la compra de votos y la dependencia de los mismos de la mermelada gobiernista. Que lo digan el Partido de la U y quienes obtuvieron las más altas votaciones.

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