Las universidades frente a la paz

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Por Luis Eduardo Lobato Paz

Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

 

Una frase muy repetida en los círculos académicos es que las universidades trabajan de espaldas a la realidad local, regional o nacional. O que en el mejor de los casos, sus trabajos en el campo de la docencia o la investigación, están dirigidos a proporcionar los profesionales o las innovaciones que requieren los sectores productivos.

De cara a un eventual proceso de pos acuerdo con las FARC vuelve nuevamente la discusión: ¿Qué papel están y pueden hacer las universidades para contribuir a un proceso de paz sostenido y duradero?  La semana pasada el Ministerio del Trabajo, en colaboración con la Alianza de Universidades, convocó al  Encuentro de Universidades del Pacífico por el SI a la Paz. Esta actividad se desarrolló en la Universidad Autónoma de Occidente de Cali.

Un balance de las presentaciones que hizo cada Universidad en este evento nos permite establecer lo siguiente:

No hay un programa sistemático en que cada universidad o una coordinación regional que permita articular los esfuerzos que a título individual o de grupos de investigación se vienen adelantando en cada claustro universitario.

En muchos centros educativos los aportes a la paz se concentran en la realización de Cátedras de Paz, con las cuáles se busca informar o sensibilizar a los estudiantes, empleados y trabajadores sobre los beneficios que traerían la finalización del Acuerdo de Paz con las FARC y el eventual con el ELN. Algunas de estas universidades han hecho pedagogía de la paz con estudiantes de centros educativos de nivel secundario, en especial aquellas que tienen programas de articulación  y colaboración con colegios de su entorno local.  Lo deseable sería que no fuera una reacción ante la coyuntura de un proceso de paz con las FARC  y pudiera sostenerse por mucho tiempo.

En algunas universidades el aporte a la paz se condensa en estudios de casos sobre episodios de violencia contra grupos campesinos, indígenas y afrocolombianos. Muy pocos de estos trabajos de rescate de la memoria histórica se han articulado al Centro de Memoria Histórica, que es la entidad creada por el gobierno nacional para sintetizar, divulgar los impactos del conflicto armado o adelantar campañas de sensibilización frente a los mismos.

Trabajos puntuales sobre realización de psicoterapias para algunas víctimas, consultorios jurídicos para asesorar a las víctimas o cursos de emprendimiento para sectores campesinos fueron expuestos otras universidades.

En el campo de las ingenierías solo se expuso la experiencia del instituto de Investigación y Desarrollo en Abastecimiento  de agua, saneamiento ambiental y Conservación del recurso hídrico ( Cinara) de la Universidad del Valle, en la que se expuso los esfuerzos que durante varias décadas han llevado a cabo para proporcionar agua potable a sectores rurales y con el uso de métodos alternativos para su tratamiento.

Si pensamos solo en los puntos de preacuerdo que se adelantaron con las FARC, una propuesta de Desarrollo Agrario Integral en la que se contempló el mejoramiento de la infraestructura vial, de servicios, de la calidad de vida de los campesinos, tendría que involucrar Ingenieros civiles, Agrícolas, Agrónomos, Zootecnistas, Electricistas, Electrónicos y distintos profesionales de la salud.

En este mismo aspecto si se piensa en planes de desarrollo económico, tendría que contarse con Antropólogos, Sociólogos, Trabajadores Sociales que permitan tender puentes para que pueda haber un diálogo entre los entes gubernamentales y las comunidades. De otra manera habría proyectos económicos dictados por la ortodoxia económica de la rentabilidad, que podrían entrar en choque con concepciones que manejan grupos étnicos acerca del Buen Vivir.

En el punto de las drogas ilícitas, en el que se contemplan programas de sustitución de cultivos, además de los profesionales de las Ciencias Sociales y Humanas, las universidades que forman Ingenieros Forestales, Ecólogos, Administradores ambientales y del campo agropecuario deben cumplir una labor significativa.

En el punto referente a las víctimas, los psicólogos y Psicoterapeutas están llamados a realizar un aporte significativo en el proceso de sanación de heridas y tratamiento de traumas que generó el conflicto armado.

En la prevención y rehabilitación las universidades que tienen pensum educativos en Ingeniería de Mecatrónica, Electrónica y de Sistemas podrían aportar su potencial educativo para generar artefactos que detecten o inutilicen minas antipersonal que tanto daño han hecho y pueden seguir haciendo. Los Ingenieros biomédicos son fundamentales para diseñar prótesis para las víctimas d las guerras.

Un proceso de paz requerirá de una labor pedagógica muy fuerte para superar tantos años de radicalismos y de relación amigo-enemigo en que vivimos enfrascados durante muchos años. Profesionales de la Comunicación Social y las Humanidades tendrán que cumplir un rol muy importante en este sentido.

En este escrito se han consignado varias opciones  a través de las cuáles podrían salirle al quite a los señalamientos de estar funcionando de espaldas a la realidad. No se trata de que las Universidades tengan que adecuar sus currículos, proyectos de investigación o de proyección social por completo a cimentar el proceso de paz o que tengan que marchar de consuno con las Agendas de los gobiernos de turno en esta materia.  Lo que sí podrían hacer es,   formalizar programas de investigación y de proyección social de tipo transdisciplinar, en los campos en los que tenga fortalezas, y contribuir de una manera significativa y sostenida en la solución de alguna problemática de orden local, regional o nacional. Así mismo ofrecer diversas posibilidades para que los estudiantes durante o como requisitos de grado puedan vincularse a diversas iniciativas de promoción de desarrollo social.

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