Las verdaderas causas del paro agrario

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Pablo Uribe

Por Pablo Uribe

Twitter: @pablouribe90

Acaba de pasar una tormenta histórica en nuestra nación: nuestros campesinos no aguantaron más. Bravos –como deberían de estarlo–  salieron a protestar y a hacerse oír de una vez por todas: no quieren soportar por un segundo más un régimen opresor que los tiene produciendo a pérdida y que los hace hundirse cada día más en la pobreza.

Esta era una protesta legítima y democrática, que tenía que darse, pues todos los colombianos podemos comer comidas deliciosas y nutritivas todos los días, gracias a la titánica labor de las familias del campo. El problema es que siendo oportunistas, como siempre, salieron los típicos vándalos encapuchados a dañar las ciudades que hemos construido con tanto esfuerzo los colombianos, desfigurando desafortunadamente el mensaje de esta protesta

Los otros oportunistas que se aprovecharon de nuestros campesinos, fueron la izquierda recalcitrante del país, encabezada por el eterno opositor, el señor Robledo (resulta curioso que toda protesta que apoya el señor Robledo termina en vandalismo). Se aprovecharon de esta protesta legítima para intentar darle eco a sus teorías, a las que ya nadie les pone cuidado, pues han demostrado con creces su perversidad; sino, pregúntenles a los bogotanos. En esta ocasión, el señor Robledo trató de vender la idea de que el libre comercio es la causa de las desgracias del campo.

¿De verdad, señor Robledo? Propongo que, por unos minutos, miremos bien el panorama y saquemos conclusiones.

Primero, la tierra. Nuestros campesinos no tienen ninguna motivación para trabajar e invertir fuertemente en sus tierras, ya que no tienen estabilidad en el largo plazo. El 40 % de la población rural no tiene ningún título de propiedad y cinco millones de hectáreas han sido robadas en nuestro país. Es decir, los campesinos pueden parecer propietarios de sus parcelas, pero esta supuesta propiedad está pegada con babas, en cualquier momento se las van a arrebatar –como así lo han hecho– , ¿así que qué incentivo pueden tener de invertir en algo que les pueden robar?

Segundo, la infraestructura. De la red primaria de vías del país, que son las grandes “autopistas” que conectan la nación, tan solo el 49 % se encuentra en buen estado. De la red terciaria, que son las que comunican las veredas con los municipios, es decir, por donde realmente los campesinos sacan sus productos, están en el peor estado posible, son auténticos caminos de herradura. En los Santanderes están en tan mal estado, que un viaje que normalmente duraría tan solo tres horas con una carretera en buen estado, se demora diez. En el Tolima el 70 % de las vías se encuentra en estado lamentable. En más de siete departamentos la inversión para este tipo de vías es de cero. Entonces, ¿por dónde van a sacar los productos los campesinos? ¿Cuántos costos se ahorrarían si hubiera carreteras decentes en el país? ¿Cuánto se demoran en hacer llegar un producto a los centros de acopio?

Tercero, el Estado. Si algún lector ha tratado de emprender, sabe de qué le estoy hablando. Los costos que el Estado le impone a nuestras empresas para que puedan nacer son simplemente ridículos. En Cali, que supuestamente es una ciudad que está acortando los tiempos de crear una empresa, se consume un mes entero tan solo en trámites municipales, mientras que en el Callao (Perú), una empresa está lista para empezar en 72 horas. Y eso sin contar los costos de permanecer funcionando, la infinidad de trámites e impuestos que se inventan los burócratas todos los días, que representan semanas de trabajo perdidas y millones de pesos botados a la basura, solo para darle contentillo a estos señores.

Parece que los tratados de libre comercio no son el problema, estos tan solo son una puerta que se abrió. El verdadero problema es el campo minado que le han puesto en frente a nuestros campesinos, que simplemente no los deja progresar y ser competitivos. Así que yo me siento muy ofendido cuando salen a decir que es que nuestros campesinos no son capaces de competir contra los extranjeros, porque yo soy hijo y nieto de campesinos de Cundinamarca, y si algo tengo muy claro es que el campo de mi país no ha podido salir adelante porque está encadenado en una situación perversa, pero que en el mismo momento en que sean rotas estas cadenas, no va a haber un solo gringo sobre la faz de la Tierra que sea capaz de competir contra los campesinos de mi patria.

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