Le llegó la hora al Valle y a Cali

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez Pineda
Twitter: @Florohermes

El Valle del Cauca y Cali han venido padeciendo una penosa enfermedad postrante, caracterizada por una gestión errática de las fuerzas estatales, amparada en cacicazgos políticos familiares sólidamente estructurados, por una captura de la administración pública por parte de las fuerzas tenebrosas no ilustradas del narcotráfico y por una corrupción avasallante amparada por “ciudadanos” comprados que obedecen, acatan y reverencian a los hombres y no a las leyes.

Como consecuencia de esta penosa enfermedad postrante, hemos sido testigos de una gestión económica gubernamental fracasada, que ha afectado gravemente el nivel de vida de las familias vallecaucanas, que ha hecho de este pueblo una sociedad desigual e inequitativa y que ha impedido distribuir el poder político y económico de manera amplia.

Y, mientras padecemos todo esto, el eje comercial del mundo hace tránsito del océano Atlántico al Pacífico, Colombia le apuesta a la estrategia denominada Alianza del Pacífico, y el Valle del Cauca cuenta con el capital humano, el desarrollo, la ubicación geográfica y la riqueza ambiental y turística.

¿Qué significará todo esto para el Valle y Cali? Para el Valle quiere decir convertir a Buenaventura en un puerto imprescindible para el desarrollo de Colombia. Es decir, transformarlo de puerta de intercambio comercial (lo que es hoy), en el puente que nos conectará con Asia-Pacífico.

Hacer que Buenaventura haga tránsito de puerta a puente, implicará que se deberá asegurar una gestión eficiente, efectiva y eficaz de las fuerzas estatales del puerto y del Valle del Cauca. En otras palabras, arrebatarle Buenaventura y el Valle al narcotráfico y a los cacicazgos políticos familiares corruptores de la sociedad y de la administración pública.

Quiere decir, entender que el Valle, como un todo, es cada vez más uno de los departamentos clave para el crecimiento del país por esa combinación de puerto (Buenaventura), ciudad comercial y de servicios (Cali), zonas industriales (Yumbo, Palmira y norte del Cauca) y áreas agrícolas de elevadísimo potencial; es decir, entender que no se puede jugar a nada pequeño porque tenemos apuesta ganadora.

Hacer del Valle del Cauca la apuesta ganadora implica una renovada clase empresarial interesada en los asuntos públicos y dispuestos a respaldar la promoción de liderazgos políticos frescos ilustrados, capaces y honestos que sustituyan a quienes arrojaron el departamento al abismo.

En conclusión, le llegó la hora al Valle y a Cali porque tenemos el manejo terapéutico apropiado: sustituir los cacicazgos políticos familiares por jefaturas políticas incluyentes alérgicas a todo nepotismo; liberar la administración pública de las fuerzas tenebrosas no ilustradas para ponerla en manos de dirigentes políticos ilustrados, transparentes e incluyentes, y extirpar de raíz la corrupción mediante la promoción de ciudadanos autónomos que acaten y reverencien a las leyes y no a los hombres.

Por lo tanto, le llegó la hora al Valle y a Cali de votar contra el nepotismo, contra la ignorancia del todo vale y contra ese impuesto a la inversión, que es la corrupción.

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