Legal

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Ana María Ruiz Perea

@anaruizpe

Un fantasma recorre el mundo, la despenalización de la marihuana. O un pisquero, como se llama en el argot de los consumidores a la estela de olor que la yerba deja tras de si, un olor más cercano al del incienso que al de los cigarrillos de paquete, un aroma inconfundible para burros y camellos.

Los cogollos de la cannabis sativa que se fuman son lo que se conoce como marihuana, apenas una parte de la planta usada para buscar uno de sus efectos posibles, el psicoactivo; esto es, la alteración de los neurotransmisores. Igual que el alcohol, el cigarrillo, el tinto o el exceso de dulce en los niños, la marihuana ocasiona cambios específicos en el sistema nervioso central, alterando el estado anímico o las percepciones.

Lo que sucede es que algunos psicoactivos tienen efectos más fuertes que otros, que no nos quepa duda. Por ejemplo, se calcula que al año mueren 2.5 millones de personas en el mundo por causa del consumo de alcohol, entre ellas las enfermedades hepáticas, las intoxicaciones y los accidentes automovilísticos. Dicen quienes estudian el tema, que el alcohol es por lo menos dos veces más perjudicial para el organismo que la marihuana, y muchas veces más perjudicial para la sociedad, principalmente por los niveles de violencia que exacerba. No hay estudio que muestre la relación de presencia de alcohol contra la de rastros de marihuana en el organismo de asesinos, maltratadores o choferes fatales, porque el resultado siempre arroja la comparación es de millones contra cero. No podemos escapar a la evidencia.

Pero si usted es mayor de edad, puede pedir una cerveza en cualquier tienda y se la venden, así como a nadie le piden una certificación psiquiátrica para servirle un trago de whisky. El alcohol es legal porque es un buen negocio para algunos, y porque los humanos tenemos la capacidad de autorregularnos y las leyes así lo entienden. Pero vaya usted a prender un cigarrillo de marihuana y la gente a su alrededor, cuando menos, lo va a mirar rayado, a increparle o va a llamar a la autoridad para que lo amoneste o lo encierre.

La maría, ganya, cáñamo, maruja, canuto, mota, yerba, marimba, churro, leño, mafafa, marijuana, maconha, faso, mona, bareto o mary jane, no importa el lugar donde se fume, es una droga infinitamente más inofensiva que el alcohol o que la nicotina. Pero además, esa valoración se hace únicamente sobre el psicotrópico, que es solo uno de sus usos. Gracias a saberes ancestrales que se transmitieron de generación en generación, hoy podemos levantar el velo a una mentira más para empezar a reconocer que la cannabis no es el diablo vuelto humo, que brinda comprobados beneficios terapéuticos, pero que a pesar de todo es ilegal. Por eso, bienvenido sea el debate de la despenalización.

En los Estados Unidos, 23 estados han legalizado su uso medicinal y en Oregon, Alaska, Colorado y Washington hay libertad para el cultivo y posesión de plantas de marihuana para usos recreativos. Y sigo contando. Después del experimento holandés que ya completa 40 años de vigencia, legislaciones de diferentes alcances han despenalizado el consumo en Italia, Suiza, Alemania, Bélgica, España y Portugal. En este hemisferio, la ley aprobada por Pepe Mujica en Uruguay, lo sitúa hoy como el país más liberal del mundo en el tema.

Legalizar los usos terapéuticos de la cannabis es reconocer la necesidad de atender la salud de muchas personas que hoy de manera ilegal buscan el alivio que necesitan. Para tratar desde los dolores de la artritis hasta la esclerosis múltiple, la marihuana hace parte del recetario médico y del vademecum popular. Y el remedio que estos pacientes necesitan, aunque en Colombia sea ilegal, está a la mano.

Al fin y al cabo, en esta riqueza de país están las alturas y los suelos que favorecen la siembra de yerba de la mejor calidad. El Norte del Cauca es, junto al piedemonte del Meta, las zonas de Colombia con las mayores y mejores plantaciones de cannabis. Si dejáramos de jugar al gato y al ratón entre la autoridad y los campesinos cultivadores, a que te decomiso la producción, a que no gato ladrón, lo que ahí se está sembrando podría dar unos ingresos dignos a los productores y un remedio de libre acceso para las dolencias de mucha gente.

Todas las drogas pueden ser adictivas y eso es malo, en esto todos concordamos. Pero no todas las drogas, además de potencialmente malas, también son buenas. La cannabis es una de ellas, así que entendámoslo y salgamos ya de este asunto, menor en un país que enfrenta retos tan altos para la convivencia.

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