Liberalismo contra el Puro Centro Democrático

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez Pineda

Doctor en Estudios Políticos

Profesor de la Universidad Libre

Twitter: @Florohermes

El liberalismo representa el “centro del hemiciclo político”, como muy bien lo ha investigado Immanuel Wallerstein, científico socio-histórico estadounidense y profesor de las universidades de McGill y de Binghamton. Asimismo, sostiene que todo liberalismo es “la vía media, el centro vital”, lo cual quiere decir que el liberalismo ha sido, es y será “la quintaesencia de la doctrina del centro” en oposición a dos extremos o polos: el conservadurismo (la derecha) y el radicalismo/socialismo (la izquierda).

A este liberalismo (que en el fondo no es otra cosa que la denominada Modernidad) abjuró, renunció y se retractó el señor expresidente de la república doctor Álvaro Uribe Vélez, durante su largo y controvertido octenio, y ahora resulta que el mismo señor expresidente es la cabeza de algo llamado Puro Centro Democrático, que si es centro se debe oponer a todo conservadurismo y todo socialismo.

Tal conservadurismo, heredero de las tradiciones del ‘toryismo’ inglés, defiende, favorece y promueve las actividades y la autoridad del Estado, los sectores económicos más inmovilistas como los propietarios agrícolas, cosa que es del mayor agrado del señor expresidente y sus seguidores, tal como lo dejó claro en 2001 cuando planteó realizar, en el punto 8 de su Manifiesto Democrático, un “Estado comunitario”, el cual entendía en aquella época como “menos Congreso, menos consulados y embajadas, menos contralorías”. Es decir, mayor concentración y mayor exclusión del poder, mayor aislacionismo internacional y mayor espacio para actuar sin control, cuyos efectos deletéreos vivimos hoy.

Los liberales expresamos siempre una resistencia razonable a proteger los sectores económicos inmovilistas, a favorecer y promover la autoridad del Estado, es decir, a tomar ciertas medidas drásticas cuando se ven amenazadas la inalienabilidad, universalidad e imprescriptibilidad de las libertades individuales y el libre mercado, por considerar la tiranía como el origen de la corrupción y los malos manejos, de lo cual fue testigo el país durante el octenio tiránico que nos heredó las ejecuciones extrajudiciales (eufemísticamente denominadas “falsos positivos”), que afectaron a muchas desafortunadas familias; la transgresión de las normas de contratación administrativa (los llamados carruseles de la contratación), que no son otra cosa que cuantiosas contrataciones fraudulentas que desangraron el erario; y las desviaciones de subsidios agropecuarios (el Agro Ingreso Seguro), un caso aberrante de corrupción administrativa y de malos manejos de los recursos del Estado.

Tal radicalismo/socialismo, por otra parte, como lo afirma Gerald Cohen, está comprometido con una “radical igualdad de oportunidades” (que implica corregir todas las desigualdades por condiciones de origen, económicas o sociales, no escogidas) y el rechazo al “libre mercado”, el cual se alimenta de desigualdades sociales y tiende a reproducirlas, según los socialistas. Por ello, todo socialismo desemboca en el organicismo: propiedad colectiva, cooperación, planificación y trabajo colectivo; es decir, la idea de democracia en el sentido radical. Entonces, siendo esto así, ¿cómo resolverá el expresidente Uribe la contradicción de denominarse democrático? ¿O acaso es una invocación retórica instrumental para resolver su orfandad de poder?

Los liberales no nos decimos democráticos puesto que lo somos en tanto que consideramos la democracia como el establecimiento de reglas para la distribución del poder político, como el mecanismo para asegurar elecciones libres y como la manera para a que través del poder se produzcan constantemente las libertades necesarias para gobernar, pero sin llegar nunca a la radicalidad democrática del socialismo ni al recorte democrático del conservadurismo. Dichas situaciones nos llevaron a oponernos, sin importar las consecuencias, al gobierno encabezado por el expresidente Uribe y a impedir un mayor ejercicio tiránico y preservar las formas democráticas de centro. De esta manera mantuvimos la idea de ocupar “el centro del escenario”, aspecto muy bien estudiado por Wallerstein, lo cual nos ha permitido y nos sigue permitiendo mantenernos como el punto de referencia para la formulación de políticas alternativas: Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, Ley del Primer Empleo, Ley de Insolvencia y Ley de Libranzas.

Discutido el punto de “centro” y la cuestión de “democrático”, no entro a evaluar si será “puro”, pues no es cuestión que me atañe. Eso lo dejo al libre examen de mis lectores. Entro a mostrar la oposición que el liberalismo hará al Puro Centro Democrático:

Siendo el hipervalor del señor expresidente Uribe la tradición, los liberales le opondremos nuestro hipervalor: la libertad, entendida como la remoción de todos los obstáculos externos para la realización de la libertad individual.

Estando empeñado el señor Uribe y sus correligionarios en defender a ultranza los grupos sociales y los privilegios de clase (el Estado tenaza), nosotros le opondremos el individuo libre y consciente y la idea liberal democrática de la igualdad de oportunidades (el Estado limitado).

Siendo los conservadores fieles creyentes de la idea de que los valores tradicionales deben ser los límites y las reglas de la sociedad colombiana, le opondremos la idea de que tales valores tradicionales solo los admitiremos si ellos sirven para proteger, ampliar y garantizar la libertad.

Utilizando ellos la religión como fuente de contenidos morales y de cohesión social, le opondremos la libertad absoluta de credos mediante la separación absoluta entre lo religioso y lo político.

Contra la idea de hacernos felices a la fuerza (el origen de la confrontación), dictándonos preceptos morales únicos nacionales, le opondremos el ejercicio de la libertad sin interferencias hacia la acción de los demás (la base de toda paz), permitiendo a cada uno optar por el patrón de felicidad que escoja, y si se equivoca, allá él.

Convencidos ellos de que solamente ellos y algunos pocos grupos pueden hacerse al control del Estado, los liberales opondremos nuestra idea de que las instituciones políticas deben representar a todos, teniendo presente que tan trágica es la tiranía de uno sobre muchos, al igual que lo es la de muchos sobre pocos.

En fin, contra el Puro Centro Democrático opondremos liberalismo: libertad individual, Estado limitado, paz, seguridad y libre mercado.

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