¿Libro es libro?

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Por Jaír Villano

@VillanoJair

El escándalo que ha suscitado la presencia del youtuber en la Filbo es menos catastrófico de lo que parece. Por una parte, ha desatado una interesante discusión, están los que dicen que libro es libro, están los que dicen que libro no es libro, están los que creemos que no hay que ser ni severos ni condescendientes, sino mirar el lado gris del asunto. No al matiz, sí al color, decía el ilustre Verlaine.

Es que si se mira desde otra perspectiva, lo del youtuber, no es nada nuevo, por decir algo, si a Vallejo le diera por grabarse desde México, es seguro que tendría una ingente cantidad de seguidores, que uno podría caracterizar de la misma manera en que se categorizan los de este señor Germán.

Colombianos facilistas que pontifican y encierran en un maximalismo obtuso los males de este país. Colombianos que se suponen valientes y letrados porque, al igual que su predicador, ellos dicen las cosas como son.

Y si a Iván Mejía y/o Carlos Antonio Vélez les diera por lo mismo, el resultado no distaría. Sus seguidores, que en Twitter ya son hartos, serían descomunales hinchas  cuyo grado de ociosidad es tan preocupante, que muchos de ellos pelean sin razón alguna por sus “controversiales” afirmaciones. Hombre, a Mejía y a Vélez les pagan por hacer eso. A ustedes, furibundos hinchas, ¡no!

Guardadas las proporciones, es algo similar. Solo que, en este caso, los adeptos son jóvenes y el predicador un sujeto de 25 años que no querrá refutar las reglas de la Real Academia Española, ni quitarle el puesto a Pékerman, pero que, al menos, hace reír.

A uno le incomoda y le genera ruido que una Feria del libro (la más importante del país) se llene por un tipo como estos, pero, como diría un amigo, hay que ser menos idealistas y más conscientes. Las nuevas realidades y las dinámicas ya no son las mismas. No, ya los adolescentes no se reúnen a ver pelear a Seiya y tampoco tienen que esperar a la media noche para ver las películas triple X.

Esto no quiere decir que hay que aplaudir que el reino de los youtubers. Es imposible hacerlo. Pero hay que tener cuidado en las críticas, porque uno de joven es sensible y entre más le digan que no, más lo hace.

Es curioso que sean las mentes más abiertas, las que más fustigan este apocalipsis. Pero también es cínico, que personas que hablaban de  intellectual rubbish, citando a Russell, sean las que hoy se venden como “intelectuales tolerantes”.

Lo de los youtubers es algo pasajero, en cien años nadie se acordará de ellos. En cambio, Cervantes y Shakespeare seguirán ahí: deleitando a las generaciones.

Si una persona (joven) quiere perder su tiempo en Youtube está en todo su derecho, eso no lo hace ni mejor ni peor persona. Lo que no es compatible es que la capacidad intelectual de uno de estos sea equivalente a la de otro individuo que se entretiene en alguno de los laberintos de Borges.

Desde el jet set nos dicen que libro es libro, pero, ay, ya lo quisiera uno escuchar diciendo lo mismo en los cócteles de los escritores del trono editorial y de la mermelada del poder.

Pero bueno, columna es columna, ¿o no?

 

 

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