Liderar con ideas

0

Por Camilo Granada

Una crisis de liderazgo es la madre de todas las crisis porque impide la búsqueda de respuestas para las demás. Sin liderazgos reconocidos y claros es imposible superar cualquier problema de sociedad, trátese de la economía, la pobreza o la exclusión social, la educación o la salud, el medio ambiente o la seguridad.

La confianza en los líderes políticos se ha erosionado de manera acelerada en los últimos tiempos. Se trata de un fenómeno global, pero que es particularmente agudo en América Latina y en especial en Colombia. Los políticos han perdido la poca credibilidad que tenían y su capacidad para inspirar y movilizar alrededor de soluciones colectivas está deteriorada, al punto que ninguno cuenta con el respaldo mayoritario de los ciudadanos. Sus bases de apoyo –cuando las tienen—se mueven más por argumentos emocionales, en particular la descalificación personal a los adversarios—que por ideas, visiones y proyectos. Estamos frente a un vacío de verdaderos liderazgos.

Hay que definir que entendemos por liderazgo. Un primer error es confundir liderazgo con simpatía o elocuencia. Por supuesto, esos atributos pueden ayudar a comunicar eficazmente ideas y visiones. Sirven, pero no son suficientes. El verdadero liderazgo es aquel que está sintonizado con lo que interesa a las personas, que no teme plantear dilemas difíciles, verdades incómodas o reconocer errores, incluso a costa de la popularidad, sobre todo cuando se está en campaña.

Un segundo error es asimilar liderazgo con presencia mediática permanente. Algunos creen que intervenir en todo debate, “batearlas todas” como dicen los amantes del béisbol, es el camino más directo hacia la construcción de una reputación y un prestigio de estadista. A eso han contribuido los medios que buscan que las figuras públicas se pronuncien sobre lo divino y lo humano. También las redes sociales han llevado a muchos a querer participar en cuanta tendencia aparece, por banal o efímera que sea. Se equivocan. Liderar no es tener todas las respuestas, es saber convocar a otros para encontrar soluciones colectivas basadas en valores compartidos.

El liderazgo es entonces la capacidad de articular un propósito común, con una visión clara de futuro y de convocar a los demás para tomar ahora las acciones necesarias para construir el mañana. Liderar también pasa por la humildad y la autenticidad.

Pero, como lo decía Aristóteles, “la naturaleza odia el vacío”, y frente a estas carencias, muchos están volteando la mirada hacia los empresarios. La más reciente encuesta de Invamer revela que el empresariado es el sector que goza de la mayor favorabilidad en el país, con un 60% de opinión positiva. Ese prestigio viene también con unas altas expectativas: diferentes estudios confirman que la ciudadanía espera más de las empresas en términos de su participación en la construcción de soluciones para enfrentar los problemas que enfrentan a nivel personal y colectivo.

Según el Barómetro de Confianza 2020 de Edelman, el 64% de los encuestados dice que su comportamiento (escoger, cambiar, evitar o boicotear) frente a una marca depende de las posiciones de la marca frente a grandes temas de sociedad (medio ambiente, derechos de minorías, equidad para la mujer, entre otros). El estudio Tendencias Globales 2020 del Reputation Institute evidencia cómo las personas no quieren solo que les vendan un bien o un servicio, quieren ver un sentido de propósito en las empresas, algo que trasciende el beneficio directo del producto que están comprando. Tiene que ver con el sentido de propósito de las organizaciones, con un objetivo que va más allá de incrementar las ventas o tener una mayor rentabilidad para los accionistas. Por supuesto, estas métricas son importantes y garantizan la supervivencia de las empresas.. Pero el propósito tiene que ver con la motivación, con el para quién y para qué existen y trabajan. Esa dimensión lleva a las empresas y a los empresarios a entender que su participación en la sociedad debe ir más allá de la gerencia. Tiene que ver con su disposición a aportar en las soluciones a los problemas de la comunidad, desde sus ámbitos de competencia y más allá.

No se trata simplemente de girar cheques para que otros hagan. Es una nueva expresión de la responsabilidad social y significa involucrarse, liderar con ideas, reflexiones, pensamientos y preguntas que conectan de manera directa con las audiencias sobre temas, inquietudes e intereses comunes. Una vez más, no se trata de tener las respuestas y soluciones. Se trata de demostrar que les importa, que las empresas pueden y deben hacer más que producir bienes y servicios, por importantes que ellos sean.

Colombia y el mundo necesitan que políticos y empresarios asuman un liderazgo distinto, más empático y cercano, pero sobre todo un liderazgo con ideas que muevan el mundo y la energía colectiva en la dirección correcta.

Comments are closed.