Lo mismo para todos

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Por Camila Zuluaga

@zuluagacamila

Esta semana muchos  andaban aterrados, de manera contradictoria, con el apoyo político que un ex paramilitar le está dando a un candidato en las elecciones actuales.  Tanta fue la presión, que el político negó el apoyo recibido, a pesar de haberse conocido un video en el que el desmovilizado reconoce su pasado, se enorgullece de haberlo superado y abiertamente expresa que esa experiencia es valerosa a la hora de apoyar una campaña.
Los medios titularon la noticia como “escandaloso video”: ex paramilitar apoya a candidato. ¡Qué vergüenza, debería existir entre nosotros un poco de coherencia! ¿No estamos acaso, como país, inmersos en un proceso de paz en el que buscamos que la participación en política de los integrantes sea la opción y alternativa para que dejen las armas y así puedan intentar llegar al poder a través de los  votos?

 ¿Cómo podemos escandalizarnos entonces al ver a un ex paramilitar que se desmovilizó, pagó una condena de ocho años de cárcel, que según la norma y teoría es el espacio de resocialización en el que los delincuentes se preparan para poder estar de nuevo con la comunidad, que  hoy brinde un apoyo político?  ¿Estamos estructurando entonces un discurso para unos actores del conflicto y no para los otros? ¿Puede pensarse que los integrantes de las Farc harán política pero no ver a un ex paramilitar en la tarima de una campaña?

Algunos, por supuesto,  dirán que la guerrilla y los paramilitares son muy distintos; que mientras los primeros iniciaron su lucha armada con la justificación de que en Colombia era imposible llegar al poder de manera distinta, los otros nunca tuvieron la intención de tomarse el poder por las armas; eran simplemente  un grupo contra-guerrillero que se convirtió en narcotraficante y asesinó en serie.

Sin embargo, el conflicto, como bien se ha establecido, es uno solo. Cuando se dio la visita histórica de las víctimas a La Habana para reunirse con los negociadores del proceso, tanto con los del gobierno, como con los de las Farc, surgió el debate de ¿cuáles eran las víctimas que deberían ir? Voces de un lado decían que solo deberían ir las víctimas del Estado y de las Farc otros argumentaban que este era un solo conflicto y por ende las víctimas representadas deberían ser todas. Al final esa fue la tesis que se impuso, era la oportunidad para reconocerlas sin revivir la exclusión e invisibilización a la que han estado sometidas.

Esa misma lógica es la que deberíamos aplicar a cada uno de los aspectos de la vida nacional relacionados con el conflicto. No sigamos con las prácticas excluyentes que de una otra forma han sido artífices de la cruenta guerra que hemos librado durante tantos años. No nos aterremos de a mucho por la participación en política de los ex combatientes; al final, esa es la realidad que nos espera cuando sea un hecho el acuerdo de paz con las Farc.  Entendamos finalmente que, como ya mucho se ha dicho, es mejor ver a estos milicianos haciendo política que matando a compatriotas. Pero eso sí, que esta actitud sea para todos ; y que aquellos tan implacables en la defensa del proceso de paz y de la inclusión de los guerrilleros en la vida civil, lo sean de igual manera con los ex combatientes de otros grupos que han pagado sus condenas y hoy buscan una nueva forma de hacer parte de la sociedad. Este es un proceso que debe involucrarnos a todos, así que evitemos las diferencias de tratos y raseros; al final, así  como con  las víctimas, todos hacen  parte de un mismo conflicto.

Una cosa más: ¿Con qué cara pedían los integrantes del gremio azucarero que no se bajaran los aranceles al azúcar importado cuando estaban evitando por debajo de la mesa que no llegara al país?

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