Lo que Bogotá debe aprender de Escocia

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pablo-uribePablo Uribe

Twitter: @pablouribe90

El jueves se dio un momento histórico en la historia de Gran Bretaña: Los escoceses votaron para decidir si se quedaban en el Reino Unido o se separaban y se convertían en una nación autónoma e independiente.

El resultado fue claro: Los escoceses quieren quedarse en el Reino Unido. La victoria de los unionistas fue amplia, pero no fue contundente. Pues más del 40% de los votantes de Escocia pidieron la independencia, y eso para la unidad de cualquier nación, no es una buena noticia.

Pero, ¿Por qué razón el Reino Unido llegó hasta este punto? Es simple: en primer lugar, los escoceses sienten que no tienen suficiente voz y voto para escoger el camino de su nación; para empeorar las cosas, a los escoceses no les gusta el camino por el que los está llevando el Gobierno Británico y aquí las diferencias partidistas entre lo que quiere Escocia y lo que decide el Reino Unido se evidencian: de 59 parlamentarios que elige el pueblo escocés, sólo uno es conservador; pero el Reino Unido (incluido Escocia) está siendo gobernado, por una mayoría conservadora.

El Reino Unido es una entidad profundamente centralista. Y en estos momentos, la desconexión de Westminster con el resto del país es evidente. Inglaterra por tener mayoría de habitantes, es la que más peso tiene en el parlamento. Y por esta razón, quien toma las decisiones por los territorios de Irlanda del Norte, Gales y Escocia, son los ingleses.

Escocia quiere decidir sobre su futuro sin irse del Reino Unido; pero el centralismo inglés no ha dejado que esto ocurra. Es por ello que tuvieron que llegar al límite de intentar romper esa gran hermandad de naciones que es el Reino Unido. No se fueron, pero Londres entendió el mensaje y ya se comprometió con medidas reales de descentralización. Saben que ese es el camino de la unidad y la prosperidad.

Cualquier colombiano de las regiones de nuestro país que lea esto, se sentiría identificado con las demandas del pueblo escocés. Cada día que pasa, el Gobierno central (ese que está allá en Bogotá) le quita presupuesto, poder y autonomía a los municipios y departamentos. Es indignante ver como todos los gobernadores y alcaldes de nuestro país, se han visto obligados a convertirse en mendigos de profesión ante los burócratas de Bogotá; rogando para poder conseguir los recursos que por derecho son suyos.

¿Cómo es posible que Emcali haya sido administrada por más de una década desde el Gobierno Nacional? ¿Cómo es posible que San Andrés, Arauca, Amazonas, Caquetá, Chocó, Guainía, Guaviare, Putumayo, Quindío, Vaupés, Vichada, Magdalena y La Guajira no tengan ni un solo senador? ¿Cómo es posible que más del 90 % de las regalías estén engavetadas en Bogotá? ¿Cómo es posible que el puerto más importante del país, Buenaventura, esté sumido en ese mar de miseria, abandono y violencia? Todas estas vergüenzas y muchísimas más, son producto del centralismo enfermizo al que nos ha sometido el Gobierno Nacional.

No estamos en el momento crítico que acaba de vivir Escocia y el Reino Unido, pero para allá vamos. Bogotá tiene que entender que ellos no comprenden la realidad de Colombia, y no pueden pretender tener todas las soluciones a los problemas que nos aquejan. El derecho a escoger nuestro futuro autónomamente, no viene de la caridad de los burócratas centralistas; este derecho viene de la mano de Dios y es nuestro por nacimiento.

Queremos mantener unido a este hermoso país. Lo amamos más que a cualquier cosa. Pero para lograr esta unidad, debemos tratar a todas las regiones con la ecuanimidad y el respeto que se merecen.

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