Lo que empieza mal termina mal

0

Por Camila Zuluaga

@zuluagacamila

 Lo que empieza mal termina mal dicen las mamás y muchas veces tienen la razón.  Eso es lo que podríamos decir sucedió con la administración de Eduardo Montealegre en la Fiscalía General de la nación. La historia es importante  conocerla y recordarla para así no repetirla, por eso los invito a que miremos cómo ha sido el paso del actual fiscal  por la entidad.

 Todo comenzó con la terna enviada a la Corte Suprema de justicia por el ex presidente Álvaro Uribe en el 2009, conformada por Camilo Ospina, Juan Ángel Palacio y Virginia Uribe. En un momento de fuerte enfrentamiento, conocido por el país, entre la Corte y el ex presidente, los magistrados de ese tribunal expresaron su preocupación por la terna y la imposibilidad de seleccionar al fiscal general de la misma. La Corte argumentó que, después de escuchar a los candidatos en audiencia, ninguno llenaba los requisitos para ser elegido. En cabeza del presidente de su presidente el respetado magistrado Augusto Ibáñez, reconocido opositor del gobierno Uribe, tanto que en algún momento este llegó  a ser considerado la oposición en Colombia, la Corte Suprema de Justicia se negó a escoger a uno de esos tres candidatos.

 Ante la negativa de la Corte de nombrar el fiscal de esa terna, el presidente Uribe se negó a cambiarla y el entonces fiscal encargado, Guillermo Mendoza Diago, se quedó más de un año en ese cargo con muy poco manejo en la entidad ante la incertidumbre que reinaba por no saber quién llegaría a ella.  Al terminarse el gobierno ese gobierno y llegar el del presidente Santos, uno de los principales objetivos de este último fue arreglar las relaciones del ejecutivo y la rama judicial, que venían maltrechas desde el gobierno anterior. Fue por eso que en noviembre de 2010 decidió conformar una nueva terna de la que salió finalmente escogida la hoy senadora Viviane Morales.

 Afortunadamente salió elegida la doctora Morales quien por un periodo de tiempo ocupó el cargo en la fiscalía de manera impoluta a pesar de las criticas de la prensa.  Sin embargo, el Consejo de Estado en una jurisprudencia que muchos consideran traída de los cabellos, decidió anular su elección y pidió nuevamente candidatos al ejecutivo, de donde salió Eduardo Montealegre. La terna que incluía al actual fiscal fue lo que se conoce como una terna limpia o hecha a la medida, pues las otras dos candidatas que eran Mónica De Greiff y Maria Luisa Mesa, ninguna penalista, iban salir elegidas.

 Desde entonces la relación entre el ejecutivo y la fiscalía empezó a tener poca independencia. El Fiscal se la jugó por el principal proyecto del gobierno, el proceso de paz, creando así un  matrimonio indisoluble en el que el gobierno quedaría en deuda.

 Deuda que pagaría tiempo después cuando se requirió hacer lobby ante el Consejo de Estado para que determinara que el periodo de Montealegre era de cuatro años y no de dos. Por eso es que no se entiende cómo gobierno y fiscal hoy tienen la desfachatez de referirse al respeto que se debe tener por las instituciones, cuando ellos mismos no lo tuvieron; o será que se les olvidó que apoyaron e hicieron todo el lobby posible en el Consejo de Estado para que el periodo de Montealegre fuera de cuatro años y no para terminar el que había dejado empezado Viviane Morales. Vea usted, curiosamente para ese caso los periodos sí eran personales y  no institucionales, predominando la persona y no la institución.

 Por todo lo anterior es que estoy convencida de que las actuales denuncias que se  le  hacen al fiscal no son producto solamente de un magistrado arrinconado como Pretelt.  También son consecuencia de que desde un principio en este gobierno las cosas en la Fiscalía empezaron mal.

Comments are closed.