Los blancos que ahora quieren ser negros

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Rey CharrupiPor Ray Charrupi
Twitter: @raycharrupi

Hablar de cuán mal están los negros en este país resulta muchas veces aburrido y monotemático para la opinión pública y el denunciante termina siendo tildado de “cansón”. Pero qué le vamos a hacer, toca seguir hablando de estos temas porque, de lo contrario, resultamos siendo un responsable más de que la penosa situación no cambie.

En esta columna quiero hablar de la manera más sencilla sobre algo que existe pero pocos conocen, como muchas de las cosas de los negros: La Cámara por Negritudes.

La Constitución de 1991 creó unas curules especiales en el Senado y en la Cámara para garantizar la participación política de minorías como los afrocolombianos e indígenas.

Así las cosas, en la actualidad los indígenas, siendo un 3 % de la población colombiana, tienen 2 curules en la Cámara de Representantes y otras 2 en el Senado; por su parte, los afro, siendo más del 10 % (según el censo) de los colombianos, solo tienen 2 curules en la Cámara. La razón de tan grave desigualdad obedece a que mientras los indígenas tuvieron constituyentes que sabían del tema y lograron esas sillas en el parlamento, el representante de los afro era el mismo señor que dice “perder es ganar un poco”, estoy hablando de Pacho Maturana, quien siendo negro no sirvió para procurar los intereses de su etnia. 

Lo anterior solo fue el comienzo de la tragedia de la circunscripción especial de negritudes, por la cual pasaron toda suerte de afrocolombianos que no lograron nada por cualquiera de las siguientes razones: 1. no tenían ni idea de la problemática afro; 2. son incompetentes; 3. no les paraba bolas nadie porque representan muy pocos votos.

Algunos piensan que las celebridades (culturales o deportivas) no son buenas para ocupar estos escaños. Mi opinión al respecto es que María Isabel Urrutia, la primera medalla de oro olímpica para Colombia, ha sido la mejor representante por Negritudes que ha pasado por esa curul: se dedicó a algo que otros ni siquiera intentaron: hacer control político al excluyente gobierno de Uribe. No se vendió y presentó buenos proyectos de ley, que no pasaron como resultante de militar en la oposición al otrora dictador paisa.

Cuando se creyó que no podía estar peor la Cámara por Negritudes, ya que en la actualidad tenemos representantes que nunca han tocado el atril del Congreso, que nunca han presentado un proyecto de ley serio, que se creen hábiles negociantes –en vez de ponerse a trabajar por los colombianos más pobres, como lo somos los negros–, pues ahora sí les cuento que llegamos a la tapa: los blancos ahora quieren ser negros. Cómo les parece que están como candidatos por negritudes la señora María del Socorro Bustamante, quien manifiesta que hace parte de una familia de pequeños felinos que domina la política de la costa Atlántica. Esta minina que resultó derrotada en las pasadas elecciones a la Alcaldía de Cartagena, de la manera más descarada, quiere llegar al congreso como representante de las negritudes y lo hace por dos razones: 1. en ningún partido que tenga tribunal ético le darían el aval, y 2. en la Cámara, por Negritudes se necesitan muchísimo menos votos, y le resulta más fácil.

Lo peor es que ella no es la única candidata mestiza o blanca que pretende hacer esta antiética maniobra: también me cuentan que un candidato de Yumbo, Valle, y otros más están haciendo la misma jugadita.

Pero nunca me he caracterizado por diagnosticar problemas sin plantear medidas o soluciones, así que estas son mis sugerencias:

1. Se debe corregir la desigualdad que las comunidades negras tienen en cuanto curules con respecto a los indígenas, así que debe hacerse una reforma constitucional que cree más curules para negritudes, en proporción del porcentaje poblacional que son los afrocolombianos: si los indígenas con el 3 % de la población tienen 4 curules, haciendo una regla de 3, las negritudes deberán tener mínimo 10.

2. Para que no haya tanto candidato por negritudes y se genere una mejor parcelación de las comunidades negras en política, debe haber un reforma electoral que obligue a que los partidos políticos tengan un enfoque diferencial afro y que tengan siempre candidatos afro con reconocimiento de la comunidad y con trayectoria en tales temas; que no sean aparecidos como la señora de Cartagena.

3. Para impedir el inminente gol o, mejor dicho, el atraco que los nuevos negros quieren hacerle al país y en especial a las negritudes, el ministro del Interior debe suspender o revocar la personería jurídica de las organizaciones afro que dieron el aval de manera inescrupulosa, y muy seguramente vendiéndose, a estos aparecidos en el proceso afro; de esta forma, el registrador tendría que dejar sin efectos las inscripciones de estos creativos de la tramoya.

4. Lo más importante es que votemos este 9 de marzo, sin vender nuestra dignidad y nuestro bienestar, teniendo en cuenta el trabajo de verdaderos buenos colombianos que además de ser estéticamente negros pueden demostrar una trayectoria y un verdadero conocimiento de la problemática afrocolombiana.

Mininterior, ¡salve usted la patria!

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