La entrevista de Claudia Palacios con Maurice Armitage, nuevo Alcalde de Cali

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Hace dos años nuestra periodista Claudia Palacios tuvo una conversación larga con el alcalde electo, Maurice Armitage, en la que se retrata el perfil y el pensamiento del nuevo mandatario caleño

Por Claudia Palacios

@ClaudiaPCNN

Dice que le faltó poco para ser comunista pero cree que la vía para ser un buen comunista es el capitalismo. Maurice Armitage, el presidente de Sidoc, es el que predica y aplica, aunque tendría razones de sobra para no ser ni tan buen vallecaucano ni tan buena persona. Amplifico su mensaje ahora que se viene un momento crucial para nuestro país, que será –creo yo– más desafiante en el Valle del Cauca que en otros departamentos: el del perdón.

Foto 1 Maurice (2)

Claudia Palacios: Al Alcalde se le ha oído decir, o hasta quejarse, que viniendo él de los gremios esperaba mucho más apoyo de los empresarios al volver a estar en la Alcaldía. ¿Cree que es un comentario justo?

Norman Maurice Armitage: Yo creo que sí es justo. Yo creo que los empresarios vallecaucanos estamos muy lejos de poder estar a la altura de un alcalde que se la está jugando. Debemos apoyarlo mucho más de lo que estamos apoyando.

C. P.: ¿Por qué no ha pasado eso?

N. M. A: El vallecaucano es egoísta por naturaleza y en eso me incluyo. Por eso te hablaba ahorita de que hay un nuevo orden económico, la gente tiene que aprender a distribuir el ingreso. Tú ves que Colombia es de los países más inequitativos a nivel mundial en términos de distribución del ingreso, y acá tenemos que repartir el ingreso de alguna manera: ayudando al Estado o ayudando a la gente que no tiene un buen ingreso, promocionando cosas porque si no, no vamos a lograr la paz nunca.

C. P: ¿Y eso cómo funciona? ¿Cómo lo hace usted en sus empresas?

N. M. A: Yo vivo convencido de que con el capitalismo produce los recursos, pero uno tiene que repartirlos, no pueden ser para uno solo. El Estado le quita a uno el 34 %, con impuestos, pero el resto que le sobra tiene que repartirlo. ¿Y cómo? ¡No es regalándolo! Es promocionando más empresas para que la gente tenga más posibilidades de empleo e ingresos, con salarios justos y buenos, no como los del mercado.

C. P.: ¿Usted paga salario mínimo?

N. M. A: En la fábrica nuestra no hay nadie que gane menos de $1’200.000, ni la señora de los tintos.

C. P.: ¿Cómo puede argumentar ante empresarios que sí le pagan un salario mínimo a la señora de los tintos que eso es mejor que pagar el mínimo?

N. M. A: Por una razón muy sencilla: en la medida en que usted tiene su gente comprometida con su empresa, coja cualquier sector, en sectores industriales grandes, por ejemplo, lo que menos vale es la mano de obra y es lo que más pelamos. En mi sector vale más la energía, la chatarra, habrá otros sectores donde la mano de obra pesa mucho. Pero acá en Colombia estamos muy dados a que pagamos lo que el Gobierno obligue. Entiendo que el salario mínimo afecta al empresario pequeño, al que tiene cinco empleados, pero en la gran industria, la gente de arriba tiene que pagar mejores salarios y hacer la distribución del ingreso. Y si tienes empleados mejor pagados, la gente consume y la economía funciona. Pero si los que trabajan no ganan, no se puede.

C. P.: Me imagino que ustedes llevan muchos años con el mismo discurso, pero sus amigos de los gremios no le paran bolas.

N. M. A: Sí paran bolas, pero a la gente hay que carretearla, eso quiere decir que en la medida en que los caleños sepan que otros ayudan, se van pegando al tren de la ayuda. Estamos poniendo primeros granos para que detrás venga más gente pegándose a ese tren. Arrancamos hace siete años con lo de Siloé, y hoy en día otros están haciendo lo mismo. Es buenísimo. Hay que hacer sentir mal a la gente que no ayuda, no hacer sentir bien a los que ayudamos.

C. P.: ¿Y cómo se hace?

N. M. A: Dando ejemplo. No importa que a veces tenga problemas, me meto a dar más de lo que puedo. Eso está funcionando: en Cali, en los últimos cinco años, la gente ha ido cambiando de actitud. ¡Con el solo trato de la gente! Acá estamos muy acostumbrados a que el que nos sirve lo tratamos mal. El mundo ha cambiado en eso, está cambiando.

C. P.: Le toco un tema que sé que es sensible para usted, pero le pregunto porque es algo muy ejemplar: ¿cómo es que usted llega a convertirse en el benefactor de una de las personas que fue el medio para que los secuestraran?

N. M. A: Uno tiene que ser buena persona antes que cualquier cosa. Si usted va a mi oficina, usted encuentra que en la fábrica decimos “trabaje duro y sea buena persona”. El primer requisito que le pedimos a cualquier empleado que llegue a la fábrica es que sea buena persona, aunque no sepa. Pero si es mala persona, vamos a tener una fábrica mala. Yo trato de transmitir eso todo los días y, bueno, no es una cosa religiosa porque yo de religión ‘pocongo’, casi que cero. Pero si uno transmite eso, eso se va multiplicando.

C. P: Pero como la persona que lo entregó a los secuestradores fue uno de sus empleados de confianza, me imagino que en ese momento se sintió frustrado, engañado. ¿Cómo hizo para perdonar?

N. M. A: Porque lo entendí de alguna manera. Para que no lo metieran veinte años a la cárcel me toco pagar quince millones de pesos de abogado, para que a mis secuestradores los liberaran he tenido que ir a dar fianzas. Yo creo que el tipo cometió un error en su vida y tiene derecho a una segunda oportunidad. Nosotros acá en Colombia tenemos que perdonar porque si no, nos vamos a seguir matando no sé hasta cuándo. El día que nos demos esa oportunidad de perdonar al que nos la ha hecho, el país va a funcionar mejor.

C. P: Unos dirán “¿dónde está la justicia?”.

N. M. A: Esta en que el que cometa el delito y no se arrepienta se va pa’ la cárcel. De los que me secuestraron hay tres que están huyendo, hasta parientes del que le estoy ayudando, que nunca se arrepintieron. A esos sí digo “cláveles la justicia toda encima”.

C. P: ¿Él le pidió perdón a usted?

N. M. A: Sí. Yo veo que tiene una familia que no se merece pasar por lo que está pasando.

C. P.: En ese sentido, me imagino que ha tenido acceso también al presidente Uribe, para hablarle de estos temas.

N. M. A: Yo al presidente Uribe le digo que le debo la vida. Nunca he votado por él y quisiera que se quedara callado. Pero a Uribe le debo la vida porque si no es por como actuaron las Fuerzas Armadas durante su gobierno, de golpe yo no estuviera acá sentado.

El primer secuestro fue en un paseo: nos cogieron en Bahía Solano y nos llevaron para el Chocó. Dos pagamos pa’ que nos liberaran, éramos seis. Ahí duramos secuestrados siete semanas. El otro fue siete años después. La verdad es que no me mataron gracias a la presión del gobierno de Uribe, les faltó fue mandar un submarino a buscarme. Los secuestradores me soltaron por la presión de las Fuerzas Armadas.

C. P.: Usted anda en Harley.

N. M. A: En Yamaha (Risas).

C. P.: ¿Un empresario de Sidoc, tan ocupado, cómo saca tiempo para todo eso?

N. M. A: Es en la única parte que me desconecto, porque si uno no se desconecta se mata. Montando en moto uno no se vuelve a acordar ni de la esposa, ni de las mujeres bonitas, ni de negocios, ni de nada, sino que uno se concentra. Hemos ido a todas partes: Llanos Orientales, Cañón del Chicamocha, Laguna de la Cocha…

C. P.: ¿No le da miedo que lo vuelvan a secuestrar?

N. M. A: No, no, no. Yo creo que no. ¡Imposible!

Claudia Palacios: Hubo Cumbre de la Alianza del Pacífico en Cali. ¿Compartía la preocupación de los gremios sobre las alianzas que se firmaran en esta cumbre?

Norman Maurice Armitage: Por supuesto que sí, y con angustia por esta revaluación en que estamos. Soy un convencido de que las aperturas y los tratados comerciales hay que hacerlos pero no acompañados de una revaluación. Yo creo que hay que hacer primero lo uno y después acompañar lo segundo. Dos cosas al tiempo que hacen que el empleo formal se esté perdiendo todos los días.

Claudia Palacios: ¿Qué hacen como empresarios para tratar de protegerse?

Norman Maurice Armitage: Hablamos con el Gobierno. Las empresas nacionales, en el caso del acero ya logramos competir entre las nacionales. Pero ahora que hay un exceso de acero en el mundo, nos lo mandan a Latinoamérica, en especial a Colombia, donde la gente cree que todo se vende. La revaluación afecta también al productor nacional de manera muy dura, no solo al exportador.

Claudia Palacios: Ustedes han tenido una interlocución con el Gobierno. ¿Confían en que van a establecer unas salvaguardias?

Norman Maurice Armitage: La vedad es que estamos esperanzados. El Gobierno nos dijo que la metiéramos y estamos pendientes de que nos la aprueben. La vedad es que si usted mira el sector siderúrgico Paz del Río, que es la fábrica más grande de Colombia, está a punto de cerrarse porque no es competitiva, lleva los últimos años perdiendo plata. Muy duro. Yo no creo que pueda ser capaz de aguantar muchos años más si el Gobierno no toma una decisión.

Hemos venido sorteando la situación porque tenemos un mercado regional aquí, pero quienes tienen que surtir al país por todos lados, con la competencia del transporte, no son viables.

Claudia Palacios: Si uno ve las cosas desde el punto de vista de quienes creen en una economía globalizada, lo que hay que hacer es firmar tratados de libre comercio, que argumentan que se fortalecen unos sectores, pero que hay otros que tiene que cambiar sus dinámicas. Uno pensaría que los argumentos suyos son de una visión demasiado cerrada o que no están acorde con el mundo actual.

Norman Maurice Armitage: Yo lo que le puedo decir es que en el sector siderúrgico nosotros producimos acero de nivel competitivo. Lo que no podemos hacer es competir con países que nos lo mandan por debajo del costo, y los gobiernos nuestros no les ponen talanqueras. Nadie en el mundo es capaz de competir así. Nosotros tenemos costos competitivos, pero si vemos el caso de México, ellos producen allá determinadas toneladas y lo que no venden en su mercado nacional lo exportan por debajo del costo: nos lo mandan para acá, y se aprovecha de un TLC para manejar sus volúmenes de producción. Mandan todo para acá y quiebran el mercado nacional. No lo podemos permitir como colombianos, porque destruyen el empleo en Colombia de una manera absurda. En México el acero lo están vendiendo a USD$8.650 y nos lo manda a USD$600. ¡Y nosotros con un dólar bien barato cómo vamos a poder competir!

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