Los contratistas de Cali

0

leo quinteroPor Leo Quintero

Desde los tiempos de Ezequiel Pinski, el gran constructor que modernizó a la Cali de los años setenta, en la ciudad se pueden contar con los dedos de las manos, contratistas que hayan terminado una obra a tiempo y por el precio que cotizaron inicialmente.

En los ochenta el mejor homenaje que le brindó la ciudad a esta clase de empresarios fue con el bautizo del puente que uniría las dos autopistas, la Simón Bolívar y la Suroriental, como de “los mil días”. Lo impusieron quienes a diario atravesaban por ese lugar y se encontraban con el peor contratista del momento. La obra demoró más de mil días.

El nombre aún se sostiene a pesar de que el viejo puente de dos carriles fue demolido para dar paso a un moderno complejo que empalma con las Megaobras de la carrera Octava con calle Setenta.

El puente, ahora sí, de seis carriles se sigue llamando el puente de los Mil Días, pero esa obra quedará en la memoria del olvido, porque le salió una competencia o quizás dos, feroces en lentitud, que la ciudad observa a diario. La del oriente, con la interminable Troncal de Aguablanca, iniciada en 2010, que se iría a terminar el 2011, en 18 meses, pero que ya superó los 30 y al paso que avanza superará los 36, porque se anuncia su entrega para el año 2014.

En la mitad de estos enredos legales que arman algunos contratistas, cuyo departamento jurídico es más grande que el de construcciones, queda la comunidad, que es la directamente afectada por las demoras generadas primero por el administrador que no entrega a tiempo los diseños, que hasta licita los pliegos sin diseños y del contratista que dispone de los precios más económicos, para conseguir el negocio.

Cuando avanza el tiempo, crecen los problemas, la obra que en el papel sería la más económica termina costando casi el doble. Procesos similares sucedieron en las construcciones de otras troncales del sistema de transporte masivo, como la carrera quince, en un corto trayecto, entre Santa Librada y la calle Quince. La obra tuvo atrasos superiores a los 8 meses, a pesar de que tenía menos de un kilómetro.

La troncal de Aguablanca, la nueva avenida de los Mil Días, sin embargo, está siendo retada por una obra que cayó como anillo al dedo, para demostrar que algunos de los contratistas de obras públicas en la capital del Valle deben quedar en lista negra, así como lo estableció el propio gobierno y el régimen de contratación.

Se trata de la carrera primera, en un trayecto de menos de 500 metros, entre la estación Chiminangos del MIO y lo que sería la estación Calima. La obra, la ampliación en un carril del puente sobre la autopista oriental.

Los trabajos debieron  haberse concluido en julio del año pasado. Pero se le dieron plazos al contratista hasta enero de éste 2013. La obra no finalizó y entre plazos y otro sí a los contratos, la obra debió estar lista en julio, antes de los Juegos Mundiales de Cali.

Fue tal la preocupación del mismo alcalde de Cali, Rodrigo Guerrero, que ordenó abrir la vía, aún sin terminar, para que deportistas y turistas no tuvieran que someterse al trancón de la carrera quinta norte, junto al barrio Calima.

Los turistas, deportistas y viajeros pasaron sobre los baches de la carrera primera, sobre el puente, que aún está inconcluso. Sin fecha final a la vista y solo con el anuncio de una sanción económica al contratista, que ha tomado del pelo cuantas veces ha querido a la administración e irrespetado a la ciudad.

Pareciera que no hay doliente en los gobiernos. En la historia pública de los últimos cuarenta años no hay un solo interventor –que son funcionarios o contratistas del Estado, que les paga para hacer la supervisión de los trabajos– que se haya amarrado los pantalones y denunciado lo que sucede con las obras de Cali.

Casi siempre su respuesta es que cuando salgan de la administración terminarán como contratistas del Estado, o deben buscar empleo con esos contratistas, a quienes celosamente guardan la espalda, a pesar de que las obras y la comunidad reclamen respeto, obras a tiempo, de calidad, y al precio que inicialmente cotizaron, pero que salen costando más, con las mismas excusas; mayor cantidad de obra, diseños inexistentes, imprevistos… y todos felices.

Comments are closed.