Los ecos del califato

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califatoSe calcula que en lo corrido del conflicto Sirio, 1.123 franceses de diferentes procedencias socioeconómicas y culturales se han integrado a las filas del Estado Islámico. Las autoridades también aseguran que las características de aquellos jóvenes radicales son tan variadas que es difícil crear un ‘perfil-modelo’ que sirva de guía para su identificación.

En su tercera visita al Medio Oriente, Monique logró finalmente regresar con su hija a casa. Sus visitas anteriores la condujeron al corazón del accionar bélico en Siria, lugar donde su hija vivía junto a su esposo. Esta historia de amor comenzó en Holanda, país donde Aisha, hija de Monique, se convirtió al Islam después de enamorarse de un turco que eventualmente se unió al denominado Estado Islámico. Luego de una breve relación Aisha se marchó a Siria, país en el que su esposo combatía. Pero la relación no perduro. Y luego de un tercer intento, Monique logró convencer a Aisha de que regresaran juntas a Holanda.

Por estos días la prensa mundial está inundada de relatos similares al de Aisha. Y es que cada día son más los jóvenes de Europa, África y Medio Oriente que nutren las tropas extranjeras que de forma directa o indirecta están involucradas con el Estado Islámico. Organismos de inteligencia europeos y norteamericanos estiman que aproximadamente 15.000 extranjeros se han unido a esta organización. Cifras que demuestran la efectividad del llamado a la yihad global. Antecedentes históricos muestran que fenómenos similares se han presentado dentro y fuera del contexto Islámico. Durante la invasión Soviética a Afganistán, por ejemplo, miles de jóvenes alrededor del mundo acudieron a la defensa del país Asiático. También durante la Guerra Civil española defensores y detractores  del franquismo de diferentes nacionalidades lucharon en este ajeno conflicto.

Maxime Hauchard
Maxime Hauchard

No todos los casos son como el de Aisha. La mayoría de jóvenes extranjeros que llegan a Siria buscan una vinculación directa con el Estado Islámico como en el caso de Maxime Hauchard, un francés de 22 años, que fue identificado por los servicios de inteligencia de su país en un video que muestra la ejecución de soldados fieles al régimen de Bashar al-Asad. Hauchard, quien se había convertido al Islam a los 17, viajó a Siria en 2013 con el pretexto de realizar labores humanitarias. Quienes lo conocen aseguran que Maxine fue criado en la fe católica y que no presentaba síntomas que indicaran un comportamiento sospechoso. Su tío Pascal Hauchard fue uno de los conocidos que más se mostró horrorizado y sorprendido con las acciones en las que su sobrino está presuntamente involucrado.

La situación de Francia es particularmente difícil. Se calcula que en lo corrido del conflicto Sirio, 1.123 franceses de diferentes procedencias socioeconómicas y culturales se han integrado a las filas del Estado Islámico. Las autoridades también aseguran que las características de aquellos jóvenes radicales son tan variadas que es difícil crear un ‘perfil-modelo’ que sirva de guía para su identificación. Esto sucedió con Michael Dos Santos, un joven de la clase media parisina, criado en una familia católica de origen portugués. El pasado domingo Dos Santos fue visto en el video que muestra la decapitación del ex militar estadounidense Peter Kassig.

Michael Dos Santos
Michael Dos Santos

En esta infame grabación se puede evidenciar la participación de otros europeos. Un individuo con un marcado acento británico fue el encargado de anunciar y ejecutar la decapitación de Kassing. ‘Jihadi John’, como lo bautizó la prensa internacional. Él aparece en videos similares donde asesina a sus víctimas con la misma sevicia. La identidad de ‘Jihadi John’ está aún pendiente por ser determinada.

A pesar de su primitivo accionar, el Estado Islámico utiliza sofisticados mecanismos para atraer nuevos miembros. Es importante notar que la relación entre Aisha y quien se convirtió en su esposo se inició gracias a que el turco mantenía una detallada bitácora de sus actividades en twitter. De igual forma antes de que su cuenta de Facebook fuera bloqueada por las autoridades, Hauchard  mantuvo un diario en francés donde invitaba a otros a emular su vinculación. No se puede negar que estas herramientas le facilitan al Estado Islámico llegar a la intimidad de un amplio público Occidental. Todo indica que su naturaleza legalista no les impide valerse de cualquier medio que les represente una ventaja mediática.

Es precisamente ese macabro pragmatismo el que ha determinado el éxito de esta organización.

El Estado Islámico maneja una compleja burocracia que le facilita expandirse. Abu Bakr al-Baghdadi, su máximo líder, es apoyado por un gabinete que maneja diferentes temas como finanzas, prensa, reclutamiento y seguridad. Este grupo es conocido como el Estado Central. Una vez el Estado Islámico se hace con un nuevo territorio, un diputado local es nombrado por el comité central. Los diputados locales tienen la responsabilidad primordial de imponer la ley sharia (código de conducta Islámico), casi siempre con el uso de la fuerza. Esta estructura es financiada principalmente por la venta de petróleo. Gran parte del territorio que controla el Estado Islámico tiene una importante reserva petrolera. Y el comercio clandestino de este crudo les deja ganancia de entre uno y dos millones de dólares al día.

Abu Bakr al-Baghdadi
Abu Bakr al-Baghdadi

La rigurosidad en su esquema operativo le permitió a esta organización lograr resultados contundentes en un tiempo relativamente corto. En tan solo dos años el Estado Islámico consolidó un férreo dominio sobre buena parte del noreste Sirio y el noroeste Iraquí. A raíz de esto, la organización declaró la fundación de un Califato en el territorio que controla. Esta institución político-religiosa centra las decisiones públicas en la instrucción ‘divina’ del Califa (Emisario de Mahoma). En este caso Abu Bakr al-Baghdadi.

Los ecos del Califato que llaman a una yihad internacional retumban en occidente. Las grandes potencias decidieron unirse a un esfuerzo bélico conjunto para contener al Estado Islámico. Sin embargo los casos de Aisha, Hauchard y Dos Santos muestran como un creciente número de jóvenes occidentales ven con simpatía el mensaje que sale del Califato. Identificarlos no es fácil. Crear un ‘perfil-modelo’ es una tarea compleja debido a la diversidad de sus proveniencias. Lo único concreto es que el avance del Estado Islámico resulta amenazante para unos y atractivo para otros en el mundo no-Islámico.

Por Alejandro Sánchez González

@AlejoSaGo

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