Los espacios de participación social en el proceso de conversaciones entre el Gobierno y las Farc-EP

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Alejo VargasPor Alejo Vargas Velásquez

 Una de las discusiones interesantes es qué tanto debe participar la sociedad en las conversaciones para la terminación de un conflicto interno armado. Algunos consideran que ese es un tema exclusivo de los gobiernos que son los que tienen la representación de la sociedad; otros, por el contrario, quisieran que cualquier ciudadano pudiera tener acceso a la Mesa de Conversaciones. Evidentemente, ni lo uno ni lo otro.

 Para tratar de resolver esta controversia, en el Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, firmado entre el Gobierno del presidente Santos y las Farc-EP, que además  recoge diversas experiencias internacionales, se plantearon varias posibilidades a través de las cuales esto sería posible. Uno de estos mecanismos, quizá el más importante, fue la realización de unos foros de participación social, en los cuales las diversas organizaciones de la sociedad y los ciudadanos pudieran plantear sus propuestas acerca del tema en referencia que corresponde al que la Mesa de Conversaciones vaya a abordar. Otros mecanismos de participación son la página web habilitada y el envío de propuestas a la Mesa.

 En ese contexto, se realiza esta semana el primero de dos foros sobre el cuarto tema de la agenda: solución al problema de las drogas ilícitas (el 24, 25 y 26 de septiembre en Bogotá; y el 1, 2 y 3 de octubre en San José del Guaviare, zona que vive fuertemente esta problemática),  en el cual se espera analizar propuestas en relación con los tres subtemas del mismo, “programas de sustitución de cultivos ilícitos”, “programas de prevención del consumo y salud pública” y “solución al fenómeno de producción y comercialización de narcóticos”.

 Como vemos, en el primer caso se trata de un tema que afecta fundamentalmente a los pequeños productores campesinos de las zonas marginales del país, generalmente colonos, que ante la ausencia de alternativas productivas rentables para ellos, encuentran en estos cultivos de uso ilícito una opción de vida –allí juega un papel el aislamiento de estas regiones, la carencia de vías de comunicación, de infraestructura productiva y de comercialización, en síntesis de desarrollo rural–, pero allí, en estos espacios, están presentes los actores del conflicto interno armado, especialmente los grupos guerrilleros y otros actores de criminalidad y estos productores campesinos quedan en medio de la confrontación y no tienen muchas opciones.

 En segundo lugar, tenemos la problemática del consumo, que afecta más a la población urbana, especialmente joven –no debemos olvidar que todo indica un aumento del consumo de sustancias psicoactivas en nuestro país y en general en Latinoamérica–. Allí va a ser de gran importancia conocer todas las experiencias y alternativas que apunten a la prevención del consumo, pero también a la rehabilitación de grupos consumidores.

 Y, finalmente, tenemos la temática de producción y comercialización de narcóticos, la actividad propiamente del narcotráfico; frente a esto nos encontramos realmente con la necesidad de que el Estado disponga de una verdadera política criminal que combine no solo la actividad de combate a las mafias que trafican, sino también como desarrollar acciones preventivas y de reducción del daño.

 Como vemos, esta temática de las drogas ilícitas cruza de manera relevante muchos de los problemas de nuestro país, no solo por su incidencia en el desarrollo rural, sino porque una porción de estas rentas, de estas actividades ilícitas, se convierten en una fuente privilegiada de financiación del conflicto interno armado y de otra serie de actividades ilícitas.

 Ojala los asistentes a estos dos foros, como lo hicieron en los dos primeros, contribuyan con sus experiencias, sus propuestas de solución, sus críticas a las políticas públicas existentes, y así, de esta manera, la Mesa de Conversaciones vaya a disponer de una gama de análisis y propuestas que ayuden a que las dos delegaciones construyan los acuerdos necesarios.

 En ese orden de ideas, la participación ciudadana en estos espacios se puede volver realidad, así como la construcción de los acuerdos de la Mesa de Conversaciones, que van a estar  alimentados por la diversidad de opiniones y propuestas, recogiendo las iniciativas ciudadanas.

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