Los límites y el conflicto

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Camila ZuluagaPor Camila Zuluaga

@Zuluagacamila

Indignación generó durante la semana pasada el retraso de las liberaciones de los secuestrados por la guerrilla de las Farc. El argumento presentado por  el grupo armado para demorar la entrega de los policías se basó en la excesiva presencia de periodistas en el lugar de los hechos.  Esto, por supuesto, produjo un debate sobre hasta dónde debe ser la participación de los medios de comunicación en los acontecimientos del conflicto armado en Colombia.

Sin embargo, antes de adentrarnos en cuál debe ser el papel de aquellos encargados de informar, vale la pena  preguntarse si la explicación dada por las Farc para no entregar a los tres policías secuestrados fue la verdadera razón o simplemente ha sido un engaño más de su parte, a lo que el país ya se ha venido acostumbrando.

Distintas voces no han dudado en calificar este acto de la guerrilla como otra mentira, y a raíz de ello se han desprendido todo tipo de declaraciones contra el grupo armado.  Este tipo de apreciaciones y la falta de credibilidad de sectores cercanos al Gobierno hacia ese grupo insurgente  hacen que obligatoriamente nos preguntemos si  los acuerdos a los que llegue el Gobierno en La Habana en las negociaciones de paz pueden ser confiables. Si las Farc son mentirosas y no les creemos nada, ¿cómo vamos a confiar en sus promesas en la mesa de negociación? Nuevamente nos enfrentamos a la esquizofrenia del lenguaje, como lo escribí en este mismo espacio hace un par de semanas en la columna titulada El lenguaje y a la bipolaridad de pensamiento de nuestra sociedad.

Ahora sí, habiendo aclarado lo anterior, discutamos  cómo los periodistas debemos  participar en acontecimientos propios del conflicto.  Todo comunicador desde sus primeros días laborales –e incluso de estudio– introducimos la máxima de que nuestra misión es la de informar, y en función de eso hacemos nuestro trabajo. Sin embargo, son validas aquellas críticas de quienes dicen que el afán de la chiva no puede ser superior al interés humanitario de quienes están privados de su libertad.

¡Por supuesto que nada está por encima de la vida de un ser humano! Pero este no es el caso. No se entiende por qué en liberaciones anteriores el grupo guerrillero aceptó la llegada anticipada de algunos medios de comunicación y periodistas al lugar de los hechos y esto no fue motivo de retrasos ni se les culpó por alguna cosa que hubiera sucedido. Además, ¿por qué en esta liberación que nos compete hoy, los periodistas de Telesur sí tenían acceso? ¿Unos sí y otros no?  La dualidad y la falta de coherencia que se apodera de los grupos alzados en armas son  razones que los llevan a encontrar un culpable para justificarse.

Adicional a lo anterior, fuera de culparnos por el suceso reciente, nos  acusan de generar “shows mediáticos” con el dolor de quienes han sufrido el flagelo del secuestro. Asimismo, dicen que somos losresponsables de ayudarles a las Farc  en su afán de protagonismo y de mostrarse al mundo; nos acusan de ser sus aliados para lograr su propósito. ¿Qué hacer entonces? ¿No se deben cubrir las liberaciones? ¿Debemos marginarnos de esos acontecimientos y hacernos a un lado de los sucesos relacionados con un conflicto que nos aqueja desde hace años? ¿Eso no sería faltar a la premisa fundamental de nuestra labor, la de informar? Yo creo que sí.

Entiendo que esta como tantas otras discusiones es cuestión de matices y no de radicalismos.  Sin bien nuestra labor es la de mostrarle al ciudadano lo que sucede de la manera más imparcial posible, también es cierto que debemos hacerlo con responsabilidad y tenemos que evaluar siempre lo que está en juego cuando se emite la información.  ¿O usted qué opina?

Una cosa más: ¿Cuál será la próxima orden de captura que ordene la Corte Suprema de Justicia por parapolítica en el Congreso? ¿Será la de un integrante de las toldas conservadoras? Amanecerá y veremos….

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