Los métodos para reformar la Justicia

0

Camila ZuluagaPor Camila Zuluaga

En entrevista con la exministra de justicia Ruth Stella Correa, en junio, le pregunté textualmente lo siguiente: “Pareciera que en el país se estuviera fraguando una nueva reforma a la Justicia, ¿es esto así?”. A lo que en su momento, estando todavía en el cargo, la ministra me respondió: No conozco que se esté fraguando ninguna reforma a la Justicia”.

Es importante aclarar que en el momento de esta amable entrevista, ya era conocido en los corrillos de la Casa de Nariño que a la doctora Correa la iban a sacar de la cartera de Justicia para que llegara Alfonso Gómez Méndez, quien también –vale la pena aclarar– venía planteando en sus columnas publicadas en el periódico EL TIEMPO la necesidad inminente de una reforma a la Justicia.

En otra entrevista, esta vez a la presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ruth Marina Díaz, le pregunté si creía que se estaba gestando una nueva reforma a la rama: “¿Usted cree que eso se está pensando nuevamente?”. Me respondió: “No creo que se esté pensando en una reforma. La Justicia, como toda institución, necesita modificaciones en algunos aspectos pero no se observa un ambiente favorable ni una coyuntura adecuada para una reforma; aunque la Justicia, como toda institución, necesita modificaciones puntuales”.

Así como lo sugieren los dos ejemplos anteriores, durante todos estos meses he preguntado constantemente sobre la posibilidad de una reforma, y todos insistentemente dijeron que no. Sin embargo, creo sinceramente, como ya lo había expuesto aquí en otras oportunidades, que los diferentes escándalos que se han vivido en la rama Judicial se deben a dos cosas. Primero, a que sin duda los integrantes de la rama dieron ‘papaya’, y las cosas que hicieron no son presentables ni dignas del sector. Pero también se debe a que esos escándalos se dieron porque hay una fracción influyente e importante en el país que estaba y está intencionalmente moviendo en los medios de comunicación casos como los viajes en crucero de la magistrada Díaz y sus amigos, con la firme intención de mostrar el caos de la Justicia para presentar una reforma nuevamente.

Proponer y echar a andar de nuevo un proyecto de tal magnitud requería generar un escenario que así lo exigiera. Después del desastre de la reforma pasada, a nadie en el país le quedaron ganas de que una reforma como esa se volviera a presentar, pues los abusos y excesos quedaron en la memoria de la gente.

Tampoco me cabe la menor duda de que Alfonso Gómez Méndez llegó al Ministerio de Justicia con la tarea principal de promover una transformación de la rama. Así lo venía ambientando con sus opiniones en los medios, opiniones que fueron parte de ese plan para deslegitimar la justicia y crear el ambiente digno de una reforma.

A lo que quiero llegar es que si bien soy consciente de que necesitamos un cambio en la rama Judicial, pues para que un país marche bien el principal poder que debe dar signos de entereza y funcionamiento es ese precisamente, aquí la forma en que se ha introducido el debate ha sido sucia y malintencionada. Los debates en Colombia debemos darlos a través de las ideas y de la solidez en su argumentación. Sin embargo, nos estamos acostumbrando al mejor estilo de JJ Rendón, a crear escenarios a través de sucias artimañas para lograr los cometidos.

La Justicia se debe reformar, claro que sí. Quienes hoy ocupan las altas Cortes no son ni la sombra de lo que fueron sus integrantes en el pasado. Las Cortes se llenaron y contaminaron de la burocracia política que tanto daño nos ha hecho y eso terminó corrompiéndolas. Pero en este caso, la propuesta de una nueva reforma se está gestando a través de golpes bajos y estrategias en los medios, y no a través de un debate profundo y argumentativo.

Una cosa más: Dejando a un lado las convicciones ideológicas, pienso que el daño para el país sería enorme si el procurador destituye al alcalde de Bogotá Gustavo Petro.

Comments are closed.