Los Montes de María: entre el dolor y la esperanza

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Colombia Sin HeridasPor Mario Gómez Jiménez*

Alianza Colombia sin heridas

Las playas y las murallas de la bella Cartagena, la sede del Reinado Nacional de la Belleza, quedan a solo tres horas de Los Montes de María.

En los últimos años, esta región ubicada en las fronteras de Sucre y Bolívar, vivió primero la tragedia, el avasallamiento brutal de seres humanos y de millares de sueños. Posteriormente, a través de semillas de paz y del reconocimiento de los derechos de su gente, avanzó hacia la reedición de la esperanza con la idea de sobreponer la vida a la muerte, tantas veces presente.

Un repaso a los acontecimientos ocurridos en esa geografía, que entrelaza hechos macabros con historias de fe: sus municipios se vieron azotados por el Frente 37 de las Farc, comandado por alias Martín Caballero, que cayó asesinado en 2007; asimismo, en su seno, por acción del paramilitarismo se perpetraron las masacres de Macayepo (2000), Mampuján (2000), El Salado (2000) y Chengue (2001), cuyo saldo fue de 150 cadáveres, aproximadamente, muchos de estos fueron mutilados y sus cabezas se usaron para “jugar” futbol al ritmo de vallenatos. Por esas mismas atrocidades, miles de familias se desplazaron y se ubicaron en barrios de Sincelejo y Cartagena, poco visitados por el turismo.

En ese mismo sitio, por cuenta del secuestro que se atribuyó a las Farc, fue confinado el exministro Fernando Araújo, entre 2000 y 2006. A él lo vigilaban niños y niñas de la guerrilla, según su relato. Sin duda, esos adolescentes fueron, a su vez, vulnerados por el delito de reclutamiento ilícito ejecutado por la subversión, flagelo que se intenta prevenir ahora con un plan inédito y piloto, pero que en aquel entonces los separó de sus familias, les enseñó a sembrar minas, a cuidar secuestrados, a matar y ver morir. Por cuenta del repudiable reclutamiento se ha interrumpido su derecho a la educación, se ha resquebrajado su integridad personal y se les ha cercenado la libertad, pues quien deserte es sentenciado a morir. Las niñas, como suele suceder, han llevado en estos eventos la peor parte: sus cuerpos y su sexualidad han sido “trofeos” de los actores armados, a los que se suman ahora las bandas criminales, que se enseñorean para continuar con las barbaries y con el tráfico de narcóticos por los corredores geográficos que llevan al mar.

En estos territorios, las esperanzas de la gente han muerto y vuelto a nacer varias veces. Primero, tuvieron lugar las expresiones de paz que beneficiaron a los habitantes del corregimiento de Flor del Monte, en el municipio de Ovejas. Allí, el 9 abril de 1993 se gestó la desmovilización de la Corriente de Renovación Socialista (CRS), una facción disidente del ELN.

Muchos años después, en 2004, luego de los golpes de la guerrilla y el paramilitarismo contra la población civil y como consecuencia de cierto restablecimiento del orden público, logrado gracias a la Infantería de Marina, se desarrollaron en medio de controversias las tareas del Centro de Coordinación de Acción Integral, precursor de los Planes de Consolidación y de Recuperación Social del Territorio. Posteriormente, nació el Programa de Paz y Desarrollo de Los Montes de María, impulsado por la cooperación internacional y la Agencia Presidencial para la Acción Social, en asocio con muy diversas organizaciones de la sociedad civil. En aquellos días tuvieron origen un centenar de proyectos de seguridad alimentaria, de estímulo a la generación de ingresos y a la cultura, de mejoramiento del hábitat y de preservación del medioambiente, que beneficiaron a la tercera parte del territorio.

Ahora, llegaron, ojalá para quedarse, los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia, a la reparación, a la restitución de sus tierras despojadas, así como las garantías de no repetición de hechos violentos. Todo ello deberá prohijarse en el marco del proceso de paz en curso, que no puede erigir a la impunidad como propósito ni convertir a la justicia retributiva como obstáculo de la convivencia.

Por todo ello, con la idea de reescribir la historia y conquistar en el alma, en la piel y en la cotidianidad de su gente sueños ciertos y asibles, marcharemos en Carmen de Bolívar este domingo.

*Director Social de la Fundación Restrepo Barco

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