“Los Nadie es una película que representa muchas de las cosas que vivimos”: Juan Sebastián Mesa, director

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@VillanoJair

Un grupo de amigos decide emprender un viaje. Recursos para este…no hay. Las peripecias y la cotidianidad que atraviesan cada uno de los personajes para acercarse a su sueño es el manto que cubre la ópera prima del paisa Juan Sebastián Mesa, quien hace poco estuvo en Venecia, con su equipo de amigos (productores de la película), recibiendo el Premio del público en la Semana de la Crítica del  Festival Internacional de Cine de Venecia, Italia.

Los nadie, además, fue el largometraje que abrió el Festival Internacional de Cine Colombiano (FICCI, 2016). La expectativa que ha generado en el público, especialmente en el joven, es total. La calle, el punk, los malabaristas son elementos que generan simpatía entre una ascendencia que vio de lejos la referencia que más se asemeja el largometraje de Mesa, a saber, Rodrigo D. No Futuro.

En esta entrevista hablamos de eso y de muchas otras cosas. “Los Nadie es una película que busca generar reflexiones, independiente del público que la vea. La idea de la película es generar conversaciones entre gente de distintas generaciones”.

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Mesa ha dirigido los cortometrajes ‘Kalashnikov’ (2013), el cual hizo parte del Short Film Corner del Festival de Cannes 2013, y ‘Maquillando el silencio’.

Rodada en diez días, en entornos de auto gobierno y con actores naturales, Los Nadie es una película que hay que ver.  El estreno en las principales salas de cine del país es el jueves 15 de septiembre.

El origen de Los Nadie está en un cortometraje que usted hizo sobre la misma temática de la película, ¿cómo hizo para trasladar el lenguaje del corto al del largometraje?

JSM: El cortometraje en realidad nunca se escribió. Parte del corto está incluido en la película. Fue un proceso del corto que empezó a crecer y a crecer y a crecer y terminó siendo un largometraje.

¿Cómo nace la transformación?

JSM: Es un caso atípico. La decisión de seguir adelante con el proyecto surge a raíz del proceso de casting, de encontrar los actores, las locaciones y de darnos cuenta que en el corto no quedaban condensadas un montón de ideas y situaciones que queríamos representar acerca del universo de los malabares, del punk y del viaje. Entonces a partir del guion del corto decidimos hacer unas historias paralelas a modo de historia coral, que llegan a un punto en que se unen y daban la estructura del largo.

¿Qué le interesa de la temática planteada en la película? ¿Por qué es importante?

JSM: La película surge de querer rescatar un sentimiento, el de querer irse del lugar donde uno nace. Ese sentimiento me embargó y, por eso, decidí hacer un viaje por Sudamérica; de alguna manera es un rescate a esos momentos previos. Ahora, no es una película de un viaje, es una película de alguien que sueña con viajar y que a partir de ese querer viajar surgen un montón de situaciones y anécdotas que hablan de los personajes y de cómo es su cotidianidad.

Es importante narrar cualquier cosa a través del cine porque es representarnos a nosotros mismos. Es una película de jóvenes, hecha por jóvenes, en la cual representamos muchas de las cosas que vivimos a diario. No hablamos de algo que nos conozcamos o que seamos completamente lejanos.

Es imposible desligar la película de Rodrigo D, ¿influyó la ópera prima de Víctor Gaviria en algo?

JSM: Yo creo que Víctor es un referente para cualquiera que haga cine en Colombia. Obviamente es una película que queremos y admiramos mucho, pero sentimos que esta película va por otro lado. Cuando empezamos el proyecto sabíamos de entrada que esa iba a hacer la primer cosa con la que nos iban a relacionar. Pero en vez de negarnos y decir no hagamos nada porque ya está, lo que hicimos fue olvidarnos de lo que ya se había hecho y dejar que la película empezara a encontrar su propio camino, su propia forma de ser, sin huirle o sin buscar un referente, sino simplemente hablando de un contexto con el cual nos identificamos: el contexto del punk. El cual ha cambiado muchísimo, no es el mismo de hace 30 años.

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La película se sitúa en Medellín, pero tiene connotaciones latinoamericanas, se puede presumir  de ahí el nombre, basado en el poema de Galeano, ¿era su intención hacer un retrato de esta geografía o fue obra del azar?

JSM: La película surge de un viaje que hice por varios países de Latinoamérica…cuando uno se percata que querer viajar no es algo inherente a un contexto, sino que es algo inherente a ser joven en cualquier lugar de ciudad de cualquier país. La película refleja ese deseo del joven latinoamericano, porque habla de querer encontrarnos a nosotros mismos.

Hablemos de los actores y los personajes… es conocido que algunos de ellos hicieron una representación de su vida, más allá de eso ¿cómo hacer de esa vidas una ficción?

JSM: Las situaciones que hay en el guion son similares a las que ellos viven; muchos de ellos viven en el semáforo, pero el contexto familiar que se muestra es completamente distinto, las motivaciones para viajar son diferentes. Obviamente sí está permeado por su forma de hablar, moverse, vivir la música, pero no deja de ser ficción.

No estamos hablando de situaciones alejadas para los realizadores, nosotros prácticamente tenemos la misma edad de ellos, muchos de los lugares que habitamos son los mismos; de modo que no estamos hablando de algo ajeno a nosotros. Fue como una combinación de experiencias personales y de la vida de ellos y de su rutina.

Algunas escenas están situadas en zonas de violencia y de ‘autogobierno’, eso desde luego en aras de la intención que tenían con la película, ¿qué fue lo más difícil de trabajar bajo esas dinámicas?

JSM: Para trabajar en Medellín, como en cualquier otra ciudad, hay que entender cómo funciona. Hubo varios factores complejos…precisamente, entender que la ciudad está fragmentada y hay unos poderes que la manejan y que no se mueve nada sin que ellos lo autoricen. Eso fue algo que nos tocó enfrentarnos todo el tiempo, dejando de lado los elementos que cualquier largometraje sea complejo: el ruido, el exterior… En el caso de Los nadie el factor más complejo fue el tiempo. La película se rodó en diez días, lo cual hace que todo gire más rápido, como el tiempo para tomar decisiones.

¿Por qué el blanco y negro?

JSM: Desde que la estaba escribiendo me la imaginé en blanco y negro. Me gusta mucho la atemporalidad que logra este recurso, porque no sabes si  es mañana, noche, tarde, no se entiende qué hora es. Necesitaba eso para rescatar el sentimiento de monotonía. El color genera demasiados distractores y quería estar concentrado todo el tiempo con los actores.

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La película ha sido muy bien recibida por la crítica nacional e internacional, ¿esperaba que fuera así?

JSM: No. esta película surgió por el deseo de querer hacer una película con un grupo de amigos. En un principio teníamos todo en contra para que existiera, por eso el hecho de que exista es para nosotros nuestro mayor triunfo. Ver que la película ha sido bien recibida nos llena de alegría. Nunca pensamos en un público o que llegara a un festival que si bien son importantes para toda película, no era nuestra intención.

¿Para qué hacer cine?

JSM: El cine es un reflejo de quiénes somos como país, como continente. El cine es fundamental para poder entendernos y generar reflexiones en torno a nosotros como sociedad.

Por último, ¿cómo ve la escena del cine nacional?

JSM: El cine colombiano ha tenido un renacer muy importante, se están haciendo películas que, más allá de los reconocimientos, están hablando de una forma de entendernos como país. Una forma de contar nuestras historias. Es muy importante que eso se siga haciendo porque, de alguna forma, eso son los documentos que quedan para la historia de las futuras generaciones, para que ellos entiendan quiénes somos, de dónde venimos y, muy posiblemente, para no volver a repetir un montón de cosas que nos han pasado.

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