Los paradigmas que nos agobian

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Por Oscar Gamboa Zúñiga

En el mundo de las perversidades se dice que repetir y repetir N veces una mentira, la convierte en verdad. Hace unos días escuche a Juan Gossain en una entrevista en un medio de comunicación nacional, haciendo referencia a su último libro y decía que lo que mas le aterraba de la corrupción era su aceptación social.

La triste realidad expresada por Gossain, enlaza con la introducción de esta columna en las narrativas y expresiones del día-día en nuestra sociedad. De esas expresiones que se repiten y repiten todos los días y que tristemente se volvieron unas verdades que son como unos patines sobre los cuales seguimos rodando y los hay de todas las tallas. Les puedo resumir algunas de las que se escuchan con frecuencia: “aproveche su cuarto de hora”….todos roban y cuadran su familia”…”en ultimas usted es solo un ave de paso en ese cargo”…”no le vaya a pasar como a Pedro Pérez que tuvo como arreglar su vida y ahora anda jodido”…no le de miedo que si lo pillan eso se cuadra con plata”…”mire a fulano de tal que robó en el cargo que estaba, lo acusaron, pura bulla de la prensa, no pasó nada y ahora lo nombraron en un cargo más alto porque no le comprobaron nada”…”solo hay que hacer las cosas bien porque si alguien lo denuncia lo importante es que no hayan pruebas”…”le tengo un mago que sabe hacer muy bien las cosas”…”tengo un primo que fue fiscal, y él sabe bien el rollo para que no la vaya a embarrar y lo pillen”…”cuando reciba la plata hay que darle algo a fulano para que no se toque”. En fin, son tantas y tantas mentiras que lamentablemente se volvieron verdad, que ya son la base de los nuevos paradigmas que atraparon en las redes de la corrupción al conjunto de la sociedad pública, privada, uniformada, religiosa, y de cualquier estirpe.  

De estos perversos paradigmas podríamos salir, formando desde primera infancia unos nuevos ciudadanos con sólidos principios y valores, pero mientras este proceso avanza, hay que buscar algo de más corto plazo, como tener una justicia tan fuerte y recia en lo ético, que se le tema de verdad y no sea rey de burlas.

El otro paradigma que nos atrapó es el de la violencia. Aquí todos los días a través de las redes y por la falta de tolerancia, alimentamos esta espiral. Desde la época de las confrontaciones políticas partidistas, la violencia se volvió pan de cada día. Inclusive después de la firma del acuerdo con las Farc, el país se dividió, esto es increíble y así me lo expresaban algunos amigos en el exterior, que pasa en Colombia que llevan 50 años de conflicto y llegan a algo impensable de convencer a una de las guerrillas mas antiguas del planeta de firmar un acuerdo de paz y gana el NO en el plebiscito, o sea, rechazan la paz?.

En la cotidianidad que volvió verdad el paradigma de la violencia, se escuchan expresiones como: “no le coma cuento a nadie”…”nada nos van a regalar y esto es guerreando”…”pilas, en la jugada que nos tumban”…”de muerto no voy a pasar”…”la única forma que le caminen a uno es cuando saben que uno es bravo y la guerrea”…”por las buenas no pasa nada”…”mi papa siempre manejo el cuento del dialogo y que por las buenas, por ello abusaron de él y murió pobre”.

La violencia tiene una modalidad que ya ha ganado mucho terreno. Como no creo en la justicia, la hago por mis propia cuenta, o sea, la violencia “como instrumento de defensa”. Como la justicia no me protege, yo busco quien me proteja; como la justicia no me resolvió mi queja o mi demanda, al menos dejo constancia que busque los caminos legales de la justicia, pero lo resolveré con unos amigos a nuestra manera. En fin, ya de todo se encuentra en este tipo de violencia.

Tenemos que trabajar con mucho vigor para revertir estas falsas verdades porque de no hacerlo cada vez esto será mas invivible, por la corrupción y la violencia. Es cierto que Colombia es víctima de los países consumidores y por ello seguimos siendo grandes productores de coca. Esta coca es la principal gasolina de la corrupción y la violencia porque los dineros que produce, en muchos casos financia campañas y luego a los elegidos les toca devolver esas platas con jugosos intereses, que obviamente salen del erario.

No hay opción, nos toca empezar desde el hogar con nuestros hijos o nietos, por eso no entiendo el proyecto de ley que hace tránsito en el congreso de prohibir que los padres puedan reprender a sus hijos. Ojo, reprender, NO flagelar.

Tendremos que trabajar para que exista una verdadera justicia, porque un accionar efectivo, justo y confiable brindará las respuestas que aportarán a la ruptura de los paradigmas mencionados y recuperará en la gente la confianza perdida, que inclusive por decepción ha empujado a muchos ciudadanos a caer en los mencionadas y perversas prácticas de cohonestar y practicar la corrupción y la violencia.

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