Los plazos de la paz

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Por Camila Zuluaga

@zuluagacamila

Después de lo sucedido en el departamento del Cauca, en el corregimiento de Buenos Aires, las reacciones del país político y civil han sido múltiples. Se han oído voces desde el reproche hasta la condena. Sin embargo, quizás lo más sorprendente y novedoso que se ha escuchado hasta el momento, increíblemente de parte del gobierno, es la necesidad de establecer un plazo perentorio a la negociación con las Farc.

 El primero en decirlo fue el vicepresidente Germán Vargas Lleras, quien a lo largo de los dos años de  diálogos de La Habana se había mantenido al margen; salió con voz recia a manifestar que la guerrilla no podía seguir jugando y que esto debía tener un término fijo. Por supuesto las suspicacias de muchos no se  hicieron esperar; se llegó incluso a pensar que esta era la mayor demostración de distanciamiento entre Vargas y Santos, pero esto no fue así pues poco a poco se fueron sumando las voces del gobierno y de la Unidad Nacional en el legislativo secundando la idea.

 Sin embargo el gran interrogante es: ¿Por qué razón cada vez que los ilustres del alto gobierno, al hablar en estos días de ponerle un término perentorio a la negociación, no plantean cuál sería un plazo adecuado para poner como limite a los diálogos?  Así son de «geniales» nuestros dirigentes:  proponen plazos pero no dicen cuáles.  Hablan de que no podemos seguir dilatando y dilatando, pero no proponen de manera responsable una estrategia que nos ayude a salir de está situación.

 Aunque no se ha propuesto una fecha, por supuesto Santos ya tienen en mente una estrategia que no  sé que tan sana pueda ser para la dinámica del proceso y del país. Él estaría evaluando con sus asesores pedirle al legislativo facultades especiales que le permitan avanzar en el proceso; estas facultades serían por un tiempo determinado, un año por ejemplo, y ese sería el plazo al que se estaría refiriendo. ¿Pero son sanas esas facultades especiales para una negociación justa y equitativa con los Colombianos? No lo creo…

 Si nos ponemos a analizar, es claro que llevamos bastante tiempo en las discusiones de la paz, ¿pero acaso puede resolverse un conflicto de cincuenta años como el nuestro en un santiamén? Por supuesto que no. El desespero no puede apoderarse de la mesa, y la experiencia internacional nos muestra que los otros conflictos existentes que se han solucionado a través del dialogo  han durado mucho más de dos años. El gran problema que tenemos en Colombia es que se ha tomado como un tema político y de agenda personal. Pero si el presidente fuera consecuente con lo que habló en campaña, que la paz es de todos y no solo de él, no habría entrado en la dinámica de pensar que solo en su gobierno se puede firmar. Si este es un proyecto nacional, no importa cuál sea el dirigente de turno, todos debemos aunar esfuerzos para que pueda llegar a su fin. Que no se afane el presidente, que de eso no queda sino el cansancio.

Para el país no es importante que quien ponga la firma en el papel de la paz sea él, tal vez eso es clave para su ego pero no para nuestra historia, este debe ser un proyecto de nación.

 Que la presión de dejar marcado en la historia su nombre como el redentor y quien solucionó el conflicto más importante que hemos tenido, no dañe un proceso que ha sido difícil y tortuoso pero necesario para todos. Que la paz la firme quien tenga que hacerlo, pero en el momento adecuado y de la forma correcta, no vamos a sacrificar un país por cuenta de las aspiraciones de un individuo.

 Una cosa más: Por supuesto que el Centro Democrático iba a aprovechar políticamente lo sucedido en el Cauca, ¿pero acaso así no lo han hecho siempre tanto la izquierda como la derecha, valerse del dolor que produce el conflicto para argumentar y respaldar sus teorías?

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