Los resultados del proceso con las FARC

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Por Hector Riveros Serrato

@hectorriveros

Hace algo más de dos años que el Gobierno colombiano anunció que había iniciado un proceso con la guerrilla de las FARC para dar por terminado el conflicto y que lo haría en medio de la confrontación. Un alto porcentaje de colombiano que desconfían de esa guerrilla se ha mantenido escéptico e incluso opuesto a que se intente negociar en vez de persistir en la ofensiva militar hasta derrotarlos definitivamente.

Otro importante grupo ha sostenido reiteradamente que quiere “la paz” pero señala tal cantidad de condicionamientos y de exigencias que en realidad está tras de un sometimiento y no de una negociación. La denominada “salida política” supone, en cambio, reconocer de una parte que hay condiciones sociales, políticas y económicas que han favorecido la existencia durante 60 años del conflicto y que hay que removerlas y que una negociación supone hacer concesiones de lado y lado.

Algunos se preguntan cuáles son las concesiones que harán las FARC y la respuesta más obvia es: dejar de existir. Lo que se está negociando es que la guerrilla deje de ser guerrilla, que deje las armas y renuncie a la violencia con un pretexto político y por supuesto que abandone todo tipo de actividad delictiva. A cambio, la sociedad avanza en cambio socio-políticos, que no son gran cosa y que los colombianos tenemos el deber de hacer con o sin acuerdo en La Habana. Son los tres puntos que se han acordado con los negociadores de las FARC. Y, segundo, conviene unas reglas de justicia transicional que consisten en beneficios jurídicos a cambio de verdad, reparación y garantía de no repetición. Éstas últimas son las que faltan por negociar y seguramente serán el punto más duro no solo porque la guerrilla querrá que no haya justicia, sino porque la mayoría de la ciudadanía está en contra de que se otorguen esos beneficios.

Ese clima de opinión adverso es el resultado del dolor que han dejado años de crueldad de la guerrilla pero también es el costo de “negociar en medio de la confrontación”. Para los colombianos ha sido muy difícil creer en el proceso de La Habana cuando simultáneamente en Colombia la guerrilla asesina niños, miembros de la guardia indígena, pone minas en los alrededores de escuelas, mata soldados y un largo etc de delitos.

Por eso la noticia del cese de fuego unilateral e indefinido decretado por las FARC es verdaderamente histórica y de su permanencia depende hoy la sostenibilidad del proceso. A esa noticia no se le ha dado toda la importancia que tiene por el desprestigio de las FARC pero noticias similares cambiaron el rumbo de la historia de España y el Reino Unido cuando fueron dadas por la ETA y el IRA.

Llevamos 22 días desde que se dio inicio a esa especie de tregua y es evidente que la situación, especialmente en un departamento como el Cauca, es distinta. Se ha publicado un informe serio, que transcribimos en su totalidad en esta edición, del Centro de recursos de análisis de los conflictos, CERAC, que señala que desde hace más de treinta años no se había llegado a un punto de “no confrontación” como al que hemos llegado. El informe dice que no hay evidencias de acciones de las FARC que puedan ser consideradas como incumplimiento al cese de fuego decretado por ellos mismos. El Presidente Santos, seguramente con base en información oficial, ha dicho que la guerrilla ha cumplido.

Si la tregua se mantiene los colombianos podremos tener a la mano las ventajas de terminar “el conflicto”. Tal vez nos acostumbramos a la confrontación, entre otras porque la mayoría de la población actual no ha vivido un día sin esa zozobra y eso ha llevado a que algunos “alegremente” y con poses de “machitos” pidan que siga la guerra y proclamen a los cuatro vientos que: “con esos delincuentes no hay nada que negociar”.

La diferencia entre estos veinte días y los días previos, o los de más allá, o los de hace años es abismal. No podemos seguir jugando a la guerra, hay que apoyar sin condiciones el esfuerzo del gobierno por acabar esto de una vez.

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