Los retos de la Universidad del Pacífico

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Germán Ayala OsorioPor Germán Ayala Osorio

Comunicador Social – Magíster en Ciencias Políticas

Miembro del Centro Interdisciplinario de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

Concluido el proceso de selección de docentes para cubrir por lo menos cuarenta plazas que el gobierno central abrió en la Universidad del Pacífico, ahora resta esperar que dicho centro de formación se inserte política y académicamente en las graves problemáticas que afronta Buenaventura y, en general, la región Pacífica.

Su inserción debe darse en torno a los usos razonables de la biodiversidad que aún se mantiene en pie a lo largo del litoral a pesar de la presencia depredadora de empresas nacionales y multinacionales dedicadas a la explotación de madera, oro y otros minerales, así como de la siembra de palma africana y de otros monocultivos de uso legal e ilegal, como los de coca y amapola.

Buenaventura es hoy epicentro de múltiples violencias que no solo requieren de la presencia social y económica del Estado, a través de la inversión y el diseño de un modelo de desarrollo acorde con las circunstancias culturales y geográficas, sino de la presencia de la educación superior, como un camino posible para modificar sustancialmente la vida de los bonaverenses.

Reencaminar la Universidad del Pacífico le corresponde no solo a la dirección administrativa, sino a los docentes, quienes tienen también el deber de modificar las formas como dicho centro educativo venía operando en el puerto, un lugar contaminado por prácticas politiqueras y de manejos administrativos y presupuestales poco prístinos.

Los manejos indebidos de los recursos públicos de anteriores administraciones no se pueden repetir. En este aspecto, crucial para el devenir de la Universidad del Pacífico, debemos demandar y exigir mayor vigilancia de la Contraloría General de la República y de la Procuraduría General de la Nación. El despilfarro de los recursos estatales debe erradicarse de esta universidad, institución que a partir de este momento tiene una segunda oportunidad para sobrevivir.

La responsabilidad de los docentes que ganaron el concurso es mayúscula en tanto que deberán enfrentar múltiples fenómenos de violencia, y aprender a sobrellevarlos, en un municipio arrinconado por viejas prácticas politiqueras de caciques y gamonales, mestizos y blancos, que lograron inocular las formas de proceder de muchos funcionarios afrodescendientes que han llegado al poder político, para reinvidicar no una lucha cultural y social de un grupo étnico, sino para profundizar los procesos de estigmatización provenientes de centros de poder local, regional y nacional, que de manera abierta y soterrada desdicen la cultura afro.

Buenaventura, como ciudad-puerto, es la expresión de un Estado nacional débil y de un orden regional que históricamente ha mirado el puerto y a su gente con desdén  y con muestras claras de racismo y discriminación. De igual manera, en la afable Buenaventura confluyen diversas lógicas y racionalidades con arraigos culturales disímiles, que han terminado por arrinconar lo autóctono y la cosmovisión afro, hasta el punto de hacerla responsable no solo de la violencia sino de los problemas que exhibe la ciudad portuaria para conectarse con dinámicas y discursos sobre lo que aún se considera como progreso y desarrollo.

Será en ese contexto en el que los docentes de sociología, ciencia política y arquitectura, entre otros, deberán moverse en una dirección que no tiene discusión: hacer de la Universidad del Pacífico un centro de pensamiento alrededor de la cultura afro y de los problemas y ventajas que ofrece la ciudad-puerto, en las que confluyen otros grupos étnicos.

La investigación, la producción académica, la intervención social y la participación en el diseño y la discusión de políticas públicas serán algunas de las herramientas de las que deberán echar mano los nuevos docentes que llegarán a la Universidad del Pacífico. Quienes quieran insistir en prácticas politiqueras, que permitieron que la Universidad del Pacífico se conociera como un foco de corrupción y clientelismo, ojalá recaiga sobre ellos un fuerte control de la gente del puerto y la férrea vigilancia de los entes de control local, regional y nacional.

Bienvenida, pues, esta nueva etapa para la Universidad del Pacífico y a los profesores, que en adelante tendrán la responsabilidad, política y académica, de vigilar, intervenir, explicar y confrontar, con el discurso académico y científico, unas realidades complejas asociadas a un pensamiento económico y político que desconoce a la cultura afro y, por ese camino, somete zonas biodiversas y frágiles a procesos violentos, irracionales e inconsultos de intervención.

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