Los retos de santos en su segundo periodo

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German-Ayala-OsorioPor Germán Ayala Osorio

Comunicador social y politólogo. 

Juan Manuel Santos Calderón en su segundo mandato deberá no sólo concretar acuerdos de paz con las guerrillas de las Farc y el ELN, y firmar el fin del conflicto armado interno, sino diseñar escenarios de posconflicto que permitan y aseguren una paz duradera y estable.

De antemano los colombianos deben saber que alcanzar la paz tomará tiempo y tendrá altos costos económicos y políticos, pero sobre todo, necesitará de un profundo cambio cultural.

Santos deberá liderar ese profundo cambio cultural que necesitará el país para superar más de 50 años de guerra, pero sobre todo, para erradicar costumbres y prácticas violentas, propias de países con procesos civilizatorios negativos o en camino de convertirse en fallidos.

Santos deberá invitar y comprometer a varios actores de la sociedad civil en la tarea de agenciar cambios culturales en las maneras como nos relacionamos con la Naturaleza, con el medio ambiente y entre nosotros mismos. Habrá que dejar atrás la cultura patriarcal y machista, y proscribir la cultura del atajo y del todo vale que se impuso en Colombia entre 2002 y 2010.

Los medios de comunicación, la Iglesia Católica, los gremios económicos y las universidades, entre otros actores, tienen la obligación moral y el compromiso político de acompañar al Presidente Santos en la tarea de transformar la sociedad colombiana.

Los medios de comunicación, por ejemplo, deberán ajustar sus criterios de noticia para realidades y hechos propios del posconflicto. Y para aportar a la consolidación de la paz, las empresas mediáticas deben modificar sus rutinas de producción y sus valores noticia. Pero no sólo el discurso noticioso debe modificarse, sino el publicitario. Resulta a todas luces inconveniente continuar con mensajes publicitarios discriminatorios de grupos como los indígenas y los afrocolombianos. Igual sucede con aquellos mensajes sexistas con los que se promueve el sometimiento de lo femenino y de la mujer a los intereses del Gran Macho que deambula entre nuestros imaginarios y sobre el que se fundan nuestras ejercicios representacionales alrededor de la mujer; o aquellos que insisten en una masculinidad que desconoce y violenta a miembros de la comunidad LGTBI. Allí habría un aporte importante y definitivo a la consolidación de la paz de parte de la llamada industria cultural.

Ahora bien, estamos hablando de un proceso de cambio cultural que supera el segundo periodo de Santos. Por ello, desde ya el mismo presidente Santos y las fuerzas políticas y sociales que lo acompañan en su idea de alcanzar la paz negociada, deben trabajar en la consolidación de liderazgos distintos y de líderes que realmente estén convencidos  de lo que  necesita Colombia para avanzar hacia una sociedad civilizada y moderna.

Las universidades públicas y privadas deben participar activamente de ese proceso de cambio cultural formando ciudadanos comprometidos políticamente con el devenir del país. Es urgente que de las universidades egresen  ciudadanos formados en pensamiento crítico, y libres de ataduras ideológicas y de prácticas culturales premodernas. Otro ciudadano es posible de concebir en las aulas tanto de las universidades públicas como de las privadas.

Los colombianos estamos ante una oportunidad histórica de superar el conflicto y de transformarnos culturalmente. No podemos estar ajenos a este momento histórico. Por el contrario, debemos ser responsables y actuar en consecuencia. Para ello, cada uno de nosotros debe convertirse en un generador de opinión pública divergente, esto es, aquella opinión que apoya las negociaciones de paz con las guerrillas y que cree en la urgente necesidad de perdonar a los victimarios; pero también, en esa opinión que demanda del Estado protección y bienestar para todos y de las élites económicas y políticas, mayores esfuerzos y responsabilidades para liderar los cambios que la sociedad colombiana requiere para consolidar escenarios de posconflicto y por ende, lograr una  paz duradera.

El camino estará lleno de espinas y de obstáculos. El Centro Democrático y otras fuerzas políticas, sociales y económicas de ultraderecha harán todo lo posible para impedir que el país se transforme culturalmente. Cada uno de nosotros deberá elegir entre seguir haciendo parte de una sociedad premoderna y violenta, o de una moderna, civilizada y respetuosa de la diferencia.

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