“Los segundos gobiernos no son necesariamente peores que los primeros”: Daniel Samper Pizano

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Entrevista de Claudia Palacios 
@claudiapcnn

Daniel Samper Pizano es uno de los periodistas cuyas columnas son de lectura obligada.  EL PUEBLO tuvo la fortuna de tenerlo como director en los años setenta y volverá a tenerlo pronto. En esta conversación habla de los recuerdos de ese año caleño de su vida, de por qué no confía en el presidente Santos, de su esposa Pilar, de su hijo Daniel, de su hermano Ernesto y del oficio con el que, asegura, pronto dará sorpresas.

claudia y samper

Claudia Palacios: Bienvenido de nuevo a EL PUEBLO, una de sus casas. ¿Se siente alguna cosita?Daniel Samper: Claro, por eso vine desde Madrid a la refundación de EL PUEBLO, es que uno de mis mejores años fue el que pasé en Cali.

C.P.: ¿Por qué solo un año?
D.S.: Fue un contrato a un año. Con Pilar, mi señora, queríamos irnos a Europa, pero salió esta oportunidad, donde me pagaban bien y nos iba a servir para vivir mejor en Europa. Me fui con lágrimas en los ojos porque adoraba a toda mi redacción. Dejamos amigos entrañables. Adoré a Cali, adoré a los caleños, adoré a las caleñas, por supuesto.

C.P.: Y con Pilar a bordo…
D.S.: Le encantaba que yo me fuera de la casa. Ella también estuvo feliz. También trabajaba en EL PUEBLO, era la directora de revistas. Íbamos a fútbol por la noche, que era una experiencia que no había tenido.

C.P.: ¿Y a qué equipo le hacía fuerza?
D.S.: Al América, que es el Santa Fe de tierra caliente.

C.P.: Bueno, ¿cómo le parece que ha resultado este experimento de revivir EL PUEBLO? Hay que tener un poco de loco para abrir un periódico cuando en el mundo los están cerrando…
D.S.: O un poco de loco o una audacia de visionario, que no sé cuál de las dos sería. Quizás era el momento de hacerlo. Yo he sido periodista, pero no empresario de prensa. Una de las cosas que pienso es que la posición política no tiene por qué influir en el periódico, y se los dije a los de EL PUEBLO en el año 75. Creo que cuando contaminaron la información con la agenda política, el periódico empezó a sufrir.

C.P.: ¿Recuerda alguna cobertura contaminada en el sentido que dice?
D.S.: Sí, hubo un episodio que fue divertidísimo. El director era Marino Renjifo, que era llerista, muy político. Yo le decía: “Marino, no te metas, mi área es la dirección y aquí nadie se mete”. Siempre tuvimos muy buena relación. Una vez fue Turbay Ayala, y como Marino era llerista, no le gustaba Turbay. Él lo recibió en la dirección y se tomaron la foto correspondiente con alguna persona de más. Luego, Marino cogió al fotógrafo y le dijo: “Ve, borrame de la foto, sácame de la foto”. El fotógrafo lo borró, pero como el escritorio de la dirección tenía vidrio, entonces, se reflejaba el fantasma de Marino en el escritorio. Tuve pocos incidentes y él fue generalmente respetuoso.Diría que hubo más interferencia de la oligarquía caleña que de la política.

C.P.: Por ejemplo…
D.S.: Se presentó una huelga de corteros de caña en uno de los ingenios; entonces, los amigos del club de la familia Londoño –los propietarios– les dijeron que eso era peligroso y tal. Yo mandé a hacer una información sobre eso. Cuando teníamos el punto de vista de los trabajadores, llamamos al vocero de los empresarios, pero este no quiso hablar y llamó a los Londoño, que me llamaron y yo les dije: “Nada, la información va”. Pero cuando me fui esa noche del periódico, hubo una intromisión: llamaron a la persona que hacía el turno de la noche para que pusiera la nota en páginas interiores. Eso era una intromisión intolerable. Les dije que no me iba solo porque ya estaba a punto de terminar mi contrato y no quería irme de pelea. Pero si eso hubiera pasado antes, me hubiera ido.

C.P.: ¿Y qué recuerda de esa época?
D.S.: Lo mejor era el trabajo, era una delicia trabajar en un equipo que estaba integrado. Yo siempre he creído que la vida es como el fútbol y organicé la redacción como un equipo de fútbol.

C.P.: ¿Pero eso en términos del cubrimiento de una noticia cómo se hace?
D.S.: Por ejemplo, los de deportes, que siempre son una zona aislada, tenían que cubrir las noticias de la noche como cualquiera otra. Tenían que saber quiénes eran los ministros, los gobernadores. Le pegábamos cada ‘chiviada’ a El País y eso era la gloria. ‘Chiviábamos’ nacionalmente también, con una mística extraordinaria. Y luego sí los complementos: las idas a bailar a Juanchito, las idas a comer donde Los Turcos, a tomar jugo de mandarina y a ver pasar a las muchachas; claro, siempre con nuestras señoras y siendo muy cuidadosos.

Ella

C.P.: Ahora que usted habla de las técnicas para manejar a la redacción. ¿Qué es lo mejor y lo peor del periodismo actual?
D.S.: Lo mejor del periodismo de ahora son las nuevas tecnologías de la información y lo peor son las nuevas tecnologías de la información. Pueden servir para llegar antes, para llegar mejor, o para llegar antes a la mentira, o para a que le metan a uno goles, o para a caer en tentaciones. El sacudón tecnológico ha sido muy grande y todavía no sabemos qué tenemos que hacer. Pero unas de las malas consecuencias es que el periodista se sienta a ver qué le mandan, y eso es fatal. Al mismo tiempo, Internet sirve para llegar a muchos sitios donde de otra manera sería muy difícil llegar. Las oficinas del Gobierno tienen que poner muchos de sus documentos en línea y por eso ahora hay un espíritu de mayor transparencia.

C.P.: Eso en cuanto a las herramientas, ¿y en cuanto a los periodistas?
D.S.: Por lo que veo, lo que creo es que ahora se está valorando más la habilidad tecnológica que los conocimientos generales, o el olfato periodístico, o la capacidad de escribir bien.

C.P.: ¿Usted cree que acá podría pasarnos lo que a nuestros colegas en Venezuela y Ecuador, que terminaron censurados por los cambios en las leyes o autocensurándose, luego de pelearse con los gobernantes sobre quién es el dueño de la verdad?
D.S.: Habría que verlo un poco. Tenemos periodistas que son muy importantes, con defectos o sin defectos, que tienen una personalidad muy importante. Uno solo se puede defender de verdad frente a las amenazas y acechanzas con buena formación, con firmeza. Y es sorprendente lo que ignoran los periodistas sobre la historia de Colombia. En este país siempre han funcionado otras técnicas de seducción, de cogobierno; invitan al periodista: “a ver, ayúdeme a pensar”, y el periodista cae en esas trampas.

C.P.: Ahora que tenemos a un Santos en la Presidencia, a un Santos en la revista más importante del país y a El Tiempo, que si bien ya no es de la familia sigue teniendo una gran influencia, ¿usted ve un cogobierno ahí?
D.S.: Los cogobiernos se producen más en episodios concretos. Después del Frente Nacional, los partidos dejaron de tener tanta influencia en los periódicos. Vino una nueva generación de periodistas que inclusive luchó por que se independizara la línea editorial de los comentaristas. Antes era imposible que un comentarista discrepara de la línea editorial, y ahora eso es normal.

C.P.: ¿Cuáles de los Santos siguen siendo santos de su devoción y cuáles no?
D.S.: Yo sigo siendo muy amigo de Enrique, aunque hubo momentos en los que tuvimos discrepancias muy profundas. Con Rafa sigo siendo buen amigo. Me parece que Pacho es un gran tipo, pero no para lo que él cree. Desconfío más de Juan Manuel. Es un tipo brillante, muy bien preparado, muy inteligente, pero tiene el problemita: que se fija una meta y piensa poco en los medios que va utilizar para alcanzarla.

C.P.: ¿Cuál es la desconfianza que tiene en este momento?
D.S.: Pongamos un caso muy claro: cuando se le presentó una oportunidad de invadir a Ecuador para bombardear un campamento de las Farc, le importó cinco que se violara la ley internacional. Lo hizo. Él en muchos casos pasa por encima de determinados valores e incluso de conductas anteriores para lograr la meta. Yo no pienso así.

C.P.: Si sumo ese comentario a la realidad de que los segundos periodos no son tan buenos, ¿qué cree que va a pasar en el segundo gobierno de Santos?
D.S.: Difícil saberlo. Una de las peores aventuras es pronosticar. Daniel era un profeta, es decir, yo tengo nombre de profeta, pero me aterran las profecías. Los segundos gobiernos no son necesariamente peores que los primeros. Si Santos consigue que las Farc firmen un acuerdo, va a haber un proceso muy interesante de construcción de la paz. No necesariamente hay que partir de esa base pesimista.

C.P.: ¿Usted va a votar por Juan Manuel Santos?
D.S.: No.

C.P.: ¿Por quién?
D.S.: Por Clara López, yo le voto al Polo.

C.P.: ¿Votaría por Timochenko y por Iván Márquez?
D.S.: Sí, depende de las circunstancias. No me gustan los personajes, pero si eso fuera necesario como aporte para que dejaran las armas y defendieran civilizadamente sus puntos de vista, sí lo haría.

C.P.: Cuando venía a hacer esta entrevista, me dijeron que si iba a entrevistar a Daniel el bueno, o sea usted, o a Daniel el malo, o sea su hijo. ¿Cómo le parece que él lo haya liberado de su condición de ‘Daniel el travieso’ del periodismo?
D.S.: (Risas) Cada vez que leo esas columnas venenosas siento que lo eduqué divinamente.

C.P.: ¿Nunca ha pensado: “Uy, se le fue la mano”?
D.S.: Cada vez que lo leo. ¡Pero si el humorista tiene que llegar al borde y a veces pasarse un poquito! Él tiene su filosofía, dice que es un caricaturista y los caricaturistas exageran los rasgos físicos. Yo no lo haría. En realidad, yo nunca hice sátira política, hice sátira social.

C.P.: ¿O sea que usted está orgulloso y no avergonzado de su hijo Daniel?
D.S.: Yo estoy muy orgulloso del calvo ese.

C.P.: ¿Cómo le va de abuelo?
D.S.: Bien, pero quiero más.

C.P.: ¿Quiere más nietos?
D.S.: No, bisnietos. Abuelos hay muchos; ser bisabuelo es más difícil.

samper

C.P.: Uno le pregunta a la gente que está empezando su carrera qué sigue después. Pero una persona que ya tiene…
D.S.: Cómo así que ya tiene…

C.P.: Bueno, una persona que tiene 69 años. Me da curiosidad saber usted qué piensa hacer después de haber escrito tantos libros, columnas, libretos, de haber hecho de todo.
D.S.: Le voy a responder con dos palabras: habrá sorpresas.

C.P.: ¿Escritas, habladas, dramatizadas?
D.S.: Solo: habrá sorpresas, antes del mundial, antes del 8 de junio, cuando cumplo años.

C.P.: ¿Pero qué?
D.S.: Puede ser desde un obispado, hasta jugar en la Selección Colombia.

C.P.: ¿Va a reemplazar a Daniel en SoHo?
D.S.: Tocó un tema muy duro, que realmente me tiene muy ofendido. Cuando lo nombraron en SoHo, yo le dije: “Usted necesita un tipo de entera confianza que le haga los castings, eso no se lo puede dejar a cualquier lagarto porque va a querer acostarse con todas. Su papá es el único que puede hacer esa vaina con seriedad”. Nunca me nombró para esa vaina.

C.P.: Me ha mencionado varias veces a Pilar. ¿Qué es Pilar para usted?
D.S.: (Pilar, ¿que qué soy para usted? –sube la voz). Pilar es mi todo, mi polo a Tierra, es una gran compañera que además tiene la particularidad que se acuesta conmigo. Los temas nuestros son divertidísimos porque son la música, la literatura… Es como vivir con un amigo. Y un día, además, lograré que dejemos el sexo; eso va a ser la gloria absoluta.

C.P.: Cuénteme algo de su hermano Ernesto.
D.S.: Lo quiero tanto como a Pilar, pero no me acuesto con él. Lo quiero y lo admiro mucho; muy buena persona, y eso le ha hecho mucho daño. En la política hay que ser un poco hijueputa. Voté por él cuando fue presidente, pero nunca más voté por él. Yo nunca voté por las listas del Partido Liberal, yo votaba por Luis Carlos Galán. Siempre o casi siempre he votado por los candidatos de izquierda.

C.P.: ¿Y él le hace caso?
D.S.: Soy el mejor consejero de él porque siempre hace lo contrario de que le digo.

C.P.: Usted tiene cero olfato político.
D.S.: De mecánica política, cero. Sinceramente, no me gusta mucho la política. Tengo que hablar de eso porque es mi profesión, y procuro hacerlo de buena fe, con honestidad, reconociendo los impedimentos que tengo, como que ser hermano de Ernesto me impide tocar una cantidad de temas.

C.P.: ¿Le hubiera gustado que él no fuera presidente?
D.S.: Sí, claro. Bueno, si me preguntan antes, no; pero luego sufrimos mucho en nuestra familia con las infamias que le hicieron. Yo creo que ha sido más amargo que otra cosa. La Presidencia es una gloria muy amarga.

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