Los tiempos de la paz

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Camila-ZuluagaLos tiempos de la paz

Por: Camila Zuluaga

Twitter: @zuluagacamila

La paz es la palabra más escuchada en los discursos políticos de estos días. La posesión del presidente Juan Manuel Santos el siete de Agosto estuvo llena de símbolos del tema que lo hizo llegar a la presidencia. Porque si algo tenemos claro los colombianos, y más claro aún nuestro mandatario, es que si hay alguna razón por la que ganó para estar un segundo periodo en la Casa de Nariño es para llevar a buen termino las negociaciones de La Habana. ¿La gran pregunta es dentro de cuánto se logrará?

Esta semana que termina la Corte Constitucional ratificó la exequibilidad del marco jurídico para la paz, con ponencia de la magistrada encargada Martha Sáchica. Este no es otra cosa que la justicia transicional que se les aplicará a los alzados en armas una vez se llegue a un acuerdo en La Habana.  En él se estipula que no podrán hacer política ni ocupar cargos públicos quienes hayan incurrido de manera sistemática en delitos de lesa humanidad. Igualmente se exhorta al Congreso a definir la sistematicidad y cuáles son los delitos conexos a la actividad política.

Surge de nuevo la pregunta sobre el tiempo ¿Cuánto tardará el Congreso en reglamentar ese marco jurídico?  Los tiempos, a ojo de buen cubero, son los siguientes: El legislativo debe hacerlo a través de una ley estatutaria, que tiene que surtirse en una legislatura con mayoría absoluta; es decir, aproximadamente un año. Posteriormente, como toda ley estatutaria, debe regresar a la Corte para que esta ejerza el control constitucional ¿Cuánto se demorará la Corte en estudiarlo? No  lo sabemos. Lo que si sabemos es que la reglamentación no se dará en menos de un año.

Así que surge otro interrogante: ¿El Congreso debatirá la ley estatutaria que reglamentará el Marco Jurídico antes de que se firme el acuerdo en Cuba, o va a empezar a hacerlo desde ya?  Si va a esperar a que se firme el acuerdo en La Habana, quiere decir que los integrantes de las FARC tendrán que estar en la isla, parqueados, esperando un año y medio a que se reglamente la justicia que se les aplicará.  ¿Qué harían las FARC mientras se surte esa deliberación en el legislativo?  Eso es algo que aún no ha resuelto el gobierno y sería bueno que lo hiciera, o que por lo menos  le contará a la opinión publica para que no nos hagamos ilusiones con que la paz está a la vuelta de la esquina. A esto le falta, y le falta mucho.

Se nos ha dicho también que no habrá acuerdo sin refrendación por parte de la sociedad civil. Que nada estará acordado  hasta que todo este acordado, y que la ciudadanía será la que le dará el visto bueno al acuerdo. Nos preguntamos entonces: ¿Vamos los ciudadanos a votar en las urnas por un acuerdo reglamentado o sin reglamentar? ¿El gobierno promoverá la consulta antes o después de aprobada la ley estatutaria?

Por el accionar del gobierno y la guerrilla, pensaría que los tiempos que se tomarán serán los más largos. Para no molestar a las FARC, probablemente no se debatirá la ley estatutaria hasta que no se firme el acuerdo,. Esperemos que no se imponga la refrendación hasta que no se conozca cómo  quedan las reglas del juego.  Los ciudadanos merecemos saber qué es lo que vamos a votar y que vamos avalar en las urnas sobre el proceso de paz.  Muchos apoyamos las negociaciones, estamos de acuerdo con ellas, pero así mismo pensamos que es importante que las cosas sean claras y transparentes, y necesitamos saber cuáles son las cartas que tenemos sobre la mesa.

Lo cierto, es que en términos de tiempos, sea cual sea el escenario que se decida, estemos de acuerdo con él o no, a esto todavía le falta mínimo un año y medio;  es decir, que no es que la paz esté  aquí no más como muchos han querido hacer ver.  A esto le falta tiempo y, si le apostamos como ciudadanos a ese proyecto, la paciencia debe acompañarnos.

Una cosa más: No será que para las próximas posesiones se pueden ahorrar los anuncios protocolarios, en esta oportunidad tanto presidente del Senado como de la República saludaron hasta a los que no fueron, y los saludos fueron más largos y profundos que sus discursos.

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