Martha Lucía: lo que el viento se llevará

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Gustavo OrozcoPor Gustavo Orozco

No se equivoca el senador Cristo al predecir que la candidatura de Martha Lucía Ramírez no será más que flor de un solo día. O la traicionarán sus copartidarios hambrientos por mantener la mermelada gobiernista, o será el caballito de madera de los uribistas que se desesperanzan con la soledad de Zuluaga, o caerá solita como Mockus, por mala oradora y poco carisma. Sea lo uno o lo otro, Martha Lucía es desde ya una vaca flaca con pocas esperanzas de vida.

José Obdulio Gaviria, de mentiroso o imprudente, se refirió al interés de los uribistas en la candidatura azul de Ramírez. La afinidad es obvia, y el mismo Uribe no representa más que los intereses conservadores. Igualmente, los uribistas son azules, y los azules son uribistas. Competirle al jefe supremo será imposible para Ramírez, ni ella misma se atreverá al final. Pero de algo servirá el distanciamiento del Gobierno y la salida de la Unidad Nacional, así los uribistas se aseguran una adhesión oficial de los azules por una candidata elegida “independientemente.” Los votos, naturalmente esquivos y aún más dispersos con una adhesión, en algo contribuirán a los chances mínimos de Zuluaga. Así que Uribe y su equipo no tienen nada que perder.

El senador Cristo puede que exagere al decir que Ramírez no tiene el apoyo de la bancada conservadora en el Congreso, pero sí habrá más de uno que lo piense dos veces. Los congresistas entienden muy bien la diferencia entre estar en el Gobierno y estar en la oposición. Después de rascarse la panza en el lado que les conviene, no muchos estarán tan dispuestos a perder la mermelada. Ni más faltaba. Con influencias, puestos, contratos y recursos, ¡quien se querrá ir! Poco les vale la ideología, porque Santos hoy tiene poco de Conservador. A pesar de que las bases conservadoras están cada vez más descontentas con un presidente de tintes liberales, el cálculo político y clientelista es el único que cuenta en las carreras electorales de Colombia. Pero no es ningún misterio: los partidos no nos representan desde hacer mucho.

O bien Ramírez caerá por cuenta propia por sus horroríficas habilidades como oradora: se enreda y se embarra al mejor estilo mockusiano–, ninguno sirve para hablar en una plaza pública y no tienen idea de cómo venderse a sí mismo. Marta Lucía no tiene carisma, le falta actitud para energizar su campaña. Y, para rematar, creo que a más de un conservador de pura estirpe no le caerá muy bien votar por una mujer, tenga o no las cualidades para ser elegida. Para muchos, en este país machista, estar en el otro bando es de por sí la condena para cualquier credencial.

Por una u otra razón, Martha Lucía es una flor ya marchita. En semanas estará al lado de Uribe, disfrazada de azul debajo del camuflado guerrerista de los uribistas. Así como hacen sus copartidarios, según calculo, Ramírez no entra en la ecuación.

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