Más allá de la inseguridad

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hernando-uribe-castroHernando Uribe Castro

Integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

Un discurso que ha permeado profundamente en la sociedad colombiana es aquel que considera que la mejor estrategia para afrontar la situación de in-seguridad en las ciudades es el aumento del pie de fuerza armada. Esta postura legitima sin problema alguno que los gobiernos dediquen muchos más recursos para las fuerzas armadas y la guerra que para otros sectores como la salud y la educación.

El aumento de policías y militares no va a mejorar las condiciones de vida de la población, así como tampoco garantiza la seguridad en su sentido más amplio. Llama la atención que a pesar de que se aumenta en el número de agentes policiales, controles informáticos, cámaras de vigilancia y todo tipo de infraestructura para la seguridad, la violencia y la criminalidad se mantiene, así como se mantienen las condiciones de pobreza y miseria de la mayor parte de la población. Es paradójico además que las personas piensen que su seguridad se garantiza con más fuerza policial al tiempo que en el ambiente social se percibe desconfianza hacia esta institución.

Esta solución reduccionista no dimensiona que el fenómeno de in-seguridad que vivimos en nuestra sociedad es mucho más estructural y que involucra, por supuesto crimen organizado, pero también una justicia débil, corrupción de agentes del Estado, desproporción en la distribución de la tierra y una acumulación y monopolio de la riqueza. Además, falta de oportunidades para la mayor parte de la población, mercantilización de la educación y la salud, abandono y precariedad de las comunidades y espacialización focalizada de la injusticia y la inequidad social. La in-seguridad se siente no solo en las calles, sino en toda la estructura social.

Justamente respuestas de este tipo aseguran el funcionamiento del modelo represivo que es tan importante para el control de la sociedad civil. La llegada de más pie de fuerza asegura el mercado de armas y los costos para formar más y más hombres en armas y no tanto en paz. La ecuación es perfecta: la violencia es una variable muy rentable del mercado.

Soluciones parciales y fragmentadas como estas no son suficientes para la dimensión del orden estructural, de cambio de modelo económico y de modificaciones de políticas que garanticen la dignidad y derechos de los ciudadanos.  Se requiere un compromiso político, económico y social para promover procesos formativos (educativos y/o ciudadanos) que promuevan y valoren el respeto por el Otro, la convivencia y la participación política.

Una sociedad civil vigorosa que sea capaz de ejercer su derecho democrático de expresar y participar de manera concreta en procesos centrales de tomas de decisiones y un Estado que se encamine a fortalecer su justicia social.

Por tanto, considero que como ciudadanos reducimos el concepto de seguridad cuando pensamos que pidiendo más hombres en armas se solucionará la tranquilidad, la satisfacción de necesidades básicas humanas y la dignidad de la vida. Ni llevándolo a un caso extremo, no se haría nada aun teniendo para cada ciudadano un policía si en los hogares no se tiene para la alimentación. Nuestras exigencias ciudadanas deben ser por mejores condiciones de vida, más oportunidades sociales y el funcionamiento de los espacios de participación política

La in-seguridad se confronta cuando se lucha contra la injusticia, la inequidad y la amplia desigualdad social.

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